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El riesgo de contagio de la crisis griega y cómo puede afectar a América Latina

la crisis griega tiene un "potencial de alteración de los mercados financieros globales".

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

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La crisis que vive Grecia, inmersa en un “corralito” y con sus bancos cerrados hasta la celebración de un referendo clave para su futuro el próximo 5 de julio, es seguida con atención en muchas partes del mundo.

Europa está mejor preparada que hace unos años para afrontar una crisis.

En ningún sitio la preocupación es mayor que en Europa, que se enfrenta a una situación inédita en su historia.

Grecia podría declarar un default y no pagar 1.600 millones de euros (unos US$1.800 millones) que debe abonar al Fondo Internacional (FMI) con el límite de la medianoche de este martes.

A partir de ahí, cualquier pronóstico es arriesgado.

El referendo que se celebrará el próximo domingo será clave: los griegos deben decidir si aprueban las propuestas de los acreedores en contra de la opinión de su primer ministro, Alexis Tsipras, que pidió el “No” para superar el lo que califica de “chantaje” del FMI, el Banco Central y la Comisión europea.

Pero cuando parecía que el choque de trenes era total e inevitable, la UE hizo una nueva propuesta a Atenas este lunes, que el gobierno griego está estudiando.

A la espera de lo que suceda, la inestabilidad tuvo ya hoy sus primeros efectos.

Y la pregunta sobre el riesgo de contagio de la crisis griega a nivel europeo e internacional vuelve a ser pertinente.

EUROPA

A pesar de los temores, lo cierto es que los países europeos llevan meses preparándose para una eventual salida de Grecia del euro.

No quieren que se repita la situación iniciada con la crisis del euro en 2010, cuando en vísperas de la aprobación del primer rescate a Grecia las economías del sur de Europa (España, Portugal e Italia) se vieron muy golpeadas.

Los problemas de deuda soberana, la debilidad de sus sistemas bancarios y la mala situación de sus economías los hicieron muy vulnerables.

En ese momento incluso se habló de la posibilidad de que España (cuarta economía europea) necesitase también un rescate completo, algo que aunque sí hubo un rescate a la banca, luego no sucedió.

Pero el riesgo de una sacudida en la Eurozona fue grande.

La Unión Europea, aunque lenta y según algunos de forma insuficiente, aprendió la lección y puso en marcha medidas para evitar futuras crisis, el Mecanismo Europeo de Estabilidad.

Los bancos griegos cerrarán durante toda la semana.

El llamado “cortafuegos” cuenta con una capacidad de préstamo de 500.000 millones de euros (unos US$560.000 millones) para garantizar la estabilidad financiera de la Eurozona.

El BCE también puede inundar el mercado de liquidez, si es necesario, a través del “quantitative easing” o QE.

Este mecanismo de compra de deuda pública está pensado para evitar el contagio de la crisis de deuda de un país al resto y para mantener los intereses de la deuda europea en niveles manejables.

La idea es que los inversores internacionales dejen de interesarse por la deuda pública.

De hecho, el precio de la financiación se ha mantenido en niveles mucho más bajos desde que se tomaron estas medidas.

Tampoco la situación de los países más débiles es la misma que entonces.

Irlanda, España y Portugal han saneado sus bancos y sus economías vuelven a crecer.

El Banco Central Europeo decidió mantener la financiación de urgencia a Grecia.

La vicepresidenta del gobierno español, Soraya Sáenz de Santamaría, se apresuró a mandar un mensaje tranquilizador: España afronta con “solvencia y serenidad” la crisis griega.

Pero lo cierto es que esta podría ser la primera vez que estos mecanismos se ponen a prueba.

Su capacidad para evitar un contagio dependerá de la gravedad de la crisis, que en este momento es difícil de prever.

Si Grecia y los acreedores acaban llegando a un acuerdo, el riesgo será mínimo.

Si no hay acuerdo, Grecia quiebra y se aboca a la salida del euro, el escenario es desconocido y sus consecuencias también.

Pero la inestabilidad ya tuvo sus primeros efectos.

PRIMEROS EFECTOS

El primer efecto de la incertidumbre que rodea la situación se vio en la apertura de las bolsas.

Tanto el lunes, como este martes, los mercados europeos abrieron a la baja.

El lunes, la que más cayó fue la española, que empezó con un descenso del 5,6% con respecto a los valores de cierre del viernes anterior.

Unas horas después las pérdidas se habían reducido al 3,3%, pero seguía siendo la peor caída de todas las bolsas europeas.

En Estados Unidos, la bolsa tuvo el lunes su peor día del año al registrar una caída del 2% en su índice industrial Dow Jones.

La prima de riesgo (la diferencia entre el coste de emitir deuda de un país con respecto al de Alemania) fue la vara de medir de la crisis que comenzó en 2010.

La bola española cayó por la incertidumbre sobre el futuro de Grecia.

Y la prima de riesgo del bono español a 10 años aumentó el lunes hasta los 185 puntos, frente a los 118 del viernes.

Al igual que sucedió con la caída de la bolsa, luego se moderó y se situó en los 137 puntos.

Las primas de riesgo de Italia y Portugal también sufrieron el ‘contagio’ y alcanzaron los 150 y 211 puntos básicos, respectivamente.

Los mercados también castigaron este lunes al euro, influenciados por la incertidumbre sobre la permanencia de Grecia en la moneda única europea.

El euro cedió el lunes más del 1,17% ante el dólar y cotizó a 1,10 unidades.

AMÉRICA LATINA

El miedo a un posible contagio de un default griego no es nuevo.

Ya hubo temores similares tras la quiebra del banco de inversión estadounidense Lehman Brothers, en 2008.

En este caso, las consecuencias dependerán de cómo salgan Grecia y Europa de la situación actual.

Brasil tiene una elevada inflación y su moneda, el real, roza mínimos en su cotización frente al dólar.

En el corto plazo, la crisis griega puede provocar “una volatilidad mayor en los mercados y aumentar la aversión al riesgo” de los inversores internacionales, explica Carlos Quenan, profesor de Economía de la Universidad de la Sorbona, en París.

Como ya sucedió el lunes, el dólar se aprecia por su condición de moneda segura y esto provoca una depreciación en las monedas regionales en su cotización frente a la divisa estadounidense.

En países como Brasil, que ya está sometido a tensiones inflacionistas, puede ser un problema”, dice Quenan.
El profesor matiza, sin embargo: “Son movimientos tenues que no tendrán un impacto grave”.

Otra cosa es el efecto que la crisis griega puede tener no inmediatamente, pero a corto plazo.

Si Grecia deja de pagar y se empieza a plantear una salida de la Eurozona, esto (sumado a otros factores) podría afectar a la dinámica de crecimiento de la zona euro.

Grecia se encuentra en un momento crucial.

En este sentido, Quenan destaca el “riesgo de contagio político” a otros países, especialmente España, que celebra elecciones este año.

Si la inestabilidad política se suma a la crisis griega, y la economía europea se ve afectada, esto incidirá con toda probabilidad sobre las economías latinoamericanas.

Si hay una recaída en Europa, los países más afectados serán los más dependientes de la venta de materias primas”, dice Quenan.

La reducción de ingresos por exportaciones puede afectar a Argentina, Ecuador, Chile o Brasil, donde agravaría las dificultades ya existentes por su déficit en la balanza de pagos.

En resumen, como aseguró la presidenta de la Reserva Federal de Estados Unidos, Janet Yellen, la crisis griega tiene un “potencial de alteración de los mercados financieros globales”.

Pero todo depende de si Grecia y los acreedores logran llegar a un acuerdo in extremis o, al menos, minimizar los daños.

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