El drama de “la familia 17” tras su salida de Venezuela

Se ven como los judíos con la estrella amarilla en el pecho: “Yo vi esas películas y lo único que nos ha faltado es la marca".

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

Crédito: El Tiempo.

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium)– Para 1991 la diáspora de colombianos en el vecino país estaba motivada por la bonanza del bolívar. Esa moneda era fuerte y el peso no, por lo que cientos de cordobeses, especialmente del Medio y Bajo Sinú, no lo pensaron dos veces y se lanzaron a la aventura.

“En ese tiempo, si queríamos un trabajo digno, había que irse a Venezuela”, asegura a El Tiempo, Cecilia, quien migró a Venezuela durante esa época. Doce años después pudo llevarse a sus cuatro hijos.

Veinticuatro años después son “la familia número 17”. La mujer y parte de su núcleo familiar regresan con cuatro maletas y sin dinero a Colombia. Llegaron a Montería el martes primero de septiembre, y hacen parte de las 90 personas que han arribado a Córdoba: “Decidimos salir antes de que nos lanzaran”.

Señala el diario colombiano que estas personas están obligados a comenzar una nueva vida sin empleo, sin seguridad social y sin casa, luego de haber perdido todos sus derechos en una nación que hasta techo les regaló durante el mandato de Hugo Chávez, a través de un programa de Misiones.

Desde el 22 de agosto hasta la fecha han sido deportadas, según cifras de las Naciones Unidas para la Coordinación de Asuntos Humanitarios, 1.482 personas y 19.952 han vuelto al país por su propia cuenta. 

De los colombianos deportados o que han salido por su cuenta de Venezuela y han arribado por las fronteras de Cúcuta y La Guajira, 15.176 han sido caracterizados.

SE COMPARAN CON LOS JUDÍOS

La familia 17 relata un drama en el que se ven como los judíos con la estrella amarilla en el pecho. “Yo vi esas películas y lo único que nos ha faltado es la marca. Pero no la necesitamos porque esa la gritan en las calles. De cualquier forma nos hacen saber que tenemos que irnos porque no hay comida en Venezuela para sostener a tantos”, dice Cecilia.

En las colas de los supermercados hay pocos colombianos. No se atreven a ir porque al mostrar la cédula y confirmar que no tienen la nacionalidad, los sacan del grupo.

Andy Castillo está casado con la hija de Cecilia, Leydi. Es venezolano, pero se fue con ella y sus dos hijos porque no quiso correr el riesgo de ver fragmentada su familia.

Yo creo que nadie nos va a ayudar. Eso se quedó así, es nuestro problema. Y volver a Venezuela es imposible

“Yo no me podía quedar allá con las dos niñas mientras ella se venía sola a Colombia”. Andy administraba uno de los restaurantes de la cadena Wendy’s, y dejó su salario de 7.000 bolívares. “Allá no alcanzaba, pero acá en Córdoba ni siquiera hay posibilidades de trabajo seguro. Ese es el precio que tenemos que pagar por estar juntos”, sentenció.

El que pagó Cecilia fue mayor: 70.000 bolívares le costó cada pasaje aéreo de Maracaibo a Cartagena para llegar con su hija a vivir en casa de su mamá en la vereda Corocito, municipio de San Pelayo (Córdoba).

“Yo creo que nadie nos va a ayudar. Eso se quedó así, es nuestro problema. Y volver a Venezuela es imposible. A mí no me echaron, pero cuando dijeron que se iban a quedar con los hijos de colombianos nacidos allá, porque eran hijos de la patria, me dije a mí misma: ¡Cónchale, tengo que salir!”, expuso por su parte Leidy.

Su hermano Luis es otro de los miembros de la familia 17. Muestra la cédula de extranjería, un documento amarillo: “Me fui de Colombia hace 12 años y ahora vuelvo apenado porque todo lo que logré se quedó allá”.

El dinero que ahorró Luis toda su vida lo gastó para salir de Caracas hasta Maracaibo, de ahí a Paraguachón y, por fin, a San Pelayo. “Compré los cuatro pasajes revendidos y de ahí en adelante tuve que sacar plata en 30 alcabalas o puestos de control que tiene la Policía en las carreteras, para que no se quedaran con mis hijos”, señala.

Crédito: El Tiempo

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Categoría: Venezuela