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Cuando el asesor se nota más que el jefe

El mercadeo de los gurúes puede sumar votos. Pero el riesgo es que su protagonismo supere al de los candidatos.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Clarín). Hace apenas 500 años Maquiavelo abrió el debate sobre la construcción política, con todo su barro. “El Príncipe” es un clásico de la literatura y un manual de cómo conservar el poder. Hoy, los consejeros se concentran en otra cosa: cómo llegar al poder.

Cualquiera puede verlo: bajo el desafío de ganar una elección, se han especializado en seducir a la opinión pública. La sabiduría de los nuevos gurúes de los candidatos a príncipes-presidentes se enfoca en técnicas publicitarias y estrategias discursivas y en el manejo de los viejos y nuevos medios de comunicación.

También en las apariciones del candidato: con quién debe estar, cuándo y cómo. Pero en esa elección de oportunidades y de compañías, llegan hasta decidir sobre las alianzas electorales. La fortaleza de los consultores es proporcional a la debilidad de los políticos.

El candidato elige a su consejero y con tal de ganar poco le importa ver reducida su autonomía. Es cierto que difícilmente el consejero desvíe la brújula sobre lo que el candidato estima correcto o incorrecto. También es cierto que las definiciones ideológicas suelen quedar en un segundo plano: el pragmatismo se impone a los ideales, reducidos a prejuicios.

En la Argentina post crisis del 2001, con los partidos en vida vegetal, los consultores se han convertido en las nuevas estrellas del firmamento. Son mediáticas. Escriben en los diarios para explicar la política de sus candidatos y para criticar la política de los candidatos rivales.

Se corrieron de lugar. El consultor es un técnico. El protagonista es el candidato. El consultor indica qué hacer y qué decir para juntar más votos. Ese es su trabajo en la campaña. Y es también el centro del problema cuando asume el rol o parte del rol del candidato.

La cultura política no se puede o no se debería definir por encuestas. Los partidos son la representación más genuina que tenemos los ciudadanos. Están obligados a expresar valores. No vienen de un repollo: tienen una identidad y tienen una historia. Necesitan construir con ideas, no con estrategia electoral.

Lo que nos ofrecen los consultores se parece más al mercado que al mundo social: los votantes como consumidores y los políticos como productos para vender con estrategias de mercado.

De ser verdad lo que nos dicen, a muy poca gente le interesa la política y casi nadie le cree a los políticos, a los que consideran piezas de museo. Nadie duda de que pueden aportar nuevos enfoques. Pero no pueden reemplazar a los políticos. Cada uno en su lugar si queremos en serio una democracia de mejor calidad.

Categoría: Opinión