A la cárcel “Nelutu”, el proxeneta que tatuaba a sus explotadas

El Tribunal Supremo destaca "el espeluznante comportamiento" del condenado, un ejemplo "paradigmático" de la circunstancia agravante de ensañamiento: "Complacencia en el sufrimiento causado a la víctima", satisfacción de instintos perversos y voluntad decidida de "causar males innecesarios" y "máximo dolor y sufrimiento".

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El tatuaje que le fue impuesto a una de las mujeres. Crédito: Policía Nacional de España

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – El Tribunal Supremo de España condenó a 44 años de cárcel a Iulan T., de origen rumano, por delitos relacionados con la trata de blancas y agresiones cometidas sobre mujeres, algunas menores de edad, a las que obligaba a prostituirse y llegaba a marcar con tatuajes y códigos de barras.

A Iulan se le impone la citada pena por delitos de trata de seres humanos con fines de explotación sexual, falsedad en documento oficial, prostitución proactiva, detención ilegal y lesiones. Además, hay otras 13 personas, entre las que se encuentra la esposa, hija y otros familiares del principal encausado, a quienes les imponen penas de entre uno y 31 años de cárcel por los citados delitos, informa Efe.

La banda obligaba a jóvenes rumanas, cuyas familias se encontraban en difícil situación económica y que no sabían leer ni escribir, a ejercer la prostitución en Madrid en zonas como el polígono Marconi, apartamentos de la calle Montera y clubes de prostitución, después de traerlas con engaños a España, reseña El País.

El control de las jóvenes era ejercido mediante violencia extrema y recursos como tatuar en la piel de las mujeres señales que las marcaban como ganado y, así, les grabaron el apodo del proxeneta (“Nelutu”) o las cantidades que una de las chicas adeudaba a la red (2.000).

A una de las jóvenes, que se fugó de la red y fue hallada por los sicarios en la Casa de Campo, la mantuvieron secuestrada, atada a un radiador y sin comida, durante varios días, además de golpearla, rociarle el rostro con material irritante y otros malos tratos, a los que se sumó un tatuaje en la cara interna de la muñeca con un código de barras.

El Tribunal Supremo destaca “el espeluznante comportamiento” del condenado, un ejemplo “paradigmático” de la circunstancia agravante de ensañamiento: “Complacencia en el sufrimiento causado a la víctima”, satisfacción de instintos perversos y voluntad decidida de “causar males innecesarios” y “máximo dolor y sufrimiento”.

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