El relato de un colombiano dos veces desplazado de su hogar

En Venezuela se calcula que sólo alrededor de 4.300 colombianos han sido reconocidos oficialmente como refugiados.

El relato de un colombiano dos veces desplazado de su hogarCrédito: Reuters.
Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – Según el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para Refugiados (Acnur), Venezuela fue alguna vez el refugio para 200.000 colombianos a los que el conflicto armado interno desplazó de su propia patria.

Las imágenes recientes de miles de colombianos atravesando el río Táchira mientras huían de Venezuela, con armarios y neveras a sus espaldas, revelaron un fenómeno invisibilizado, pero que ocurre desde hace décadas: el éxodo transfronterizo de miles de compatriotas.

De acuerdo con El Espectador, en un refugio en Cúcuta, junto a miles de colombianos expulsados de Venezuela, viven Manuel Díaz (Nombre falso para proteger la identidad de la fuente), su esposa y sus dos hijos. A la fuerza regresaron a Colombia, de donde huyeron porque tras sus pasos andaban grupos paramilitares.

En 2008 Díaz trabajaba en una finca en Toledo (Norte de Santader). Una vez al mes bajaba al pueblo a hacer mercado y a divertirse. Uno de esos días dos hombres se le acercaron y en la charla salió a flote que Díaz había prestado servicio militar. El encuentro pareció intrascendente hasta que, tres días después, los mismos hombres llegaron a la finca donde Díaz trabajaba y vivía con su esposa y sus dos hijos.

Reseña el diario colombiano que los desconocidos le plantearon que por tener conocimiento militar podía convertirse en un líder de estructuras paramilitares que operaban en la zona, propuesta que Díaz rechazó. Pero el ofrecimiento se volvió amenaza.

Le dijeron que si no se unía a su “causa” tenía 24 horas para abandonar la finca. Díaz se defendió diciendo que no se iría, porque no hacía nada malo. Los hombres se enfurecieron, agredieron a su esposa y lo golpearon a cachazos con sus armas. Esa misma noche cogió camino con su familia hasta Cúcuta. Pero su esposa, temerosa de que los persiguieran hasta allá, le pidió que cruzaran la frontera.

Díaz y su hermano salieron a trabajar normalmente en una construcción en Las Tapias, en el estado de Mérida, cuando miembros de la guardia venezolana, escondidos en una bodega, los interceptaron antes de llegar a su trabajo. Les pidieron documentos, pero el hermano de Díaz no los tenía, así que lo montaron a un camión para deportarlo. A Díaz, pese a tener la acreditación de refugiado, le pidieron un soborno de 12.000 bolívares a cambio de no correr la misma suerte.

El hermano de Díaz regresó a su casa dos días después de haber sido deportado, y de nuevo se cruzó con un integrante de la Guardia que le puso un ultimátum: a la próxima se va para la cárcel. A los Díaz no les quedó sino coger trocha, con sus hijos y esposas, de vuelta a Colombia. “Hemos perdido todo aquí y ahora perdimos allá”, dice Díaz.

EN BUSCA DE UN REFUGIO

Así como Díaz, 396.600 personas han abandonado el país huyendo del conflicto, lo que hace de Colombia el país de América con más refugiados fuera de sus fronteras, y el octavo en el mundo, según datos de Acnur en 2013. Según la misma entidad, apenas en Ecuador, Venezuela y Panamá hay casi 350.000 colombianos refugiados, si se cuenta a los que no han realizado trámites para que se les conceda formalmente el estatus.

En Venezuela se calcula que sólo alrededor de 4.300 colombianos han sido reconocidos oficialmente como refugiados. En una nación desconocida que se les niegue este estatus, se les priva de ejercer plenamente sus derechos a la salud, el trabajo, la libre circulación y la propiedad, sostiene el informe “Cruzando la frontera”, del Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH), que analiza el éxodo de los colombianos hacia Venezuela como consecuencia del conflicto armado interno.

Así, los refugiados quedan atrapados en una cadena de revictimización, pues quienes padecen el éxodo transfronterizo suelen haber sido desplazados internos que ya vivieron un peregrinaje forzado dentro de un país donde, además, han sido objeto de otro tipo de violaciones a sus derechos por cuenta de actores armados.

Las víctimas del éxodo transfronterizo, quienes sufren el dolor que significa abandonar sus trabajos, bienes, seres queridos, formas de vida y hasta su pasado, viven además el desarraigo y la nostalgia. Cruzan fronteras con la esperanza de encontrar un refugio, pero ese anhelo muchas veces termina por convertirse en miedo a ser sancionados o deportados. Algo que se materializó para alrededor de 20.000 colombianos que han sido expulsados o han abandonado Venezuela desde el pasado 19 de agosto, después del cierre fronterizo.