Aún hay problemas sin resolver para Río 2016

Son muchos los detalles que amenazan con perturbar la paz en Río cuando quedan menos de seis meses para los primeros Juegos Olímpicos en Sudámerica.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Río de Janeiro, Brasil. dpa) -. Eduardo Paes es lo que comúnmente se conoce como un político que trabaja a destajo en mangas de camisa. Sin embargo, lo que el alcalde de Río de Janeiro escribe en su correspondencia por correo electrónico con el Comité Olímpico Internacional (COI) no da motivos para el optimismo de cara a los Juegos de 2016.

“Queridos amigos, durante las últimas semanas he procurado averiguar qué es lo que está pasando con la construcción de la línea de metro número cuatro. He escuchado a algunas personas afirmar que el proyecto está sujeto a un riesgo muy grande”, escribió Paes al COI, tal como publicó el diario “Globo”.

El desafío del metro se une a otros problemas que amenazan con perturbar la paz en Río cuando quedan menos de seis meses para los primeros Juegos Olímpicos en Sudámerica. A continuación, un vistazo a los desafíos pendientes de Río 2016.

EL PROBLEMA DEL METRO

Uno de los proyectos de infraestructura más grande de los Juegos Olímpicos debería estar siendo supervisado prácticamente a diario por el alcalde de la ciudad. Sin embargo, las palabras de Paes significan que es muy probable que este proyecto, que supone un cuarto del presupuesto destinado a la organización de los Juegos, no estará terminado a tiempo.

Sin metro, y con el centro olímpico localizado en Barra, a unos 40 kilómetros del centro de Río, los miles de visitantes deberán embarcarse en complicados viajes en autobuses a rebosar de personas. Hoy, las pocas carreteras que se dirigen a Barra ya están colapsadas por el tráfico. La del metro es la última de las numerosas malas noticias para Rio 2016.

EL SUEÑO DEL ALCALDE

Paes persigue una reedición del éxito de Barcelona 1992. Mediante unos juegos fastuosos y hermosas fotografías de una de las ciudades más hermosas del mundo, el brasileño quiere desatar un boom turístico como el que experimentó la ciudad española.

No quiere “elefantes blancos”, o dicho de otra manera, instalaciones que tras los Juegos se abandonen. De este modo, uno de los estadios para 10.000 personas se reconvertirá después del acontecimiento en una escuela. No hay estadio olímpico como tal, sino que tanto la ceremonia de apertura como la de cierre tendrá lugar en el mítico estadio Maracaná, donde también se realizarán las pruebas de atletismo.

El metro está pensado para mejorar la conexión de Barra con el distrito playero de Ipanema, Copacabana y el centro de Río.

SENSACIONES ENCONTRADAS DURANTE LOS ENSAYOS DE LOS SALTADORES

Lutz Buschkow se encuentra sentado frente a unas pantallas en una de las gradas del Centro Acuático Maria Lenk. El entrenador nacional alemán de los nadadores de salto olímpico es diplomático en su opinión sobre el recinto: “Se trata de un estadio con cierto aire y encanto antiguo”. El recinto, inaugurado en 2007, tiene un aspecto algo abandonado.

La nueva capa de pintura y los nuevos trampolines tienen que elevar el recinto a un nivel olímpico. Sin embargo, Buschkow no está del todo convencido. “En Londres 2012 había muchas más gradas”. En los Juegos de la capital británica, el estadio tenía capacidad para unos 17.500 espectadores. En Río, sólo habrá sitio para unos 6.500.

Un control de calidad fue suspendido recientemente por una tormenta, pero la solución de instalar una cubierta fue descartada por motivos financieros. Cuando sale el sol, eso sí, el recinto ofrece instantáneas fantásticas. “El contraste entre los pobres y los ricos es enorme, la brecha es muy acentuada”, afirma Buschkow. El entrenador entiende, por ello, que no se realice un gasto desenfrenado en nuevos estadios para evitar el enfado de una población muy golpeada por la economía.

MENOS SITIO PARA LOS ESPECTADORES

La crisis que golpea Brasil, con una contracción económica del cuatro por ciento en 2015, provoca cada cierto tiempo nuevos “ajustes”. El ahorro en gradas de los recintos se traduce, obviamente, en miles de localidades menos para los espectadores. El enfoque de realizar unos Juegos sostenibles afecta a algunos deportes más minoritarios. Por ello, los nadadores denuncian que hay muy pocas localidades.

Para el atletismo, sin embargo habrá 60.000 localidades diarias y el parque Olímpico de Barra está prácticamente terminado. Los estadios y los recintos están relucientes y hay una gran valla verde que delimita el recinto. Sólo en el Velódromo faltan algunos detalles.

LOS GRANDES PERDEDORES DE LA FAVELA

Mientras que la línea de metro no se termina, la favela Vila Autódromo, colindante al recinto olímpico, ha sido trasladada prácticamente al completo. No se podía permitir que interfiriera en la fiesta del deporte.

Cientos de habitantes de la favela fueron compensados con indemnizaciones o recolocados en zonas cercanas. Una de las primeras ideas era situar en ese espacio un aparcamiento. Ahora es un solar lleno de ruinas y escombros y no está claro qué terminará pasando ahí.

Algunas familias se negaron a abandonar la favela. Peroba Luz teclea en su celular y compone una extraña imagen rodeada de ruinas y escombros a la sombra de las relucientes construcciones olímpicas. La vecina denuncia la utilización de porras y balas de goma por parte de la policía durante unos enfrentamientos violentos. Una excavadora quemada da fe de esos episodios violentos.

“Por desgracia quedan pocos niños aquí”, lamenta Peroba Luz, una niña de 12 años. “Pero no nos iremos”. Su vivienda permanece en medio de los escombros, casi como un monolito. A la vuelta de la esquina hay una pequeña laguna rodeada de árboles. De no ser por el ruido de las obras y los mosquitos, la imagen rozaría lo idílico.

EL MIEDO AL VIRUS DEL ZIKA

“Yo ya tuve Zika”, afirma Peroba Luz. Si en Pekín 2008 el debate fue la contaminación o en Londres 2012 el miedo al terrorismo, en 2016 el gran temor son los mosquitos portadores del virus del Zika. Sin embargo, los Juegos tendrán lugar en el invierno brasileño. “En agosto no hay propagación de ese mosquito”, asegura el alcalde Paes.

Los brasileños no quieren que ocurra nada. “Aún no he visto ningún mosquito tigre”, afirma el entrenador de salto acuático Buschkow. “Tampoco puedo hacer que mi gente salte en una campana de vidrio”. Mientras que los habitantes de las favelas aún no han recibido ninguna instrucción sobre cómo combatir al mosquito, los alrededores del hotel del equipo de saltadores fue fumigado.

LA ESPERANZA: AL FINAL “TODO SALDRÁ BIEN”

Los organizadores se encomiendan a que al final, al igual que pasó con el Mundial de fútbol de Brasil 2014, todo saldrá bien. De alguna manera, los brasileños suelen conseguir que al final todo esté bien. “Tudo bem”, como dicen ellos.

El presidente del Comité Olímpico Internacional, Thomas Bach, es su principal valedor actualmente. Está convencido de que las instalaciones estarán completadas a tiempo, a pesar de las alarmantes señales enviadas con respecto al tema del metro.

Categoría: América Latina | Claves: Brasil Río 2016