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Cepo sobre Scioli y vía libre a La Cámpora

Cristina encumbró a jóvenes de La Cámpora, a quienes impulsa para batallar en las PASO contra los barones del GBA.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Clarín). Néstor Kirchner había imaginado, y llegó a anunciarlo en un acto público como jefe del PJ, que su fuerza política permanecería “20 años en el poder” en base a una astuta alternancia con Cristina, la fórmula del “matrimonio eterno”. No pudo ser. Ya han transcurrido 12 años de puro poder K y, resignada a que dejará de ser la inquilina de la Rosada y de Olivos el 10 de diciembre, la Presidenta deja un campo minado en la economía que deberá esterilizar su sucesor y una bien protegida retirada en el plano judicial, que responde al armado de la procuradora Gils Carbó, estrategia que incluye la designación de jueces benévolos en áreas decisivas por si alguna causa complica a la Presidenta en los tribunales.

Además, con el armado de listas a su antojo, dispuso un cepo institucional sobre Scioli. Casi se diría que su reciente proximidad con Vladimir Putin, un ex KGB hoy presidente de la Federación Rusa, le dejó alguna enseñanza: entregar el mando y conservar el poder, para luego procurar el retorno al pleno ejercicio de ambos. Se sabe que el kirchnerismo tienen más un proyecto de poder que de país, aunque suelen ufanarse de este último. Por eso Cristina confía, antes que en Scioli, en monjes negros como Zannini, compañero de ruta de toda su vida política, y en los amanuenses levantamanos con los que ha sembrado las listas de candidatos a legisladores que le garanticen “obediencia debida” a la influyente tropa que, aun perdiendo, conservará en el Congreso.

La semana pasada, en La Pampa, y por cadena nacional, fue por más. Hizo campaña de modo descarado. Una burla para la sociedad, otro dedo en la anatomía opositora: allí habló del “trasvasamiento generacional”, una idea que Perón elaboró mientras decidía poner fin a sus años de exilio. Era simple: se trataba de abrir una puerta a la renovación dirigencial. Perón lo hacía pensando en una institucionalidad sólida, pero la imberbe rebeldía de la cúpula montonera no entendió su mensaje. Hoy Cristina les habla a los jóvenes de La Cámpora a quienes ha encumbrado en el poder y entrena para las batallas cruciales en las PASO contra los barones del conurbano en varios distritos de peso: Lanús, La Plata, San Fernando, San Vicente, Moreno, Ituzaingó, Escobar, entre otros. Los “pibes para la liberación” se creen peronistas, como antes los Montoneros. Tarde, los veteranos caciques peronistas del GBA comprenden que Cristina los fue cocinando en sus propios guisos. Quizá la comparación no le guste a Scioli, pero a él nada lo sobresalta demasiado. Todos lo escucharon decir que “Zannini garantiza la gobernabilidad”. Un rayo para la metáfora: para el kirchnerismo, él no es garantía de nada.

Categoría: Opinión