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Iglesias pule un discurso inviable

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

Entre el Pablo Iglesias que en octubre del año pasado arengó a los suyos, en un alarde de verborrea marxista, “a tomar el cielo por asalto, no por consenso”, y el que ahora alienta a seguir trabajando para “hacer posible acuerdos con el PSOE”, media un abismo de tan sólo seis meses en el que Podemos se ha hecho mayor.

Domesticadas sus propuestas y tras soltrar lastre con la salida de Monedero, la formación que aglutina buena parte de la conciencia y el descontento que eclosionó con el 15-M aspira a representar una alternativa como la del PSOE de Felipe González antes de la victoria del 82, que entonces sedujo a la izquierda con una retórica embriagadora contraria a la OTAN y una fiscalidad elevada para las rentas altas.

Podemos lo hace sin abjurar de sus orígenes radicales, conservando el flirteo cuando no el culto a los populismos de América Latina y aventando una política económica, basada en el aumento desproporcionado del gasto público, que irremediablemente conduciría a nuestro país al desastre en la medida en que supondría regresar a la situación previa que desencadenó la crisis económica.

“El populismo de izquierdas es clave para el cambio”, sostiene Iglesias sin rubor en la entrevista que hoy publica EL MUNDO. La suavidad en el discurso que ahora se gasta, apoyada aún en la virginidad institucional de su proyecto, contrasta con la indefinición en asuntos clave -la estructura territorial o las relaciones con la Iglesia- y, sobre todo, el empeño en el relato ambiguo y viscoso con el que embadurna su oratoria sobre América Latina. El líder de Podemos asegura que “condena” el encarcelamiento de presos políticos en Venezuela, pero no duda en calificar de “positivo” el balance del chavismo.

Iglesias obvia los efectos demoledores del derrumbe del régimen asistencial orquestado por Chávez, fruto en gran medida de la caída del precio del petróleo durante el desastroso mandato de Maduro. También silencia el estado comatoso de otras economías del continente, como la argentina, lastrada por el hiperproteccionismo, la inflación y el empobrecimiento de las clases medias.

Donde Iglesias sí ha abrazado el pragmatismo es en el análisis en clave nacional. “Quien quiera ser puro ideológicamente que no haga política porque ésta implica mancharse y asumir contradicciones”, señala.

Tal posibilismo, fruto de su determinación para alcanzar el poder, explica que en esta campaña pida el voto de los que apoyaron al PSOE en 1982. Sin embargo, el programa con el que Podemos concurre a los comicios del 24-M está cargado de propuestas con una financiación sin concretar, como la extensión de la educación universal y gratuita desde los 0 años o la creación de una difusa renta de “inserción”.

Todo ello trufado con una política fiscal irrealizable que incluye la eliminación de parte de las deducciones en la cuota autonómica del IRPF y el aumento de las cargas impositivas a las rentas superiores a 50.000 euros, una medida que desprende un tufillo casi confiscatorio.

La moderación de su plática puede estar en el origen del retroceso en las encuestas: Podemos bajó del segundo al tercer puesto en intención de voto en el último CIS. Iglesias acierta en suavizar el tono, pero le resultará difícil convertirse en un líder capaz de abanderar una alternativa de gobierno creíble mientras no abandone la demagogia propia de recetas políticas que ya fracasaron.

Categoría: Opinión