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Cuando los votos no cuentan y unos pocos deciden en secreto

Lo que está ocurriendo en estos últimos días es una auténtica tomadura de pelo y es justamente lo contrario de lo que se debe hacer en una democracia.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Mundo). Durante la Transición, como las instituciones democráticas no estaban afianzadas ni se habían desarrollado las prácticas del parlamentarismo, los dirigentes políticos se reunían en domicilios privados, cafés, fundaciones y otros lugares variopintos para pactar decisiones que afectaban a la arquitectura del Estado.

Casi cuatro décadas después y tras una campaña en la que todas las fuerzas han incidido en la importancia de la regeración ética y la transparencia, volvemos a los usos y costumbres de aquella lejana etapa de los conciliábulos entre los prohombres de UCD, los democristianos, el PSOE, los tiernistas y el PCE para pactar las reglas de juego. Aquellas formas de actuar podían tener su justificación en aquel contexto histórico, pero lo malo es que los políticos de ahora vuelven a repetir las mismas conductas que entonces, como si la democracia fuera cuestión de unos líderes que se reúnen en secreto para dirimir qué hacen con los millones de votos que han recibido en las urnas.

Veáse lo sucedido en los dos últimos días: Albert Rivera se cita durante tres horas con Pedro Sánchez y luego se va a ver a Mariano Rajoy durante dos horas. Explicaciones no da casi ninguna y se limita a articular unos cuantos tópicos que a nada le comprometen sobre lo hablado. Pero mientras Rajoy guarda su habitual e inmutable silencio, Pedro Sánchez come en La Moncloa con el presidente del Gobierno y, por la noche, se entrevista con Pablo Iglesias para discutir los posibles pactos postelectorales. Sánchez calla y oculta el encuentro con Rajoy en una rueda de prensa y luego el PSOE reconoce que ha existido el cara a cara, pero precisa que se ha debatido “la hoja de ruta” hasta las generales. Y para rematar los despropósitos, Podemos afirma que la reunión de anoche entre Sánchez e Iglesias se iba a celebrar en un «lugar neutral», como si estuvieramos en una guerra.

Es evidente que los ciudadanos tienen derecho a saber cuándo y cómo se reúnen y de qué hablan nuestros líderes políticos, que presumiblemente no es de fútbol ni de Eurovisión sino de los pactos postelectorales. Para ser justos, por lo menos Albert Rivera ha explicado los criterios con los que va a negociar Ciudadanos, pero Podemos mantiene una opacidad absoluta que corrobora el leninismo que impregna la cultura de su dirección.

Lo que está ocurriendo en estos últimos días es una auténtica tomadura de pelo y es justamente lo contrario de lo que se debe hacer en una democracia. Recomendamos a Rajoy, Sánchez, Rivera e Iglesias que estudien cómo negociaron en Alemania el acuerdo de coalición la democristiana Angela Merkel y el socialdemócrata Sigmar Gabriel.

Lo que está pasando estos días demuestra que los partidos -los nuevos y los viejos- no han entendido nada. Los aparatos siguen a lo suyo, administrando la voluntad de los electores como si fuera un negocio privado. No debería hacer falta decir que, si siguen así, van a perder definitivamente la confianza de unos ciudadanos que no merecen ser tratados como menores de edad.

Categoría: Opinión