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El fantasma de la xenofobia resurge ante el drama de los refugiados

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Mundo)- Ningún país está vacunado contra el virus de la xenofobia. Pero el odio racial es una lacra que estremece especialmente a los alemanes, porque aviva las pesadillas de la historia todavía demasiado reciente de su país. Alemania sufre estos días la peor ola de ataques xenófobos -coordinada por plataformas ultraderechistas- desde los años 90. Es la brutal reacción a la llegada masiva de refugiados que huyen sobre todo del norte de África y de países de Oriente Próximo en guerra como Siria, Irak o Libia.

Los principales partidos germanos no pueden ocultar su frustración tratando de gestionar esta llegada en aluvión sin que provoque un estallido social incontrolable. La propia canciller, Angela Merkel, fue recibida ayer entre abucheos y pitidos en Heidenau, localidad a la que se desplazó para visitar un centro de refugiados que el fin de semana sufrió un ataque. Algunos ciudadanos subrayaban que condenan la violencia pero no quieren más inmigrantes en sus barrios. Una inquietante corriente de opinión, cada vez más extendida, que desborda las respuestas políticas clásicas. De hecho, las manifestaciones neonazis impulsadas por el movimiento eurófobo Pegida a principios de año ya anticipaban la gravedad de esta ola xenófoba.

Los expertos subrayan que es el momento con mayores síntomas de xenofobia desde la reunificación alemana.

El Gobierno alemán contabilizó 202 ataques racistas hasta julio, el doble que en el mismo periodo del año pasado. Y, en lo que va de agosto, se han perpetrado al menos dos diarios. Algunos tan vergonzosos como el sufrido por dos niños en el tranvía de Berlín, sobre los que orinaron dos hombres a la vista de todo el mundo. Los expertos subrayan que es el momento con mayores síntomas de xenofobia desde la reunificación alemana. Gritos como “Heil Hitler” o “Fuera del país” resuenan cada vez más en las calles. En contraposición, la actitud tanto de la CDU de Merkel como del SPD -las formaciones de la gran coalición- está siendo ejemplar, ya que ninguno de sus dirigentes ha caído en el populismo fácil, siquiera para lograr rédito electoral.

Las autoridades estiman que a finales de año serán 800.000 los refugiados que habrán pisado su territorio

Ahora bien, Alemania, como muchos otros países de la UE, está desbordada por el mayor éxodo desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Las autoridades estiman que a finales de año serán 800.000 los refugiados que habrán pisado su territorio, lo que supondrá un coste para las arcas públicas de 10.000 millones de euros en asistencia.

Y nunca es suficiente repetir que estamos ante un desafío que sólo se puede abordar de forma concertada entre los Veintiocho. Ninguno de sus estados puede afrontar solo una llegada tan masiva de personas, que, además, una vez pisan espacio Schengen se mueven con relativa facilidad de un país a otro. Pero Bruselas sigue abochornando con sus respuestas. En el último Consejo de ministros del Interior, la oposición de gobiernos como el de España impidió incluso que se aprobara un reparto de cuotas para acoger entre todos a 40.000 refugiados. Parece una broma cuando la llegada real supera con creces esas cifras.

Europa, y en conjunto Occidente, tienen buena parte de la responsabilidad de haber creado el actual polvorín en Oriente Próximo y el norte de África. Ahora sólo cabe una implicación real en la pacificación y establecer en la zona al menos un cinturón de seguridad. Porque la absorción por parte de la UE de millones de huidos es una quimera y, por tanto, un problema explosivo que, como vemos, alimenta vorazmente al fantasma del populismo y la xenofobia.

Categoría: Opinión