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El Tribunal Constitucional es esencial, aunque debe ser reformado

Una institución tan fundamental en el Estado no puede seguir siendo tributario del poder de los partidos.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Mundo)- Son tiempos de necesaria regeneración democrática y, en este sentido, bienvenidas sean las propuestas que lanzan los distintos partidos de cara a las elecciones. Pero a veces se peca de falta de rigor en algunos globos-sonda.

Hoy publicamos que Ciudadanos, la formación que encabeza Albert Rivera, plantea la supresión del Tribunal Constitucional por considerar que está absolutamente politizado y que muchos de los recursos de amparo sobre los que dirime suponen un ejercicio de enmendarle la plana al Supremo. Ciudadanos plantea, en este sentido, una reforma del TS para que “sea de verdad el órgano supremo de la Justicia”.

No es España desde luego una excepción

Ante semejante propuesta, que consideramos una equivocación, cabe decir que la existencia de un órgano equivalente a nuestro Constitucional es esencial en cualquier sistema democrático. No es España desde luego una excepción. La inmensa mayoría de los estados avanzados cuentan con un tribunal así, que, entre otras funciones esenciales, vela por la adecuación de las leyes a la Norma Fundamental o arbitra ante conflictos competenciales entre el Estado y los entes de gobierno regionales. Ni qué decir cabe que en nuestro sistema de las autonomías esto último resulta imprescindible.

Otra cosa bien distinta es que haya que terminar con la politización del TC. O mejor dicho, del partidismo de los magistrados que lo integran. Pero cuestionar su existencia no puede tener cabida en ningún debate político mínimamente serio.

Puede tener razón Ciudadanos en que se abusa en exceso en la admisión a trámite de recursos de amparo, que se ha convertido en una vía más para mantener vivos litigios que debieran agotarse con el fallo del Supremo. Y ahí sí cabría plantearse la creación de una sala especial de casación en este mismo Tribunal que permitiera en determinadas circunstancias ofrecer nuevas garantías procesales al ciudadano. Justamente para descargar al Constitucional de trabajo y que realmente pueda centrarse en las funciones que son exclusivas de un órgano de su naturaleza.

Hasta el 71% de los ciudadanos considera que el TC está politizado y que en sus fallos no siempre es absolutamente parcial.

Pero, más allá, sirva este debate para insistir en la urgente necesidad de modificar el sistema de elección de los miembros del TC. Una institución tan fundamental en el Estado no puede seguir siendo tributario del poder de los partidos. En lo que llevamos de democracia, PSOE y PP, en connivencia a veces con otras formaciones como las nacionalistas, se han repartido los sillones del Constitucional en un cambalache escandaloso, que ha minado la credibilidad de la que debe gozar. Tan es así que, según las encuestas, hasta el 71% de los ciudadanos considera que el TC está politizado y que en sus fallos no siempre es absolutamente parcial.

Supone un desprestigio muy peligroso para la credibilidad del Estado de Derecho, dado que de este Alto Tribunal depende la interpretación última de la Constitución y por sus manos pasan asuntos clave para el país, como lo fueron en su día la inconstitucionalidad de algunos artículos del Estatuto de Cataluña o la prohibición de la consulta independentista, por citar sólo dos casos de gran trascendencia.

El cambio en el modo de elegir a los magistrados sí debería ser una prioridad en la próxima reforma constitucional. Y cabría estudiar fórmulas exitosas en otros países como la de que los integrantes ocuparan el cargo por periodos que abarquen varias legislaturas, lo que les garantizaría una independencia total respecto a los partidos y a las mayorías parlamentarias de turno.

Categoría: Opinión