Calificó como “un inmenso error” que la oposición fuera al diálogo

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – El miembro del directorio del Interamerican Institute for Democracy y de la Academia norteamericana de la lengua española, César Vidal, calificó este jueves como “un inmenso error” el que la oposición venezolana aceptara una mesa de negociación impulsada por el Vaticano y por representantes de la Internacional socialista como José Luis Rodríguez Zapatero.

“Aceptar la confrontación en el campo elegido por el adversario es, según los grandes estudiosos de la estrategia como Sun-Tsu, una de las peores equivocaciones que puedan cometerse siquiera porque implica colocarse a su merced. De entrada, la oposición quedó fragmentada y, de continuación, el referéndum se fue perfilando como una misión imposible“, comentó en su artículo de opinión publicado en la página web de Interamerican Institute for Democracy.

Asimismo, indicó que en Venezuela “veremos un desarrollo de la política no democrático sino lampedusiano, es decir, cambiará todo lo necesario para que todo siga igual… o casi”.

A CONTINUACIÓN EL ARTÍCULO COMPLETO

La victoria de la oposición venezolana en las elecciones legislativas desató una euforia de optimismo comprensible aunque, en no escasa medida, como señalé entonces, injustificada. La creencia de que la oposición lograría desplazar a Maduro del poder mediante un referéndum revocatorio, de que el papa Francisco apoyaría a la coalición anti-chavista y de que además ese proceso sería imparable gracias a las manifestaciones populares era, sin duda, estimulante, pero implicaba un voluntarismo – lo que los anglosajones denominan wishful thinking – que no resistía un análisis riguroso.

En primer lugar, ni Maduro ni su gente han tenido jamás la menor intención de aceptar un referéndum que los desplace del poder. A decir verdad, desde el principio comenzaron a dar pasos que mellaban la fuerza del poder legislativo y que sometían, más si cabía, al judicial a sus deseos.

En segundo lugar, el papa Francisco ha demostrado, desde antes incluso de llegar al trono, una predilección casi enfermiza por las dictaduras de izquierdas. Como reconocieron públicamente Obama y Raúl Castro, el actual pontífice fue decisivo en el acuerdo favorable a la dictadura cubana. No lo ha sido menos a la hora de abogar ante la Casa Blanca en favor del chavismo. En ese sentido, el que la oposición venezolana recurriera a él como mediador constituyó un error de unas dimensiones extraordinarias porque el papa Francisco es parcial, pero lo es en favor del totalitarismo de izquierdas y no de la libertad.

En tercer lugar, ni la pobreza ni las manifestaciones han derribado jamás una dictadura. En los casos en que se ha producido esa eventualidad es porque a esos factores se han unido otros como la planificación, asesoría y logística de poderes exteriores; la repercusión mediática gracias a esa ayuda externa y la coincidencia con los planes de instancias poderosas como el departamento de estado. Ese ha sido el caso de las denominadas “primaveras árabes”, jamás relacionadas con la voluntad popular sino con intervenciones externas, como también ha sucedido con todas y cada una de las denominadas “revoluciones de colores”. Al no contar con un entramado semejante al que se ha dado en Libia o Ucrania, poco podía esperar la oposición venezolana obtener unos resultados semejantes por más que su base popular sea muchísimo, de hecho, incomparablemente, mayor.

Con ese contexto, constituyó un inmenso error el que la oposición venezolana aceptara una mesa de negociación impulsada por el Vaticano y por representantes de la Internacional socialista como José Luis Rodríguez Zapatero. Esa calificación no se ve alterada, en absoluto, por el tipo de motivaciones, mejores o peores, que guiaran a la oposición. Aceptar la confrontación en el campo elegido por el adversario es, según los grandes estudiosos de la estrategia como Sun-Tsu, una de las peores equivocaciones que puedan cometerse siquiera porque implica colocarse a su merced. De entrada, la oposición quedó fragmentada y, de continuación, el referéndum se fue perfilando como una misión imposible. Mientras que Lilian Tintori intentaba que el papa la recibiera para interceder por el opositor encarcelado internacionalmente más conocido, hace apenas unos días, el nuncio papal señaló que la mesa reanudaría sus reuniones en enero.

Naturalmente, cabe preguntarse qué va a salir de esa reunión. Permítaseme señalar algunas de las posibilidades más plausibles:

1- El chavismo no va a desaparecer: tanto la Internacional socialista como la Santa Sede han asumido que el chavismo no debe desaparecer. A decir verdad, han dado un paso tras otro para abortar todos los intentos encaminados hacia esa finalidad. De la negociación, emergerán, previsiblemente, la absoluta impunidad de los chavistas y la perdurabilidad de su partido.

2- La fragmentación de la oposición se consagrará: también es previsible que una parte de la oposición acepte convertirse en un puntal del régimen chavista a cambio de una ración más importante de la tarta del poder. Si Maduro es desplazado de la presidencia, al concluir su mandato, previsiblemente será sucedido por un chavista con apoyo socialista o con un socialista con respaldo chavista. Por supuesto, la Santa Sede, la Internacional socialista y una parte considerable de los medios internacionales aplaudirá como un gran logro ese cambio aunque la realidad apenas haya cambiado.

3- La situación económica puede mejorar: podría decirse que no parece fácil que empeore, pero lo cierto es que hay elementos que pueden ser positivos como la subida de los precios del petróleo. En cualquier caso, la salida del poder de Maduro podría – no es seguro – tener alguna repercusión positiva aunque sea leve.

Sinceramente, no creo que esa situación varíe por un golpe militar – ¿quién se atrevería a dar un golpe en Hispanoamérica después de los ejemplos de Videla y Pinochet? – por una intervención de Colombia o incluso por un referéndum revocatorio que cada vez parece más lejano e improbable. Puedo equivocarme, pero creo que en Venezuela veremos un desarrollo de la política no democrático sino lampedusiano, es decir, cambiará todo lo necesario para que todo siga igual… o casi.