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Erradicar la violencia machista exige reforzar los juzgados especializados

Casi la mitad de las víctimas que no denuncia (45%) lo hace porque no concede la suficiente importancia a la violencia de género sufrida.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Mundo)- El asesinato, el pasado viernes, de dos niñas de cuatro y nueve años, presuntamente, a manos de su padre en Moraña (Pontevedra) ha conmocionado a la opinión pública por la truculencia del suceso. El parricida, David Oubel, será el primer acusado que se enfrente a la prisión permanente revisable. Su caso encaja en el artículo 140 del nuevo Código Penal, que contempla esta figura para los asesinatos de menores de 16 años. Más allá de las consecuencias penales que pesen sobre el acusado, el episodio vuelve a situar la violencia de género como uno de los principales cánceres de nuestra sociedad y enfatiza la exigencia de articular los instrumentos necesarios para erradicar esta pandemia, sobre todo, en el ámbito judicial.

Cerca de 2,5 millones de mujeres han sufrido algún tipo de violencia sexual o física.

Anclado en un machismo ancestral que no termina de extirparse, España sigue dando pasos atrás con relación a la violencia de género. El último macrosondeo del CIS, hecho público en marzo, reveló que cerca de 2,5 millones de mujeres han sufrido algún tipo de violencia sexual o física. Resulta desolador comprobar que ni los instrumentos legales y jurídicos que las diferentes administraciones han puesto en marcha, ni las campañas de concienciación difundidas durante los últimos años no han evitado que tres de cada cuatro víctimas de violencia machista no denuncie a su agresor. Precisamente, ya sea a su agresor, al proceso judicial o a perder a sus hijos, el miedo constituye el factor clave que explica la inhibición de las mujeres que padecen este acoso. El resultado es que casi la mitad de las víctimas que no denuncia (45%) lo hace porque no concede la suficiente importancia a la violencia de género sufrida. Este porcentaje subraya tanto el insuficiente arraigo de la conciencia sobre esta lacra como la cultura patriarcal que aún sigue dominando una parte sustancial de la sociedad española.

La aprobación en 2004 de la ley contra la violencia de género, impulsada por Rodríguez Zapatero, supuso un avance inédito en la lucha por extirpar este tumor. Fue el primer paso para revertir la situación de discriminación e infravaloración social de la mujer de un ámbito estrictamente privado a la esfera pública. Pero, una década después, el Gobierno debería actualizar esta ley para mejorar su aplicación mediante la extensión de los juzgados especializados y un refuerzo de la pedagogía -de la que deberían quedar impregnados todos los agentes implicados- sobre las características especiales de esta clase de violencia.

Conviene reforzar las acciones en el terreno de la educación con el fin de evitar que los patrones sexistas sigan perpetuándose.

El número de mujeres fallecidas por violencia sexista alcanzó las 51 en 2014. Es una cifra similar a la de los años anteriores, lo que indica que España sigue sin articular una política eficaz en esta materia. Situar esta realidad -que se agrava especialmente durante el periodo estival – en el centro de la agenda pública debería ser prioritario. Asimismo, conviene reforzar las acciones en el terreno de la educación con el fin de evitar que los patrones sexistas sigan perpetuándose entre generaciones. Según el Ministerio de Sanidad, una de cada tres españolas de entre 15 y 19 años ve aceptables las conductas atávicas de presión a las mujeres jóvenes que derivan en la denominada violencia psicológica de control, antesala del maltrato físico. Ninguna medida de corto alcance soluciona esta anomalía. Urge, por tanto, intensificar la educación en los valores de igualdad, especialmente, entre los jóvenes y adolescentes.

Categoría: Opinión