Escasez, colas y enfermedades: Lo que sufren las madres venezolanas

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium).- Glenda Pérez, una venezolana que vive en el barrio Unión de Petare, en el municipio Sucre, también se ha visto afectada por la situación del país, para la dama que se gana la vida como peluquera a domicilio comenta que este ha sido “el peor año de su vida”.

“Hace un par de años podía tener entre 20 y 30 clientes por día, y los fines de semana eran muchos más. Ahora sólo tengo 7 u 8 en un día bueno. Ya la gente no quiere arreglarse. Sí tengo mis clientes fijos, pero todos estamos es preocupados por comprar comida”, señala con los ojos húmedos, la mirada perdida y la voz entrecortada .

Para ella, como para millones de venezolanos, “la situación del país ha hecho más difícil todo”. Lo que más le duele es que a veces no tiene ni qué darle a sus hijos de 5 y 6 años.

En un trabajo realizado por el diario 2001, Pérez relata que sus hijos en este año escolar ya han perdido varias clases. “Si no tengo comida, si no hay ni para la merienda no van a la escuela. A veces los acuesto sin comer”.

Para la ama de casa en estas navidades no se le pasa ni por la mente un regalo, lo único que espera es tener comida. “Sueño con un Niño Jesús, pero con esta economía es imposible”, asegura.

MÁS PROBLEMAS

Para Glenda Pérez, los problemas no terminan ahí, ya que tiene que atender a su madre, quien hasta hace poco hacía trabajo comunitario con la Alcaldía de Sucre, le dio un ACV (accidente cerebrovascular) a comienzos de octubre. La joven quien no pierde la fe indica que se ha recuperado poco a poco. “Está mejor, busca caminar y hablar”, comenta que su mamá quedó con “medio cuerpo dormido”.

Asimismo, agregó que su esposo está preso desde hace 4 años. “Lo tienen en El Rodeo. Unos funcionarios del Cicpc, se lo llevaron un día luego que salió de ver a un muchacho que mataron en la zona, por lo cual está investigado. Antes lo visitaba seguido, ahora no he podido ir a verlo desde hace tres meses, no tengo comida para llevarle”.

Mientras, esperan desde agosto que el tribunal que lleva su caso lo atienda. “Los niños quieren que venga su papá para que les dé comida. Yo sólo consigo plátano y yuca”, dice.

“NO COMO TRES VECES AL DÍA”

En otro caso, Carmen Hernández, de 50 años, también se ha visto afectada por la crisis económica. A la señora le cambio la vida en 2013, cuando su vivienda ubicada en el barrio Unión de Petare, se le cayó a causa de unas fuertes lluvias.

Tras quedar sin vivienda Hernández actualmente vive en una sede de la Fundación Venezolana Pro-ura de la parálisis (Fundaprocura). Para ella aún tiene la esperanza de volver a la zona donde creció. “En 3 años, mi vida ha cambiado una barbaridad, y no sólo por mi vivienda, sino por la situación del país. Soy sola y el dinero no me alcanza para nada”, comentó.

La venezolana, sale todos los lunes para ver qué consigue, por la cédula ese es el día que le toca comprar los “productos regulados”. “Lo que más encuentro es harina de maíz y arroz. Vivo del día a día, nunca sé si podré comer. No como tres veces al día, si hay almuerzo no hay cena”. “¿Sabes? Antes comía bien, merendaba siempre. Ya no. Es difícil no tener comida en la nevera”, señaló.

Carmen, al igual que Glenda, ven venir este diciembre “muy triste”. “Estoy llorando porque este año para mí no hay Navidad. Extraño todo. La alegría de este mes (noviembre) era increíble, ahora hay mucha tristeza. Hay quienes ni podremos comer hallacas ni bebernos una cervecita. Estamos ‘purificados’ de comida, bebida y medicamentos”, lamenta.

NO PIERDEN LAS ESPERANZAS

Tanto Carmen, como Glenda se aferran a Dios. Creen en Venezuela y por eso aseguran que siguen aquí. Carmen anhela volver al barrio Unión, pero más que todo, desea que el país mejore. Ambas le piden mucho a Dios. “Queremos que esto se acabe”.