12 gandolas han sido saqueadas en un mes

Entre los gandoleros existe la certeza de que “si te accidentas cerca de un poblado hay 99% de posibilidades de que te roben o saqueen”.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium)– El pasado 12 de julio residentes del poblado de Los Guayabones –ubicado a 30 minutos de El Vigía, en el estado Mérida– aprovacharon una falla mecánica que detuvo a una gandola durante horas en la carretera, para saquear 760 sacos de leche en polvo que cargaba.

De acuerdo con Emily Avedaño, en su artículo para El Nacional, la mercancía era enviada por la Corporación CASA hasta la planta de Parmalat ubicada en El Vigía. El producto salió de Puerto Cabello y al llegar a la alcabala de El Pinar, a las 6:00 am, los funcionarios de guardia detuvieron el recorrido por inconsistencias en la documentación del producto. Harswing Rodríguez, dueño de la gandola, explicó que al mediodía los funcionarios decidieron enviar el vehículo al comando rural de Los Guayabones, pero la estrechez e inclinación de la carretera causaron el fallo. La gandola se detuvo a las 2:00 pm y alrededor de las 6:00 pm comenzó el ataque del que el conductor se salvó al esconderse en una casa.

“Lanzaron hasta cauchos encendidos. Si no es porque llegan los refuerzos de la guardia se hubiesen llevado toda la leche y los daños habrían sido peores”, contó Rodrígez.

De enero a junio de 2015 en el país ocurrieron 56 saqueos y hubo 76 intentos, según estadísticas del Observatorio Venezolano de Conflictividad Social –OVCS–. Estas cifras no incluyen lo que ocurrió en el mes de julio, cuando saquearon la gandola de Rodríguez, ni los 15 detenidos por el saqueo de un galpón de Pdval en Monagas, ni el asalto a la gandola de refrescos que se volteó en Tazón o los hechos violentos ocurridos en San Félix, estado Bolívar, que dejaron un muerto y 86 detenidos.

Las autoridades no actúan, si el conductor se opone, lo golpean.

Tampoco están contabilizados en el reporte los incidentes de esta semana. Solo el pasado martes reportaron intentos de saqueo en el Makro de Valencia y en supermercados de Maracaibo y Guárico. Ese día también hubo una situación irregular en el Bicentenario de Palo Verde, cuando un policía nacional disparó al aire para tratar de contener a las personas que estaban en la cola e intentaban entrar al establecimiento. El miércoles saquearon en Valera un camión que transportaba cerveza y otro con alimentos. En La Guajira atacaron la sede de la alcaldía y saquearon cuatro camiones cava cuando pasaban por el puente del río Limón rumbo a Colombia, cargados de alimentos.

Los reportes de las redes sociales indican que en el último mes ocurrieron 12 saqueos a gandolas. Entre los gandoleros existe la certeza de que “si te accidentas cerca de un poblado hay 99% de posibilidades de que te roben o saqueen”.

SON BOTINES

Las autoridades reforzaron la seguridad de los locales, pero los camiones no tienen seguridad.

Al respecto, Marco Antonio Ponce, coordinador general del OVCS, indica que los vehículos de carga pesada son vistos como un botín. Las estadísticas del OVCS y representantes del gremio de transportistas de carga pesada aseguran que en algunas vías colocan obstáculos para obligarlos a detenerse.

“A principios de año los intentos se enfocaban en sedes de locales comerciales o almacenes; luego cambiaron a los transportes de alimentos o insumos porque las autoridades reforzaron la seguridad de los locales, pero los camiones no tienen seguridad”, señala.

Hace dos meses a Francisco Gómez le lanzaron piedras en la carretera a oriente, los impactos rompieron las ventanas y el parabrisas, pero Gómez no se detuvo hasta que llegó a la siguiente alcabala. Otro transportista, que prefirió no identificarse, contó que al descargar productos de higiene personal en Barcelona, la gente desesperada se subió al vehículo y se llevó la mitad de la mercancía.


Por otra parte, Giovanni Lupi, presidente de la Cámara de Transporte del Centro, precisa que en el país hay alrededor de 30.000 vehículos de carga pesada, y 40% de la flota está afectada por falta de repuestos: “Como ahora hay poca carga, no se ve alterada la distribución”. Pero señala El Nacional, que el desespero porque los camiones lleguen con algo, y la oportunidad que ha abierto la creciente escasez para los bachaqueros, han convertido esta actividad en un oficio de mayor riesgo.

LA SITUACIÓN PODRÍA EMPEORAR

La Cámara Venezolana de la Industria de Alimentos reportó una caída en la producción de 4,5% en 2014 y de 2,4% en los dos primeros meses de 2015. Cavidea alerta que están trabajando por debajo de su capacidad instalada porque no pueden adquirir insumos para producir, debido a que el gobierno no liquida las divisas necesarias. Las importaciones de alimentos en Venezuela no son suficientes para abastecer comercios públicos y privados y, por lo tanto, no satisfacen la demanda de la población.

MODIFICACIONES

Los ataques en carretera han obligado a reducir los horarios de viaje de los transportistas. Además, siempre viajan con el tanque lleno de combustible, solo se detienen en lugares donde hay presencia de la GNB y evitan descargar productos en lugares donde hay personas en cola.

Pese a las precauciones, Lupi afirma que están a expensas de la gente fuera de control: “Las autoridades no actúan, si el conductor se opone, lo golpean”.

“Por ahora podemos decir que ocurren 2 o 3 casos de saqueo al mes, este todavía no es un número alto si se considera que diariamente circulan unas 4.000 gandolas”. agregó.

GARANTÍAS PARA LOS CAMIONEROS

“No hay autoridad que nos resguarde, estamos a la intemperie. No vale la pena trabajar en estas condiciones de inseguridad. Tengo cinco gandolas y prefiero tenerlas paradas que continuar pasando por esto”, dijo Rodríguez luego del suceso de Mérida, por el que decidió cambiar de rubro para distribuir. Planteó que para retomar su oficio debe haber compromiso real del gobierno en cuanto al pago de los fletes y a la seguridad.

El 18 de marzo de 2015 el gobierno publicó una resolución que regula las tarifas de fletes de carga del transporte terrestre de bienes de primera necesidad o estratégicos. La decisión aparece en la Gaceta Oficial 40.623. El documento fija las tarifas según el recorrido y tipo de carga. Los 1.400 kilómetros, ida y vuelta, que hay entre Valencia y Puerto Cabello, por ejemplo, cuestan 156.401,92 bolívares, que es lo mismo que le cuesta a un transportista reparar la carrocería, los vidrios laterales y el parabrisas en caso de que lo apedreen.

El presidente de Catracentro indica que el flete puede costar lo mismo que los escoltas que en algunos casos acompañan la mercancía, lo que influye en el encarecimiento de los productos.

¿POR QUÉ SAQUEAN?

De acuerdo con la psicólogo social, Yorelis Acosta,Hay condiciones del contexto actual que propician este comportamiento: “Al principio desaparecía un producto, pero este año la situación de escasez se ha agravado al punto de que hay casi ausencia total de algunos alimentos o insumos, a esto se suma la elevada inflación que hace que el salario se diluya”.

Las horas de cola son otro detonante, Acosta asegura que esto hace que el venezolano se cargue de emociones negativas: desespero, desencanto, irritabilidad, molestia por la escasez, más la preocupación por la insuficiencia de los salarios y la posibilidad de quedarse sin comida.

La impunidad es la regla y hay una baja moralidad sobre el ser venezolano

“Casi todos los días observamos pequeños estallidos de violencia. Esto ocurre porque el ciudadano no cree en las leyes, las autoridades ni en las instituciones; se tiene la certeza de que la autoridad no va a actuar ni a imponer la sanción que corresponde. La impunidad es la regla y hay una baja moralidad sobre el ser venezolano, que incentiva el comportamiento para delinquir, porque saquear no es mal visto, por el contrario la gente siente que hay que aprovecharse de la situación, de la viveza”, plantea.

Por otra parte, el reporte de 2015 del OVCS indica que “las movilizaciones de calle han disminuido a medida que crece y se consolida el mercado negro o bachaqueo de alimentos, medicinas y productos de higiene”.

Marco Antonio Ponce, coordinador general del OVCS, explica que esto ocurre porque una vez que el ciudadano consigue el producto, aunque sea con sobreprecio, se inhibe de protestar. Pero la economista Sary Levy señala que al haber menos cantidad de productos, como ocurre ahora, disminuye también el número de personas que se pueden beneficiar de esta intermediación, al tiempo que cada vez es más notoria la disminución real del valor del salario, que lleva a una caída del consumo familiar: “El bachaquero pierde mercado porque la gente ya no tiene cómo pagar con sobreprecio”.

A finales de julio, Datanálisis registró un repunte de 2,9% de la escasez en su monitoreo semanal. El indicador, que llevaba 5 semanas con una tendencia a la baja, se ubica ahora en 16,7% en promedio. Leche en polvo, pollo, queso blanco duro, aceite de maíz y vegetal y azúcar –parte de la carga que más temen trasladar los camioneros– están en el rango de escasez significativa con un porcentaje por encima de 22%.

“VENGANZA”

El sociólogo Tulio Hernández indica que quienes practican el saqueo lo ven con una “venganza” en contra de la propiedad. “Sienten que actúan en el marco de la legalidad y que simplemente ejercen el sentido de la oportunidad, apoyados por el mito populista de que la riqueza es del Estado y el Estado es de la gente. Se considera un acto redentor: si algo escasea yo tengo el derecho de apropiarme de él”.

“Estamos en una sociedad anómica que no tiene canales de expresión, sanción o regulación institucional. La gente se acostumbra a que todo el mundo viole las normas, y la sociedad termina confundiendo lo correcto y lo incorrecto, lo legal y lo ilegal, lo justo y lo injusto”, expone.

Además, afirma que estos comportamientos ocurren cuando una sociedad vive largos períodos contenida por aparatos represivos o se siente desatendida por el gobierno.

“Cuando una sociedad ha sido pasiva durante un largo período, puede terminar estallando de forma violenta. El saqueo es la expresión más salvaje, brutal y colectiva de la ausencia de normas y el descreimiento en las instituciones”, sentencia.