Colapso “inminente”, lo que prevé Hausmann

Ricardo Hausmann considera que Venezuela necesita "adoptar un plan económico sólido que pueda reunir un amplio apoyo financiero internacional", pero con un nuevo Gobierno, pues el manejo económico del mandatario Nicolás Maduro ha dado al traste con su propia credibilidad.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – El economista venezolano Ricardo Hausmann, director del Centro para el Desarrollo Internacional y profesor de Economía del desarrollo en la Kennedy School of Government de la Universidad de Harvard, consideró en un artículo publicado en Financial Times que podría ser “demasiado tarde para evitar la catástrofe” en Venezuela, a propósito de la profunda crisis socio-económica en la que está sumido el país bolivariano.

En el texto, escrito originalmente en inglés, el economista explica las causas de la debacle que tiene a los venezolanos haciendo agobiantes colas para comprar hasta lo más básico para subsistir, así como padeciendo la inflación más alta del mundo por tercer año consecutivo.

En tal sentido, Hausmann considera que Venezuela necesita “adoptar un plan económico sólido que pueda reunir un amplio apoyo financiero internacional”, pero con un nuevo Gobierno, pues el manejo económico del mandatario Nicolás Maduro ha dado al traste con su propia credibilidad.

A continuación, el texto completo del artículo, traducido al castellano por el portal web La Patilla:

En el plano interno, el escenario más probable es un inminente colapso económico y una crisis humanitaria. A nivel internacional, implicará el mayor y más desordenado impago de deuda soberana de los mercados emergentes desde la crisis argentina de 2001. La situación se agrava por la incapacidad del sistema político, en la actualidad, para hacerle frente a la situación.

¿Por qué Venezuela? En primer lugar, porque mientras la mayoría de otros países exportadores de petróleo utilizaron el boom de los precios para ahorrar un poco de dinero, el ex presidente Hugo Chávez, que murió en 2013, lo utilizó para cuadruplicar la deuda externa. Esto le permitió gastar dinero como si el precio promedio del barril de petróleo hubiese sido de US 197 dólares en 2012, cuando en realidad fue sólo US 111 dólares. También lo utilizó para mutilar el sector privado a través de confiscaciones y controles de importación. Con el final del boom, el país terminó en una situación desesperada.

El año 2015 fue un annus horribilis en Venezuela con una caída del 10 por ciento del Producto Interno Bruto, después de un descenso del 4 por ciento en 2014. La inflación llegó a más de 200 por ciento. El déficit fiscal se disparó a 20 por ciento del PIB, financiado principalmente por la imprenta.

En el mercado libre, el bolívar ha perdido el 92 por ciento de su valor en los últimos 24 meses, con el dólar costando 150 veces la tasa oficial: el mayor diferencial de tipo de cambio jamás registrado. La escasez y las largas colas en las tiendas han hecho la vida diaria muy difícil. No es extraño que el gobierno perdiera las elecciones para la Asamblea Nacional en diciembre.

Con lo malo que son estos números, los del 2016 se ven dramáticamente peor. Las importaciones, que ya habían sido comprimidas en un 20 por ciento en 2015 a US 37 mil millones de dólares, podrían caer más en un 40 por ciento adicional, aún cuando el país detuviera el servicio de su deuda.

¿Por qué? Si los precios del petróleo se mantienen en los niveles promedio de enero, las exportaciones en 2016 serán inferiores a US 18 mil millones de dólares, mientras que el servicio de la deuda tendrá un costo de más de US 10 mil millones de dólares. Esto deja menos de US 8 mil millones de dólares de los ingresos corrientes para pagar las importaciones, una fracción de los $ 37 mil millones importados en 2015. Las reservas internacionales netas son menos de US 10 mil millones de dólares y el país, con el de mayor riesgo en el mundo, no tiene acceso a los mercados financieros.

Mientras tanto, el gobierno no ha anunciado ningún plan para hacerle frente a los desequilibrios internos o el problema de balanza de pagos. No tiene ninguna estrategia para buscar la ayuda financiera de la comunidad internacional. Ni siquiera ha aumentado los precios de la gasolina desde su nivel actual, donde con un dólar se compran más de 10.000 litros.

Por el contrario, la oposición, que ahora controla la Asamblea Nacional, está luchando para que su autoridad sea reconocida por los otros poderes. No está en condiciones de conducir un ajuste económico. Incluso el mejor y más estable gobierno no puedo evitar tener un pésimo rendimiento en tales circunstancias. Pero en medio de una crisis política, las cosas van a ser aún más complicadas.

Las consecuencias para los vecinos de Venezuela y la economía global serán sustanciales. Colombia ya ha sentido el impacto de la decisión de septiembre de Nicolás Maduro, el sucesor de Chávez como presidente, de cerrar la frontera para evitar el contrabando. A los exportadores a Venezuela se les debe decenas de miles de millones de dólares por las facturas pendientes de pago.

En estas condiciones, un impago (default) desordenado, en una escala similar al de la crisis argentina, es casi inevitable. Y no serán sólo los venezolanos los que se lastimen.

Frente a este problema, los países vecinos y la comunidad internacional han permanecido sorprendentemente pasivos. Parecen haber olvidado que el Fondo Monetario Internacional se creó para evitar que los países causan daño a los demás a través de sus políticas económicas. El Artículo IV de su carta fundacional, aprobada en 1944, faculta al FMI para llevar a cabo un monitoreo de la economía de los países miembros. La obligación de aceptar dicha vigilancia es el corolario del derecho del resto de los países a ser informados sobre lo que ocurre en otros lugares. Sin embargo, los otros países no pueden saber lo que está sucediendo ahora en Venezuela porque el gobierno no se lo ha permitido al FMI desde 2004, violando sus obligaciones en virtud del artículo IV.

Para proteger a sus economías del caos que se avecina, los países deben empezar por ejercer presión para que la supervisión del FMI se realize inmediatamente, restaurando así su derecho (y el de la sociedad civil venezolana) de saber cuál es la situación actual.

Es probable que sea demasiado tarde para evitar la catástrofe venezolana por completo. Sin embargo, para reducir su duración e intensidad, el país necesita adoptar un plan económico sólido que pueda reunir un amplio apoyo financiero internacional. Esto es poco probable que suceda, mientras el Sr. Maduro permanezca en el poder. Pero la transición se verá facilitada por las señales internacionales positivas de la voluntad de apoyar a un gobierno alternativo que pueda formular una ruta creíble hacia la recuperación. Este no es el momento de permanecer al margen.