Cada mes mueren 76 jóvenes por homicidio en Venezuela

Las cifras resultan más escalofriantes si se añade que en el año 2014, la Encuesta Nacional de Juventud arrojó que para ese momento ya convivían en el país unas dos mil madres adolescentes viudas.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – En Venezuela, cada mes son asesinados 76 jóvenes, el equivalente a dos salones de clases, según cifras de Cecopad, ONG que desde 1984 trabaja en la promoción y defensa de los derechos humanos de los niños y adolescentes.

Su director, Oscar Misle, informó los resultados de una investigación realizada en el primer semestre de 2015 con base en informaciones publicadas por medios de comunicación sobre homicidios a adolescentes, lo que indica que la cifra podría ser mayor si se toma en cuenta que no todos los sucesos fueron reseñados por la prensa.

“En el período investigado encontramos que fueron asesinados 457 jóvenes, en su mayoría entre 14 y 18 años. Eso equivale a 76 muchachos por mes. Es como si cada mes desaparecieran dos salones de clases llenos de adolescentes, para que se tenga una idea de la magnitud de lo que estamos hablando. Sin embargo, pareciera que es algo cotidiano, algo que ya no genera ni asombro”, dijo.

VIUDAS ADOLESCENTES

Las cifras resultan más escalofriantes si se añade que en el año 2014, la Encuesta Nacional de Juventud arrojó que para ese momento ya convivían en el país unas dos mil madres adolescentes viudas, es decir, muchachas que además de haber quedado embarazadas a temprana edad, también habían perdido a sus parejas como consecuencia de la violencia que impera en el país.

“La principal causa de estas muertes es por enfrentamiento entre bandas, lo que quiere decir que las víctimas son muchachos que de alguna manera están inmersos en situaciones de conflicto. El móvil varía, pero el hecho es que la violencia se está utilizando como medio para hacer justicia por sus propias manos, para vengarse o para tener poder y control dentro de los espacios en que se desenvuelven”, dijo el educador.

“Hay jóvenes que están adquiriendo visibilidad social a través de hechos delictivos. Aunque son una minoría, se convierten en referentes, porque otros empiezan a querer ser como ellos, que con poco esfuerzo consiguen lo que no logra una familia entera trabajando todo el año. Y, además de eso, utilizan el miedo que generan para lograr poder y control social”, agregó.

EL DRAMA QUE VIVE LA JUVENTUD

Los que han logrado escapar de las estadísticas tampoco viven en un mundo feliz, pero lo alentador es que no han perdido la esperanza de lograrlo, refiere una nota de prensa. A fines de 2014, en el marco de la celebración de los 25 años de la adopción de la Convención de los Derechos del Niño, Cecodap realizó un encuentro con un centenar de jóvenes de entre 12 y 18 años de cerca de 16 escuelas públicas, privadas, bolivarianas, religiosas, laicas, para saber qué pensaban ellos sobre el país.

“La situación fue muy dramática: por la claridad con la que se expresaban en torno a la situación del país, por el dolor que sentían ante el hecho de no tener las posibilidades de recrearse por el riesgo que significa salir a la calle, porque saben que su vida corre peligro, y por el alto costo de la vida y todo lo que cuesta ir a un cine o salir a comer algo. Los muchachos sienten que tienen que sacrificarse y quedarse encerrados en sus casas o en las casas de algún compañero”, refirió Misle.

Otro aspecto que llamó la atención fue que para ese momento ya se estaba presentando ausentismo escolar, debido a que los jóvenes deben acompañar a sus madres a hacer las colas para comprar comida. “El desabastecimiento es otra realidad que los está afectando. Cuando les preguntamos qué estaban comiendo en el desayuno, muchos dijeron que antes se comían hasta tres arepas, pero que ahora comen solo una y sin relleno”, añadió.

“SOMOS EL PRESENTE”

“Cuando les preguntamos por el país con el que sueñan, por el país en el que quisieran vivir, muchos dijeron que de qué les sirve estudiar o tener una profesión o un oficio si no lo van a poder ejercer”, apuntó.

Sin embargo, hubo un dato curioso: “Cuando les preguntamos quiénes tenían como sueño el irse del país, solamente uno respondió afirmativamente. Y cuando les preguntamos por qué querían quedarse, dada la dramática situación que vivimos, hubo uno que dijo: ‘es que nosotros no somos el futuro, somos el presente. Cuando se dice que somos el futuro se está postergando lo que se debe hacer hoy. Si nos vamos y nos quedamos sin presente ¿qué va a pasar con el país? Tenemos que quedarnos acá porque las cosas van a cambiar, porque todo en la vida cambia’”, contó.

REVISIÓN DEL SISTEMA EDUCATIVO

En este sentido, Misle reiteró el llamado de Cecodap a que se revise el sistema educativo de manera de que las escuelas dejen de ser solo un lugar en el que los estudiantes se limiten a memorizar conocimientos, y que se conviertan en espacios “que también ofrezcan oportunidades para la formación ciudadana, para que los jóvenes puedan organizarse y conversar sobre el país que quieren o necesitan pero sin caer en proselitismo de tipo político-partidista; un espacio en el que puedan canalizar sus angustias, frustraciones o miedos y también sus sueños y esperanzas; porque a pesar de la situación que vivimos, los sueños y las esperanzas siguen presentes en nuestros jóvenes. Ellos siguen apostando a que las cosas van a cambiar a pesar de que ven críticamente la realidad”, concluyó.