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Complicidad

La fuga de Guzmán es un símbolo del poder alcanzado por el responsable de un delito que es un azote mundial y hace posible que la corrupción penetre todo el tejido social.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Universo)- Por segunda vez, Joaquín Guzmán, el Chapo, fugó de la cárcel en México. Lo hizo por un túnel construido debajo de la prisión de alta seguridad, que mide 1,5 kilómetros de longitud, 1,7 metros de alto y 80 centímetros de ancho, que contaba con instalaciones eléctricas, tubería de PVC para inyectar aire y tanques de oxígeno, además de rieles para dos pequeños carros con llantas férreas, para extraer los materiales producto de la excavación y en el que probablemente se trasladó el prófugo.

La captura del líder del cartel de Sinaloa, tiempo después de la primera fuga, había sido considerada un triunfo de la administración del presidente Peña Nieto; el espectacular escape de estos días, en cambio, ha debilitado su credibilidad, pues muchos creen que hubiera sido imposible sin complicidad.

Se ha puesto en marcha un operativo para recapturarlo, y están detenidos y bajo investigación el director de la cárcel y 49 empleados. Estados Unidos ha ofrecido colaborar si se lo considera necesario.

La atención internacional acompaña los esfuerzos para aprehenderlo, pues la fuga de Guzmán es un símbolo del poder alcanzado por el responsable de un delito que es un azote mundial y hace posible que la corrupción penetre todo el tejido social.

Categoría: Opinión