En campamentos improvisados viven aún familias deportadas a Colombia

26 familias viven una situación "complicada" tras seis meses de ser deportadas de Venezuela

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, venezuela. Redacción Sumarium) – Luego de seis meses del cierre de la frontera, una veintena de familias viven en campamentos improvisados en Cúcuta, donde esperan que alguna autoridad colombiana les dé una solución.

Tal es el caso de Jhon Jairo Beltrán de 33 años, quien aquel 26 de agosto de 2015, subió a toda su familia al carro y salió lo más rápido que pudo de Barinas rumbo a Colombia, dejando todo atrás para vivir entre sábanas y cartones que simulan techos y pisos.

“Durante un tiempo los 10 vivimos en una habitación”, dice Beltrán. “Cuando la ayuda se acabó, empezaron a cortarnos los suministros de luz y agua y después nos sacaron de la casa”.

Hoy Beltrán trabaja recolectando chatarra para poder dar de comer a los niños al cuidado de la madre, porque no van al colegio: “Nos pagaron la matrícula, pero no tenemos para los útiles y el seguro escolar”.

A su lado se encuentra Daniela López de 13 años, quien escucha atenta: “Yo sí voy a la escuela, estoy en octavo curso. A mi hermana y a mí una señora nos pagó el uniforme y los libros”.

Daniela, quien es hija de una mujer sin estudios que cruzó la frontera para dedicarse a la compra-venta de bolívares por la ausencia y apoyo de una figura paterna, lo que más extraña es entrenar con el club femenino de fútbol de San Antonio del Táchira: “Aquí no tenemos recursos para que pueda seguir entrenando”.

Los habitantes de esta última acampada callejera recibieron todas las ayudas del Estado pero no consiguieron encontrar trabajo, por eso decidieron volver al lugar donde primero les acogieron. Mientras que el dispositivo organizado por la Unidad de Gestión de Riesgo, encargada de dar respuesta en estas situaciones, terminó el 7 de noviembre y ellos quedaron por fuera.

“Ahora mismo la situación con estas familias es complicada: hay problemas con los vecinos, son muy cochinos y tienen que aprender que hay reglas… Ya no dejamos que los menores duerman dentro, tuvimos problemas porque la sala es comunal y tenían relaciones sexuales”, explica Willinton Muñoz, coordinador del Centro de Migraciones de Cúcuta, al diario El País.

La congregación da tres comidas al día a los niños y les deja usar el baño. Los adultos se lavan y hacen sus necesidades en un canal contiguo lleno de desperdicios y agua estancada, lugar idóneo para infecciones y el criadero perfecto para el mosquito transmisor del zika.