Atravesar el desierto hacia Europa, contado por un traficante de refugiados

Las autoridades nigerinas calculan que entre 40.000 y 80.000 refugiados pasaron el año pasado por este país en su camino hacia Europa. Para este año se prevé que la cifra se eleve a 120.000.

Atravesar el desierto hacia Europa, contado por un traficante de refugiadosMiles de estas personas desesperadas llegan cada año a Agadez, un gran nudo de rutas comerciales situado a unos 950 kilómetros al noreste de Niamey, la capital de Níger. Crédito: Acnur / Flickr / Archivo
Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Agadez, Níger. dpa) – Cada año, cientos de refugiados mueren en su intento de llegar a Europa. Los peligros no solo acechan en el Mediterráneo, sino que ya aparecen en países de tránsito como Níger o Mali y durante la travesía por el Sáhara.

Con frecuencia encontramos en el desierto muertos que no llevaban consigo documentos. Sin embargo, si no podemos identificarlos, ni siquiera podemos avisar a sus familias

Bashir es comerciante. Sin embargo, no comercia con mercancías sino con personas, o mejor dicho, con refugiados. Bashir gana su dinero ayudando a esos refugiados a atravesar el Sáhara. Se define a sí mismo como una especie de intermediador que organiza viajes hacia Libia o Argelia, desde donde los refugiados intentan continuar su viaje, muchas veces arriesgando su vida, por el Mediterráneo hacia Italia o España.

Miles de estas personas desesperadas llegan cada año a Agadez, un gran nudo de rutas comerciales situado a unos 950 kilómetros al noreste de Niamey, la capital de Níger. Muchos de los emigrantes son originarios de países pobres de África Occidental como Gambia, Burkina Faso, Sierra Leona, Liberia, Mauritania o Costa de Marfil. Es decir, países donde la mitad de la población vive de una cantidad equivalente a solo 1,10 euros diarios.

Las autoridades nigerinas calculan que entre 40.000 y 80.000 refugiados pasaron el año pasado por este país en su camino hacia Europa. Para este año se prevé que la cifra se eleve a 120.000.

Desde Agadez, los refugiados emprenden un viaje extremadamente peligroso a través del Sáhara hacia el norte. Los viajes en camiones duran tres o cuatro días. Para conseguir un lugar en un camión, los intermediarios, como Bashir, negocian un precio con los conductores.

Bashir es un seudónimo. No quiere decir su nombre real. El motivo es obvio: él forma parte de un sistema casi perfectamente coordinado que saca beneficios de la desesperación de los pobres. Ningún refugiado abandona Agadez sin haber pagado antes a un intermediario o un traficante de personas.

Según Bashir, un viaje a Libia en un vehículo de transporte cuesta entre 160 y 230 euros (entre 180 y 260 dólares). El precio incluye el 20 por ciento que Bashir cobra por sus servicios. Por una cantidad un poco menor también se puede hacer el viaje sentado en el techo de un gran camión. Sin embargo, esta opción es bastante más arriesgada porque el viaje dura más tiempo y porque los pasajeros están directamente expuestos al intenso calor.

Muchas veces, estos camiones son viejos y sufren averías, dice Bashir. Si el vehículo queda varado en el trayecto, los pasajeros pueden estar condenados a morir: “No hay agua. La gente simplemente se muere de sed”.

“Muchos mueren en el desierto”, confirma también Kollo Abdul Rashid, quien dirige la organización humanitaria Renewal and Innovation (CRI), que ayuda a los refugiados a conseguir en Agadez los documentos indispensables para el viaje. “Con frecuencia encontramos en el desierto muertos que no llevaban consigo documentos. Sin embargo, si no podemos identificarlos, ni siquiera podemos avisar a sus familias”, relata Rashid.

Los refugiados que ni siquiera logran reunir el dinero para semejante viaje infernal a veces quedan varados meses o incluso años en lugares como Agadez. Entonces, muchos de ellos tienen que vivir en condiciones muy peligrosas e inhumanas mientras intentan reunir el dinero necesario. Decenas de esos refugiados se hacinan en un solo cuarto por el que pagan alquiler a un traficante de personas.

También Merkeba Drame pasó más de tres meses en uno de esos guetos. El joven hombre pagó una cantidad equivalente a más de 300 euros por el viaje desde su natal Senegal vía Mali y Burkina Faso hacia Níger. Cuando llegó a Agadez, ya no tenía dinero y tuvo que llegar a la conclusión de que necesitaba unas tres veces más de dinero para poder viajar a Europa.

Sin embargo, desde que escuchó que cientos de refugiados se ahogaron frente a la costa de Libia, Drame se siente como entre la espada y la pared: como refugiado sin permiso de residencia, en Agadez corre permanentemente el riesgo de ser detenido por la policía, y continuar el viaje hacia el norte podría significar su muerte.

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