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El abandono de Aguirre debe impulsar la regeneración del PP

Aguirre ha desafiado a Rajoy pidiéndole que autorice la convocatoria de un congreso extraordinario del PP madrileño, al que ella ha confirmado que no se presentará.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Mundo). El anuncio formulado ayer por Esperanza Aguirre de abandonar la presidencia del PP de Madrid supone en la práctica la inminente retirada de una de las dirigentes históricas con más peso en esta formación. Lastrada por la pérdida de la Alcaldía de Madrid y los enfrentamientos con la cúpula de su partido, Aguirre ha desafiado a Rajoy pidiéndole que autorice la convocatoria de un congreso extraordinario del PP madrileño, al que ella ha confirmado que no se presentará. La dirección nacional ya ha respondido que no convocará ningún congreso antes de las generales, pero el adiós de Aguirre se suma al de Sanz en La Rioja y de otros barones regionales, como Rudi, Fabra y Bauzá. Rajoy no debería desaprovechar la oportunidad que le brindan estos movimientos para encarar la regeneración que demanda la organización política con más votos y militantes de España.

En 2012, Aguirre anunció la retirada de la política activa por «motivos personales». Ahora se va porque el aguirrismo ha quedado desactivado en las urnas y porque ella misma acordó con Cospedal su marcha en caso de que no pudiera revalidar una alcaldía que el PP controlaba desde hacía 24 años. Aguirre no dudó en hacerse responsable de una campaña que ha llevado al PP a perder municipios de peso en la región, como Alcalá de Henares o Móstoles, y a ver recortado su apoyo en 15 puntos desde 2011 en el conjunto de la Comunidad de Madrid. Sin embargo, trazó un diagnóstico que debe servir de base para guiar la renovación de los populares.

La ex presidenta madrileña admitió que la corrupción -especialmente los casos Gürtel y Púnica- ha sido «clave» en su derrota, así como su empeño en «polarizar» la campaña con sus críticas a Carmena. Aguirre da en el clavo cuando subraya que la desafección sufrida por el PP a escala nacional procede de la falta de coraje para luchar contra la corrupción y de la «desilusión» creada en su electorado ante el incumplimiento de algunos compromisos como la subida de impuestos o la tibia respuesta al desafío soberanista en Cataluña.

Está por ver que Aguirre finalice la legislatura como concejal en el Ayuntamiento de Madrid, paradójicamente, la institución en la que comenzó su carrera en 1983. De lo que no cabe duda es que es una de las dirigentes más sólidas del PP. Representa, además, un pilar del sustrato ideológico liberal y conservador con el que los populares han ahormado su discurso de las últimas décadas. Con este bagaje, Rajoy debería facilitar la convocatoria de un congreso, como defiende Aguirre, de «refundación» y bajo el lema «un militante, un voto», en línea con el paquete de iniciativas planteado por Nuevas Generaciones.

A la espera de las decisiones que comunique en el comité ejecutivo de mañana, y la probable crisis de Gobierno, hay que insistir que Rajoy no puede dilatar por más tiempo la renovación del PP, tras perder 2,5 millones de votos en las autonómicas y en vísperas de las generales. En cambio, la efervescencia que bulle en el partido, más que un lastre, debe ser entendida por Rajoy como una ocasión para renovar el liderazgo y la estrategia de una formación que necesita amoldarse a los cambios sociales. Ahora sólo falta que el presidente tenga el valor de pilotar este proceso.

Categoría: Opinión