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¿El consenso resuelve todos los conflictos democráticos?

Es cierto que el consenso ayuda cuando la situación se presta para favorecer acciones, medidas, leyes o políticas ante problemas concretos.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Telégrafo). Últimamente se repite con insistencia: “El consenso es la única vía que nos llevará a la armonía y la búsqueda de soluciones a un supuesto conflicto político”. Lo hacen quienes creen que efectivamente vivimos en la peor crisis económica y política.

Si vamos por partes, los expertos tienen la explicación para entender cuándo se vive o afronta una crisis económica.

Y Ecuador por ningún lado experimenta algo parecido. Para que ello ocurra deben repetirse por más de un año niveles muy bajos de rendimiento, productividad o liquidez, para explicarlo en términos sencillos.

Y las crisis políticas, según los especialistas, no solo que requieren unas condiciones y unos factores concretos, sino que evidencian una ausencia de legitimidad y de autoridad de los actores políticos que impone una salida por las vías democráticas.

En Ecuador está demostrado (por más que algunos medios y supuestos analistas se esfuercen en decir lo contrario) hay un conflicto democrático, que no empezó hace un mes ni tampoco terminará en los próximos días.

Al contrario, cuando la estructura política fue removida por la emergencia de una propuesta programática que planteó otras salidas, quienes la sostenían no cesaron en cuestionar a quien los desplazó. Y eso ha pasado en Ecuador desde 2007.

Nada de lo hecho hasta ahora para remover esas estructuras económicas y políticas se hizo por la vía del consenso.

Eso lo saben todos los que, de un modo u otro, soportaron la vigencia de un ‘acuerdo’ entre las élites para no mover nada, salvo las piezas que colocaban en el Gobierno, la Legislatura o el sistema judicial.

No olvidemos que si por consenso se hacía la Constitución de Montecristi -como aspiraba el primer presidente de la Constituyente- hasta ahora estaríamos discutiendo artículo por artículo.

Y si hubiese ocurrido eso, tendríamos una Carta Política llena de ‘acuerdos’, ‘pactos’, ‘cesiones’ o una suma infinita de postulados para tener a todos contentos y hacer del texto algo inaplicable en todas sus partes.

Es cierto que el consenso ayuda cuando la situación se presta para favorecer acciones, medidas, leyes o políticas ante problemas concretos.

Pero no funciona ni va a dar el resultado esperado cuando hay enormes intereses, grandes fortunas o posturas rígidas alrededor de un solo propósito. En este caso, de lo que se trata -como lo reconocen quienes ahora actúan en la oposición- es “desmontar el correísmo”.

¿Habrá consenso para eliminar las políticas públicas que han sacado de la pobreza a más de un millón de ecuatorianos?

¿O por la vía del consenso volveremos a que sean las cámaras, los grupos corporativos y los medios de comunicación los que impongan los temas, la agenda y las políticas, como ya ocurrió en este país durante las anteriores décadas?

El consenso -si fuese el caso- solo tiene sentido en la misma dirección que corrija las fallas o proponga alternativas a las políticas actuales para reducir la pobreza, la inequidad, propender a la igualdad y, sobre todo, para gestar una sociedad menos consumista y más comprometida con un verdadero Buen Vivir.

Categoría: Opinión