El sórdido modus operandi del “Monstruo del modelaje”

Mediante el chantaje, Adolfredo Matos pudo completar una muy nutrida galería de fotos y videos den niñas que luego comenzó a comercializar.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

Crédito: El Heraldo / Archivo

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – Fueron poco más de ocho meses los que el “monstruo del modelaje”, Adolfredo Rafael Matos González, estuvo en el barrio Las Marías de Maracaibo fotografiando niñas y quizás hasta ultrajándolas. Durante todo ese tiempo, ninguna de las víctimas quiso denunciar lo que allí pasaba.

Algunas de las niñas tenían miedo de perder la oportunidad de alcanzar la carrera de modelaje que “el instructor” les prometía. Llegar a las pasarelas, a la fama, a los vestidos caros que no podían pagar. Otras se aterraban con la sola posibilidad de que sus papás terminaran en la cárcel si ellas no cumplían con el contrato que, según “el instructor”, ellos habían firmado. El chantaje fue la mejor herramienta del presunto pervertido, porque así se hizo del silencio y del miedo de sus víctimas.

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De esa manera pudo completar una muy nutrida galería de fotos y videos que luego comenzó a comercializar, reseñó la periodista María Isoliett Iglesias de El Estímulo.

Sin embargo, las víctimas dejaron de ser risueñas y habladoras y su mirada había perdido brillo. Ya no mostraban el trabajo fotográfico que Adolfredo les hacía y el ánimo para regresar a la rutina de la academia era cada vez más sombrío. Ante aquel panorama, algunos padres empezaron a sospechar y, sin preámbulos, interrogaron a sus hijas hasta que ellas se atrevieron a contar. Las denuncias ante la policía se concretaron inmediatamente y mientras se pedía una orden de captura contra el hombre, un forense analizaba a las siete agredidas. A cinco de ellas les detectaron claros signos de violación.

Los testimonios que recogieron las autoridades reverlaron que Fanny González, la mamá de Adolfredo, también estaba involucrada.

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“Mi sobrina señaló a la mamá de ese monstruo como la juez que tenía los contratos firmados de los papás de las alumnas. Dijo que esa mujer era la que les decía que si ellas no cumplían con lo que Adolfredo pedía, los metería presos a todos”. Así lo relató Yucelis Becerra, tía de una de las niñas afectadas, indicó también El Estímulo.

Luego de huir a Papayal, en la Guajira colombiana, Adolfredo se mantuvo unos nueve meses aproxidamente y allí, bajo la fachada de una peluquería, repitió su modalidad delictiva. Su cómplice, tal y como había ocurrido en Venezuela, fue una de sus dos mujeres.

Sin embargo, gracias a que sus víctimas colombianas no guardaron silencio Adolfredo se sintió acorralado y huyó a Riohacha. Cayó preso en esa ciudad el sábado 15 de agosto de 2015 a las 6:05 de la mañana y se intentó suicidar con medicamentos, pero no lo logró.