El misterioso y escurridizo líder de los talibanes

Se prohibió a las mujeres que salieran de casa, estudiasen, usasen tacones porque llamaban la atención de los hombres o se pintasen las uñas, y se las obligó a vestirse con burkas.

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(Kabul, EFE) – Pocos líderes están rodeados del secretismo y el misterio del mulá Omar, el jefe talibán surgido de la posguerra tras el conflicto afgano-soviético que gobernó Afganistán con mano de hierro y ha estado en paradero desconocido desde la invasión estadounidense en 2001.

Desde la caída de su régimen no ha hecho apariciones públicas, lo que ha alimentado los rumores sobre su muerte, que han ganado fuerza en los últimos meses: hoy mismo, fuentes de seguridad afganas le han dado nuevamente por fallecido.

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Poco se sabe en Occidente de la trayectoria de Omar, un clérigo musulmán de origen humilde nacido en un pueblo cercano a la ciudad sureña de Kandahar hace 55 años, según la primera biografía publicada en abril por los talibanes.

Luchó contra la invasión soviética (1979-1989), donde destacó en el uso del lanzacohetes RPG-7 y sufrió varias heridas, entre ellas la pérdida de un ojo.

A la retirada de las tropas de la URSS, siguió un breve Gobierno comunista y un brutal conflicto civil entre diferentes grupos muyahidines, caos que aprovechó el mulá para crear en 1994 el grupo los talibanes, compuesto por estudiantes de las madrasas de Pakistán, hogar para millones de refugiados afganos.

Al frente de “los hijos desilusionados de la yihad”, el mulá Omar se erigió en una suerte de Robin Hood que ayudaba a los pobres frente a los abusos de otros grupos insurgentes sin pedir nada a cambio, lo que hizo aumentar su prestigio, de acuerdo con el libro “Los talibanes” del periodista paquistaní Ahmed Rashid.

En solo dos años, el modesto mulá logró el control de la mayor parte de Afganistán, tomando Kabul en 1996. Ese mismo año, fue nombrado Amir-ul Momineen o Príncipe de los Creyentes, que lo convirtió en el dirigente de la yihad y emir de Afganistán.

La confirmación de este nombramiento llegó el 4 de abril de 1996, cuando Omar apareció ante la multitud sobre el tejado de un edificio, en el centro de Kandahar, ciudad del sur de Afganistán desde la que gobernó hasta la invasión de EEUU.

En el Emirato Islámico de Afganistán, como los talibanes renombraron el país, el mulá Omar impuso una rígida interpretación de la sharía o ley islámica y trató de recrear el modo en que vivió el profeta Mahoma hace 1.400 años, según Rashid.

Así, se prohibió a las mujeres que salieran de casa, estudiasen, usasen tacones porque llamaban la atención de los hombres o se pintasen las uñas, y se las obligó a vestirse con burkas, mientras los varones tuvieron prohibido afeitarse la barba.

Las ejecuciones, amputaciones y las lapidaciones públicas por la violación de los edictos talibanes se convirtieron en eventos semanales entre 1996 y 2001.

El país sufrió sanciones de Occidente por su desprecio de los derechos humanos, pero fue la negativa a entregar a Estados Unidos al líder de Al Qaeda, Osama Bin Laden, refugiado en suelo afgano y acusado del ataque a las Torres Gemelas, la que provocó la invasión estadounidense de Afganistán y la caída del régimen talibán en octubre de 2001.

El mulá Omar huyó de Kabul en una motocicleta y desde entonces no ha hecho apariciones públicas, lo que ha alimentado los rumores sobre su muerte, extremo negado por los talibanes, que hoy disponen de páginas web y cuentas en Twitter.

Cada año, con motivo del ramadán, los talibanes difunden comunicados supuestamente escritos por su líder y en abril publicaron por primera vez una biografía del mulá, ante los nuevos rumores de su fallecimiento.

Hace apenas dos semanas, los talibanes difundieron un comunicado supuestamente escrito por el mulá en el que éste manifestaba que el islam no prohíbe “negociar con el enemigo”, en aparente aprobación de las conversaciones de paz abiertas poco antes con el Gobierno.

Categoría: Mundo | Claves: Afganistán Mulá Omar