El sádico doctor nazi que coleccionaba esqueletos de judíos

Sentía una verdadera pasión por la anatomía de los judíos

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

Hirt fue uno de los doctores más crueles del nazismo. Crédito: ABC.

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – Sesenta años después de el fin de la IIGM, los restos de varias víctimas de August Hirt han sido sepultados en el cementerio judío de Cronenbourg. Luego de que en el año 1944 la División del general Leclerc logrará pisar la Cuidad de Estrasburgo.

Ansiosos por encontrar documentos, las tropas aliadas entraron a un sótano del Instituto Anatómico de la Universidad, acompañados por un grupo de grabación intentaron que todo lo que vieran o encotraran quedara grabado para siempre. Y no era para menos, pues, de no ser por las imágenes, nadie hubiera creído lo que habían visto sus compañeros en algunos campos de concentración.

Lo que encontraron allí fue más de lo que pudieron soportar, ya que lo que vieron sus ojos en aquella zona fue 87 esqueletos conservados en alcohol. Esto pertenecía a una colección del que hacía pocos días había sido el director del centro, August Hirt, según el diario ABC.

Se dio a conocer que los restos encontrados correspondían a presos de Grecia, Los restos correspondían con presos de Grecia, Alemania, Polonia, Rusia, Austria y Lituania. Todos ellos, asesinados en un campo de concentración cercano y enviados allí para deleite del sádico germano.

Un oficial comentó que, August sentía una verdadera pasión por la anatomía de los judíos, por lo que había querido investigar para demostrar que eran una raza inferior.

Esta historia salió a la luz el pasado mes de julio, cuando fueron descubiertos algunos frascos más en la Universidad de Estrasburgo, por lo que ha vuelto ser noticia luego de que los restos de algunos presos fueran por fin enterrados en el cementerio judío de Cronenbourg el pasado domingo.

August Hirt, nació en Mannheim, una ciudad del suroeste de Alemania en el año 1898, desde siempre se apasionó con el mundo marcial por lo que se alistó en el ejército germano en 1914.

Campo de concentración de Struthof-Natzweiler. Crédito: ABC.

Tras ser herido en combate, fue galardonado con la Cruz de Hierro y enviado a su casa para recuperarse. luego estudió medicina en la Universidad de Heidelberg, la cual se convirtió en su otra gran pasión producto de su interés por la anatomía.

UNA HORRIBLE COLECCIÓN

En la década de los 40, tras años de servicio y con una buena parte de Francia conquistada por los alemanes, luego de iniciarse la Segunda Guerra Mundial, Hirt fue nombrado director del Instituto anatómico de la Reichuniversitat de Estrasburgo.

Este era un trabajo que le apasionaba, el cual le permitió satisfacer su necesidad de saber sobre la anatomía judía. De esta forma, comenzó a poner como excusa la ciencia para poder experimentar con cráneos de prisioneros judíos. Sin embargo, en 1942 se percató de que tenía acceso a un número muy reducido de restos humanos, por lo que llamó a altos cargos de las SS para remediar este problema

Se dice que, este hombre pretendía demostrar científicamente las teorías antisemitas defendidas por el Partido como una realidad incuestionable, según explicó el escritor e investigador Pablo Jiménez Cores en su obra “La estrategia de Hitler: Las raíces ocultas del Nacionalsocialismo”.

Jiménez, comentó que el jefe de las SS se sintió muy conmocionado por el interés que Hirt mostró en el estudio de la inferioridad de la raza judía, y ordenó que se le ayudase en todo lo que se pudiera, completa el investigador en su obra.

De esta manera Hirt comenzó a tener contactos con los directores de varios campos de concentración nazis y poco a poco logró que le enviaran al instituto una multitud de cadáveres de presos para estudiarlos.
Así fue como a Hirt empezó a tener contactos con los directores de varios campos de concentración nazis y, poco a poco, consiguió que le fueran enviados al instituto multitud de cadáveres de presos para estudiarlos.

“Tal era su interés, que el médico llegó a financiar con el dinero del Instituto la cámara de gas del campo de concentración de Struthof-Natzweiler, ubicado a menos de 60 kilómetros de Estrasburgo”.

“Según las órdenes de Hirt, se enviaron prisioneros suficientes y en buen estado a la cámara de gas de Struthof, empleando para su asesinato sales de ácido cianhídrico preparadas por el mismísimo Hirt”, señalan José Manuel Gomis Aracil y Pedro Sala Jiménez en su libro “La sangre de la eternidad”.

Categoría: Mundo | Claves: sucesos