Barcelona un mes después de los atentados: “Estamos más sensibles”

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Barcelona, España. dpa) – El circo humano de las Ramblas vuelve a vibrar. El mar de turistas fluye otra vez por la arteria más popular de Barcelona entre puestos de recuerdos, mimos y vendedores. Pero ni siquiera ese fluir constante termina de borrar las huellas del atentado terrorista que ensangrentó la calle hace ahora un mes.

La primera se encuentra en la misma entrada de las Ramblas, en la esquina con la emblemática Plaza Catalunya. El punto en el que una furgoneta blanca conducida por un joven yihadista comenzó su carrera asesina la tarde del 17 de agosto es hoy un improvisado altar en recuerdo a las 16 víctimas y más de 130 heridos en los ataques.

“Posemos aquí nuestras manos para que esta barbarie no vuelva a pasar en ninguna parte del mundo”, propone un cartel entre una montaña de flores, velas, banderas, muñecos de peluche, fotos y mensajes. “Volem la pau” (Queremos la paz), dice otro. Turistas y locales sacan fotos, se acercan a leer o, simplemente, se quedan mirando en silencio.

“Me da pena ver que tenga que pasar esto para que la gente se una. Deberíamos estar unidos para que no pase esto”, reflexiona Alicia, una adolescente catalana de 17 años que visita el lugar con un grupo de amigas, todas visiblemente emocionadas.

Los turistas hacen propio el lema espontáneo coreado por Barcelona al día siguiente de los ataques, “No tinc por” (No tengo miedo), y se acercan sin reparos a las Ramblas. “Es impactante. Imaginar lo que pasó aquí…”, admite Angelica, una argentina de visita en Barcelona. “Aunque también es impactante la solidaridad de la gente”.

El miedo subsiste, sin embargo, y se plasma a metros del lugar en forma de prevención: un furgón de la Guardia Urbana de Barcelona y otro de los Mossos d’Esquadra, la Policía autonómica de Cataluña, bloquean el acceso a las Ramblas, fatalmente abierto el 17 de agosto.

“Estamos desde el día siguiente”, confirma un agente. La colocación de bolardos para impedir el ingreso de vehículos a la zona peatonal sigue siendo, por ahora, solo una posibilidad en estudio.

Al entrar en las Ramblas y caminar los 500 metros que recorrió la furgoneta embistiendo a personas de 35 nacionalidades distintas, el ambiente parece el mismo de siempre: venta de camisetas -falsas- de Messi, rondas de jóvenes en el suelo, desfile de razas y lenguas, manadas de bicicletas de alquiler y, sobre todo, muchos selfies.

Parece, pero no termina de ser el mismo para quienes conocen bien el lugar. “Cualquier ruido me molesta mucho. Estamos más alerta, más sensibles. Es algo en lo que coincidimos todos”, cuenta Nahi, que atiende un puesto de “souvenirs”. Eso también es una forma de terror, lamenta la joven de 23 años: “Es un poco duro”.

“Al mínimo ruido la gente se pone tensa”, coincide Laura, de 19 años, en otro puesto callejero. Otra diferencia le llama la atención: “Veo la misma gente que antes o incluso más, porque ahora vienen más españoles. Se acercan a ver cómo está todo. Antes había solo turistas”.

Los numerosos altares improvisados en homenaje a las víctimas que salpicaban las Ramblas fueron recogiéndose para liberar la calle, pero su espíritu resiste en los mensajes escritos o tallados en los troncos de los plátanos más gruesos: “Pray for Barcelona”, “Nunca tendremos miedo”, “Stronger together”…

El trayecto manchado de horror por la furgoneta condensa las diversas caras de Barcelona: desde la fuente de Canaletas -lugar de celebración de los hinchas del Barcelona-, pasando por vistosos palacios modernistas o neoclásicos hasta atractivos turísticos como el Museo Erótico o el bullicioso mercado de la Boquería.

El mercado fue el punto por el que huyó Younes Abouyaaqoub tras detener el vehículo justo sobre el gran mosaico de colores que el pintor Joan Miró regaló a Barcelona y que se encuentra pocos metros antes del Liceu, la ópera de la ciudad y otro edificio emblemático de Las Ramblas.

El joven marroquí de 22 años mataría a otra persona en su huida y una más moriría esa misma noche en la localidad costera de Cambrils, a 120 de kilómetros de Barcelona, en otro atropello masivo que dejó también cinco heridos. Abouyaaqoub sería abatido por la policía tras cuatro días en fuga.

Los 12 yihadistas a la que se atribuyen los ataques quedaban así muertos o detenidos y su célula desintegrada, aunque la investigación sigue abierta un mes después: “Quedan una serie de elementos aún por determinar. Se están mirando otras conexiones con otras células, otros miembros”, dijeron los Mossos a dpa.

Justo frente al mosaico de Miró, en la puerta de un local de comida turca que cobijó a peatones y heridos tras el ataque, Badre mira la gente pasar. Una reacción de rechazo al islam pudo ser otra huella de los ataques, pero el musulmán asegura que no se produjo: “Alguna señora me miró un poco mal”, cuenta. “Pero después de los ataques muchos españoles me abrazaron. Sentimos el mismo dolor”.




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