China, de “la ruta de la seda” a protagonista de la escena latinoamericana

Mientras que América Latina se estancaba con el “Consenso Washington”, China atravesaba por una de las transformaciones económicas más extraordinarias de la historia

China, de “la ruta de la seda” a protagonista de la escena latinoamericanaUna foto de julio de 2014 muestra al presidente de china Xi Jinping junto a los líderes de América Latina y el Caribe en la foto familiar durante la reunión de China y la Celac en Brazil. Crédito: Eraldo Peres / AP Photo
Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) Con el último financiamiento de 5.000 millones de dólares otorgado a Venezuela, el gigante asiático ratifica su creciente influencia y avance en América Latina, donde no solo se ha convertido en el mayor prestamista sino en uno de sus principales socios comerciales y artífice de grandes proyectos, desplazando en algunos países de la región a Estados Unidos.

El camino no ha sido corto. Las relaciones datan de 1560 cuando se estableció “la ruta de la seda” entre la costa china y Acapulco, México, pero el verdadero salto en las relaciones se produjo desde finales de 1970 con la reforma y la apertura de China, y desde el momento en que la política latinoamericana giró hacia la izquierda.

“La China se relaciona con América Latina en el preciso momento en que los gobiernos latinoamericanos de izquierda y de centro-izquierda buscan alternativas al ‘Consenso Washington’”, una serie de medidas de política económica que generaron en la región “un crecimiento más lento comparado con el de la década 1960-1970, mayor endeudamiento, el drástico incremento de la pobreza y la inequidad y el descontento social y político”.

Así lo explica en su libro “China en América Latina: Derecho, economía y desarrollo sostenible”, Carmen G. González, profesora de Derecho de la Universidad de Seattle, quien señala que ese descontento político y social por el “Consenso Washington” tuvo como consecuencia el resurgimiento de la izquierda y centro-izquierda en el plano electoral latinoamericano y se reflejó en las victorias de Michelle Bachelet, en Chile; Hugo Chávez, en Venezuela; Néstor Kirchner y luego Cristina Fernández de Kirchner, en Argentina, Luiz Inacio Lula da Silva, en Brasil, por mencionar algunos.

Mientras que América Latina se estancaba con el “Consenso Washington”, China atravesaba por una de las transformaciones económicas más extraordinarias de la historia, alcanzando tasas de crecimiento anuales del 8 al 10%, como mínimo, agrega González.

Es así como China no solo aparece en Latinoamérica como principal financista o inversor, como lo es hoy, sino que además fue visto por los gobiernos de izquierda y centro-izquierda como “un modelo alternativo de crecimiento y desarrollo económico exitoso o, al menos, una fuente de inspiración e ideas” para las economías latinoamericanas.

“Es dentro de ese contexto que China surge como uno de los actores principales en la escena económica latinoamericana”, afirma González.
Sin embargo, en la opinión de otros analistas y académicos consultados por González, la vía alternativa al desarrollo económico adoptada por China, conocida como “el Consenso de Beijing”, “no es una receta económica que se adapte a todos. Representa una aproximación poco ortodoxa al desarrollo económico que se basa en dos pilares fundamentales: el pragmatismo y la intervención del Estado en la economía”.

Lo cierto es que China es hoy la segunda economía nacional del mundo y el segundo exportador, y superó a Estados Unidos como el principal socio comercial de Brasil, la economía más grande de América del Sur.

Su interés central en América Latina ha sido el aseguramiento a largo plazo de materias primas para sus industrias, entre ellas minerales, petróleo, hierro, soya y cobre; la búsqueda de mercados para sus productos terminados y la exportación de bienes manufacturados.

“China se ha convertido en la gran fábrica del mundo y tiene la mirada puesta en los recursos naturales de América Latina. A través de inversión directa, licitaciones o acuerdos con gobiernos latinoamericanos, el gigante asiático invierte cuantiosos recursos para asegurarse las materias primas y recursos energéticos que necesita para sostener su impetuoso crecimiento”, refiere el economista Víctor Álvarez en una de sus columnas, donde habla sobre China y el extractivismo-rentista.

La influencia económica también ha sido acompañada en el plano político y con el fortalecimiento y la profundización de los vínculos diplomáticos y culturales. China ha extendido sus embajadas, ha promovido el turismo a América Latina, abrió el Instituto Confucio para la enseñanza del idioma y su cultura que ya cuenta con más de 30 sedes en Latinoamérica, ha enviado delegaciones comerciales de alto nivel, se incorporó como observador permanente en la Organización de Estados Americanos (OEA) y desde 2008 es miembro del Banco Interamericano de Desarrollo (BID). Eso sin contar con las visitas de mandatarios latinoamericanos a China, y viceversa, que cada vez son más comunes en las intensas relaciones.

EN NÚMEROS

Líneas de crédito preferencial y de tipo comercial es lo que ha ofrecido China a los países de la región, permitiendo que estos paguen con recursos naturales o con lo que producen (materias primas), convirtiéndose así en el mayor prestamista superando al Banco Mundial (BM) y al Banco Interamericano de Desarrollo (BID).

De acuerdo con datos del centro de estudios Diálogo Interamericano, en Washington, de 2005 a 2014 China otorgó créditos por el orden de los 119.000 millones de dólares a toda América Latina, superior a la suma de financiamientos concedidos por el BM y el BID.

De 2005 a 2014 China otorgó créditos por el orden de los 119.000 millones de dólares a toda América Latina.

De esa cifra, casi la mitad, entre 54.000 y 56.300 millones de dólares se le otorgaron a Venezuela, el país con las mayores reservas probadas de petróleo pero con una producción que apenas alcanza los 2,85 millones de barriles día. Le siguen en ese orden Brasil y Argentina con préstamos de 22.000 y 19.000 millones de dólares, respectivamente.

Solo en 2009, China aprobó financiamientos de 10.000 millones de dólares a la compañía petrolera estatal de Brasil (Petrobras), 2.700 millones de dólares a Ecuador, 10.000 millones de dólares a Argentina y 138 millones a Jamaica.

Recientemente, el gigante asiático otorgó 3.500 millones de dólares adicionales a Petrobras que llegan para aliviar las finanzas ya debilitadas del grupo petrolero estatal, afectado desde 2014 por escándalos de corrupción. Los préstamos a Petrobras aseguran a China 10 años de suministro de crudo como pago.

En el caso de Venezuela, una parte de los créditos también están destinados a financiar la extracción de petróleo en la Faja Petrolífera del Orinoco, entre otros proyectos. El pago está asegurado con la exportación de 524.000 barriles diarios de crudo y derivados, cifra que se plantea aumentar a un millón de barriles por día en 2016, detalla el economista Álvarez.

Además de invertir en Venezuela, Brasil y Argentina, principalmente, recientemente China participa en proyectos excepcionales, grandes obras de infraestructura que facilitarán su comercio y transporte, entre ellos el canal interoceánico de Nicaragua que competirá con el de Panamá y acortará las distancias entre los países del Atlántico y El Caribe. El costo se estima en 40.000 millones de dólares, financiados por el país asiático.

Se espera además que en los próximos 10 años, China destine 250.000 millones de dólares en inversiones directas en la región.
En cuanto a las inversiones directas de China en la región, datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (Unctad, por sus siglas en inglés) revela que estas aumentaron entre 2001 y 2010, pasando de 621 millones de dólares a cerca de 44.000 millones.

En materia de importaciones desde América Latina, la Unctad revela que China las triplicó entre 2000 y 2007. Sin embargo, ha sido el comercio de bienes el que ha dado el mayor salto en 13 años. Según la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), este se multiplicó por 22 entre 2000 y 2013, pasando de 12.000 millones de dólares a casi 275.000 millones de dólares. Y no se quedará ahí, prácticamente se duplicará al finalizar la década, según pronósticos del propio presidente Xi Jinping.

Se espera además que en los próximos 10 años, China destine 250.000 millones de dólares en inversiones directas en la región, según anunció Jinping durante el primer Foro Ministerial entre China y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), celebrado en enero en Beijing.

CHINA VS. EE UU

Una encuesta realizada en 2013 por Pew Research Center ofrece una idea clara de la influencia de China en América Latina.
El estudio que consultó la opinión de 6.100 personas en Argentina, Bolivia, Chile, Brasil, El Salvador, México y Venezuela, refiere que la influencia de China es preferida en la región por encima de la de Estados Unidos.

“Aunque Estados Unidos es generalmente señalado de tener mayor impacto que China, la influencia de China es vista de manera más positiva en la mayoría de los países”, señala una de las conclusiones del sondeo.

Bolivia, Argentina y Chile son más los que ven de buena manera el rol de China, mientras que Estados Unidos encuentra respaldo en México, El Salvador y Brasil, aunque por muy poco margen por encima del aprecio por los asiáticos

En Venezuela, el mayor benefactor de los créditos de China en América Latina, el 57% de los encuestados catalogó de positiva la influencia de Pekín, y la cifra aumentó a 71% cuando se consultó sobre la influencia en la economía.

Obama: “Nos interesa mucho que los países del continente americano se relacionen y formen relaciones comerciales con Europa, África, India y Asia”.

“También en Bolivia (31%), Argentina (27%) y Chile (36%) son más los que ven de buena manera el rol de China, mientras que Estados Unidos encuentra respaldo en México (33%), El Salvador (51%) y Brasil (46%), aunque por muy poco margen por encima del aprecio por los asiáticos”, reseñó AFP.

Recientemente, la portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Hua Chunying, al ser consultada sobre una posible rivalidad o competencia entre Pekín y Washington, aseguró que la creciente relación política y económica de China con Latinoamérica “no afecta, no excluye y no va dirigida contra las relaciones con otros países”, en referencia a Estados Unidos.

Por su parte, el presidente estadounidense, Barack Obama, tampoco mostró preocupación por la creciente presencia china en una región donde había mayor influencia de EE UU.

“Nos interesa mucho que los países del continente americano se relacionen y formen relaciones comerciales con Europa, África, India y Asia; puede significar más prosperidad y oportunidad para todos nosotros”, dijo Obama en una entrevista a la agencia Efe.

VENEZUELA, EL MÁXIMO BENEFACTOR Y DEUDOR

El presidente Nicolás Maduro anunció el pasado 19 de abril un alivio de 5.000 millones de dólares otorgado por China, que servirán para alimentar las reservas internacionales y cubrir parte del déficit de caja que generó el desplome de los precios del crudo a mediados de 2014.

“Acabamos de recibir 5.000 millones de dólares más de financiamiento para el desarrollo (…) Estamos trabajando en otros tramos más, cuando vayan concretándose y vayan llegando, lo voy a ir informando”, agregó el mandatario.

China financia a Venezuela desde el año 2007 cuando ambos países suscribieron el acuerdo constitutivo del Fondo Chino, con un primer crédito por el orden de los 4.000 millones de dólares, que dos años más tarde se amplió con la incorporación de 8.000 millones de dólares adicionales. Pero los préstamos no pararon y en 2010, 2012, 2014 y recientemente en abril ambos gobiernos firmaron nuevas líneas de crédito.

“A pesar de que se llama Fondo de Financiamiento Conjunto, en realidad se trata de préstamos atados que ofrece China a Venezuela, toda vez que estos recursos mayoritariamente deben ser utilizados en proyectos con proveedores de bienes, servicios y apoyo técnico chino. El endeudamiento de Venezuela con China es, en esencia, un instrumento para la promoción de exportaciones chinas de bienes y servicios”, explica el economista Víctor Álvarez en su columna “La deuda con China”.

La relación económica entre ambas naciones continúa creciendo, Álvarez detalla que esta pasó de 12.000 millones en 2000 a más de 200.000 millones en 2015, “lo que se concreta en la creciente presencia de manufacturas, tecnología y financiamiento chino en Venezuela”.
Los plazos para cancelar cada tramo de la deuda es de tres años y está asegurado con el envío de petróleo, que ha aumentado de los 100.000 barriles diarios en 2007 a 500.000 barriles diarios en 2014.

Álvarez asegura que para el gigante asiático, Venezuela “es la plataforma clave para desembarcar en América de Sur y asegurarse fuentes de materias primas y recursos energéticos, de allí su apuesta tan fuerte con Venezuela”.