elmundo

El mayor desafío al Estado desde la consolidación plena de la democracia

La amenaza de ruptura de la Nación es algo demasiado grave.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Mundo)- El decreto de convocatoria de las elecciones catalanas del 27 de septiembre es ya el primer paso hacia la pretendida “desconexión” de los independentistas con el resto de España que quieren consumar antes del próximo verano. El president Mas lo firmó a las nueve de la noche, en un acto emitido en directo por TV3, después de jugar durante todo el día al secretismo a modo de ridícula burla al Estado. Una conducta casi cómica para un asunto que, sin embargo, es de extraordinaria gravedad. No por repetido se puede pasar por alto que estamos ante el mayor desafío de las autoridades catalanas al conjunto de los españoles y a nuestro sistema democrático y de convivencia. Porque aunque, legalmente, lo único que ha hecho Mas ha sido adelantar y convocar unas elecciones autonómicas, las fuerzas independentistas que integran una lista única al Parlament pretenden darles el sentido de unos comicios plebiscitarios. Y el president no se ha cansado de amenazar con que si esta lista obtiene mayoría absoluta en las urnas declararán unilateralmente la independencia del Estat català. No cabe mayor salto al vacío ni mayor irresponsabilidad.

El Gobierno ha dejado clara su firmeza para impedir cualquier conculcación de la legalidad.

La firma del decreto es el paso más provocador de cuantos viene dando Mas desde que decidió echarse al monte y desafiar frontalmente al Estado sin posibilidad de marcha atrás. Nada más iniciarse la legislatura, Convergència y sus aliados de ERC impulsaron una declaración de soberanía del Parlament, que fue declarada inconstitucional el año pasado. Después, creó un Consejo para la Transición Nacional con el objetivo de diseñar estructuras propias de un Estado, una deslealtad inadmisible por parte de quien, no lo olvidemos, es el máximo representante de España en Cataluña y presidente de la Generalitat gracias al sistema que emana de la Constitución vigente. Y ya en noviembre pasado el Govern respaldó y ayudó a organizar la consulta ilegal, hecho por el que está imputado.

El jaque de Mas representa el mayor reto al que se enfrenta el Estado desde la consolidación plena de la democracia. El Gobierno ha dejado clara su firmeza para impedir cualquier conculcación de la legalidad. Y ciertamente existen mecanismos e instrumentos jurídicos para impedirlo. Pero el recurso a la aplicación del artículo 155 de la Constitución -si el futuro Gobierno de la Generalitat que salga de los comicios del 27-S no acatara los pronunciamientos del TC- sería una medida tan extrema que ya supondría un cierto fracaso en sí misma. Lo único deseable sigue siendo que las cosas se puedan reconducir políticamente.

El independentismo lo único que ha logrado ha sido dividir peligrosamente a los mismos catalanes y dañar sus intereses.

En este sentido, es esperanzador que casi la mitad de los catalanes rechaza la independencia, superando en siete puntos a quienes desean el divorcio, según el último sondeo del Centro de Estudios de Opinión (CEO). Resulta por tanto decisivo que los partidos no independentistas -incluida una formación nacionalista como Unió, recién desgajada de Convergència- logren movilizar a cientos de miles de ciudadanos que se sienten tan españoles como catalanes y que, tradicionalmente, no acuden a votar en elecciones autonómicas. Y para ello, además de ofrecer un proyecto ilusionante de futuro, deben ser inequívocos en su mensaje. Ni vale la ambigüedad calculada en la que se mantienen fuerzas como Podemos y sus marcas blancas ni ayuda que el PSC, por ejemplo, se eche en brazos del independentismo en Castelldefels.

En todo caso, no cabe en modo alguno hablar de equidistancia entre el desafío inadmisible de Mas y el supuesto inmovilismo que achacan al Gobierno sus críticos. La amenaza de ruptura de la Nación es algo demasiado grave. Y, además, el independentismo lo único que ha logrado ha sido dividir peligrosamente a los mismos catalanes y dañar sus intereses. De ello, Mas y sus correligionarios son los únicos causantes. Suya es esta monumental irresponsabilidad histórica.

Categoría: Opinión