El Mundo: en busca de la última barra de pan de Caracas

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium).- En esto de la escasez y la inflación nadie duda que la calidad de vida de los venezolanos se reduce día a día. Pero comprar pan, un hábito de muchos por las mañanas o al salir de sus trabajos se ha convertido en una odisea.

Las personas esperan en las panaderías que el pan salga del horno no precisamente para llevarlo caliente, sino para poder comprarlo. Consecomercio y Federación de Trabajadores de la Harina (Fetraharina) han advertido que en el país no hay inventarios de trigo y el Gobierno y no ha hecho órdenes de compra, razón por la que el principal molino se estaría paralizando el próximo viernes.

A propósito de esto el diario El Mundo realizó un recorrido para comprar pan y así les fue:

“Bienvenidos a la Panadería Codazzi, la panadería que no tiene pan”. Roberto Rodríguez es uno de los panaderos más queridos de Los Chaguaramos, barrio de emigrantes cerca del estadio de béisbol de Caracas. Tan simpático como irónico, el hijo de portugueses, de 45 años, con 22 al frente del establecimiento, despacha la amargura de sus clientes. Él mantiene sus chanzas habituales y disfruta ejerciendo de oráculo del fútbol español. Nunca acierta.

Desde el lunes pasado ya no vende barras de pan, alimento básico en la canasta familiar venezolana. Como él, la gran mayoría de los locales de la capital. “Sólo me quedan cuatro sacos de harina y los necesito para abrir todos los días y servir desayunos. Para el final de la semana me han prometido 20 sacos (45 kilos cada uno), pero… Llevamos tiempo así, nosotros consumimos cada día entre 10 y 8 sacos”, explica antes de que un cliente entre a su local y pregunte si quedan canillas (barra normal, a precio regulado por el gobierno). “No hay en todo el día”, contesta Rodríguez.

El hombre se marcha, bolsa de plástico en mano, como casi todos sus vecinos. Va camino de otra panadería o en búsqueda de una cola. Algo venderán. Los caraqueños parecen hoy zombis en su ciudad, caminando de un lado a otro armados con bolsas vacías. “Esto no es lo que el comandante Chávez prometió”, farfulla otro tras comprobar desolado los anaqueles vacíos de su local favorito.

Un recorrido por la capital, de este a oeste, confirma que la situación es crítica. Así lo advierte Juan Crespo, presidente de la Federación de Trabajadores de la Harina (Fetraharina), quien ante la escasez aguda ha exhortado a sus afiliados a racionar el pan.

“Nosotros también hemos racionado, ¡claro! Ya hubiéramos cerrado de no ser así: dos canillas por persona y un campesino (barra más grande). Y siempre hay cola para comprar”, confirma Joao Freitas, encargado de la Panadería Girasol, en El Hatillo. Con casi 20 años de experiencia, también es portugués en un sector copado por sus paisanos, que han fabricado pan para venezolanos durante décadas.

Desde que trabaja en la panadería nunca había pasado por una situación tan grave. “Es la primera vez porque este modelo no funciona”, explica atrevido pero con las reservas lógicas. “Y no se puede hablar mucho. Mira al cantante, le quitaron el pasaporte por estar hablando”, advierte Freitas recordando el incidente sufrido por Nacho, a quien retuvieron durante horas en emigración del aeropuerto de Maiquetía porque quería cantar en un concierto por la libertad del preso político Leopoldo López. El integrante del famoso dúo Chino y Nacho, ganador de varios Grammys, se ha convertido en uno de los símbolos de la lucha contra Nicolás Maduro.

¿Y cuál es el modelo que no funciona?”

“El Estado es el encargado de traer el trigo”, explica Rodríguez. “La importación la realiza la empresa estatal CASA”, precisa Crespo. Venezuela no produce harina de trigo y al existir control de cambio, impuesto hace 13 años por Hugo Chávez, todo pasa por el Estado, encargado de cambiar los devaluados bolívares venezolanos por dólares. La terrible crisis económica y la caída del precio del petróleo han limitado la entrada de divisas al país, por lo que el chavismo no tiene dólares para cambiarlos a quiénes lo solicitan. “Sabemos que no hay barcos en tránsito ni órdenes de compra en proceso”, sentencia el presidente de Fetraharina.

“No sabría decirte por qué en este país dicen que todo se va a arreglar pero nunca se arregla”, se queja Mauricio Fernández, dueño de la Pastelería y Panadería Nina, también en El Hatillo. “Tenemos todo racionado y si no llegan más sacos, cerraremos. Todo es posible”, resume.

La escasez de pan destaca en el amargo día a día de los venezolanos. La inflación de los alimentos supera el 300%, con subidas constantes, al menos cada semana. Según distintos estudios, la mitad de los alimentos de la canasta básica no se encuentran. Una canasta básica que hoy cuesta una docena de salarios mínimos.

En La Candelaria, el barrio de los emigrantes españoles, la situación es igual o peor. En el local Royal Sport no tienen pan, como bien explica un desolador cartel en medio de una estantería que anteriormente seducía con su olor. En la Panadería Safari ayer creían que al menos podrían repartir una tanda de pan entre sus clientes.

“Cuando en casa tienes problemas para conseguir comida, compras unos panes y resuelves, es lo más barato. Ahora ni eso. Incluso la gente se autofinancia pagando con la tarjeta de crédito, ¡hasta los pocos panes que se venden!”, desvela el dueño de la Codazzi.

La Panadería Los Nietos es una de las más clásicas del este de la ciudad, en Altamira. El lunes no le quedaba pan y estaba a oscuras. Un enorme apagón había oscurecido esa parte de la ciudad. Al día siguiente le toco el turno al oeste, en la zona popular de Catia. En el Petare, una de las mayores favelas de América Latina, grupos de vecinos se lanzaron a protestar a la calle. Llevan muchos días sin agua. Venezuela se asemeja a un enfermo en la UVI, al que se le van encontrando una enfermedad tras otra y que para remate, le diagnostican una infección hospitalaria.

“Tuvimos que cerrar hace unos días”, me cuenta el dueño de Los Nietos, famoso por sus panes gallegos, siempre crujientes. Es portugués, “de entre Lisboa y Oporto”. Me agarra de un brazo y se acerca, como queriendo buscar la confidencia. “Aquí todo el mundo se va, yo tengo a dos hijos en Madrid”, confiesa mientras sus empleados recogen lo poco que queda en su tienda.

Categoría: Venezuela | Claves: Desabastecimiento Panaderías