JC Zapata: ¿Y cómo saldrán Maduro, Cilia y Diosdado de este laberinto?

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – El periodista Juan Carlos Zapata analizó este viernes los recientes hechos ocurridos con los venezolanos detenidos en Estados Unidos y que son presuntos familiares de la primera dama, Cilia Flores, y el impacto que esto tendrá a menos de un mes de las elecciones parlamentarias del próximo seis de diciembre.

En un artículo publicado en Konzapata.com, el comunicador se preguntó ¿cómo saldrán Nicolás Maduro, Cilia Flores y Diosdado Cabello de este laberinto?

“Un escándalo hierve en todos los rincones del país. Un escándalo que impacta de manera directa a la pareja presidencial y también la campaña oficial para la Asamblea Nacional y pone en peligro el poder de Cabello”, dijo.

A continuación el texto completo escrito por Zapata y reseñado en el medio:

En la historia reciente del poder, esta versión no deja de ser oportuna. Y es la versión que el grupo madurista ha intentado oficializar. Que son ellos, Elías Jaua, Nicolás Maduro, Tareck El Aissami, Jorge Arreaza, entre otros, quienes le solicitan a Chávez que vuelva de la Habana y pronuncie las palabras para afirmar la opción Maduro. El Maduro candidato. Y el Maduro al que el chavismo debía elegir Presidente. El caso es que de no hacerlo -copio palabras de una fuente vinculada al grupo-: “La unidad del chavismo no hubiera sido posible debido a los apetitos manifiestos en el sector militar”. Mejor dicho, debido a los apetitos de Diosdado Cabello.

El chavismo estaba partido. El chavismo nació producto de una traición, de un golpe de Estado, el de 1992; y en abril de 2002 volvieron a traicionarse. Es el exministro y exgobernador, Rafael Isea, quien ha confirmado que en tiempo de la enfermedad, un grupo conspiraba contra otro. Que el más intrigante de los factores era Tareck El Aissami. Después, Chávez muerto, Chávez desaparecido, viene la grabación de Mario Silva en la que la traición queda expuesta como un mapa de guerra pegado a la pared con todos los elementos marcados en varios colores.

¿Qué ha sido el chavismo en los años de Chávez y en los años de Maduro? Un proceso de purgas. Los comandantes. Miquilena. El MAS. Podemos. La boliburguesía. Baduel. A Cabello lo aislaron e intentaron sacarlo de juego solo que en los momentos cruciales contó con el respaldo de Chávez. Más tarde vino la purga de Giordani y sus amigos. Y en las últimas, Rafael Ramírez y todo ese movimiento que se declara chavista pero que no forma parte de la estructura de poder, entre otros, Marea Socialista. 

Las purgas de Chávez eran más políticas. Los conflictos de los últimos tiempos tienen ese tufillo a corrupción, a Cadivi, a empresas de maletín, a cuentas en Andorra, España y Suiza; a contratos, a importaciones, a narcotráfico. Chávez también sufrió su propio escándalo. El de Makled. Desde ese momento, se estableció la diferencia. El chavismo no solo nació torcido, hijo de la traición, sino que se pudrió demasiado pronto. Con el tiempo, las operaciones de Diego Salazar opacaron a los Fernández Barrueco, a los Arné Chacón, a los Torres Ciliberto. Con el tiempo apareció Leamsy Salazar, abriendo una ruta peligrosa. Con el tiempo, ocurre esto último, lo de los sobrinos presidenciales detenidos en Haití, imputados en Nueva York, acusados del delito del narcotráfico.

El madurismo, en efecto, al parecer convenció a Chávez de que dejara por sentada su preferencia por Maduro. Pero el madurismo hoy ha guardado silencio en torno al escándalo de los sobrinos. Dirán que están ocupados en la campaña, en vender huevos, en importar alimentos, en construir viviendas, en acomodar la economía. Si el madurismo hace mutis, ¿qué no hará el cabellismo? Tal vez algunos de los elementos que componen esta corriente dirán “lo advertimos”. Este es un periodo de transición. Giordani alertó del vació de liderazgo. Jaime Lusinchi se entregó en brazos de Blanca Ibáñez y botó por la ventana todo su capital político y en buena parte el de AD.

Carlos Andrés Pérez criticó a Lusinchi y algo parecido hizo con Cecilia Matos, lo cual coadyuvó a su propia desgracia. A Ramón J. Velásquez casi se lo lleva el vendaval del indulto a Larry Tovar Acuña, pero Velásquez no representaba nada en el poder, y por tanto, el caso quedó en el olvido.

Este escándalo que surgió en Haití y se prolonga en Nueva York y le da la vuelta al mundo, no sabemos aún qué consecuencias acarreará para el poder. La lección es que Maduro y Cilia mucha cancha le dieron a la familia. Ha sido práctica en el chavismo. Gobernar con la familia. Favorecer a la familia. Y hay de todo en familia. Y hay más, si se goza de la impunidad del poder.

Se pensaba, sí, que Maduro estaba ungido por la suerte y el azar. Antes del cáncer, ¿quién lo veía Presidente? Veían a Adán Chávez, veían a Cabello, veían a Ramírez y a José Vicente Rangel, inclusive, pero ¿cuándo a Maduro? ¿Y cuándo Cilia Flores casada con el Presidente, y ascendida al rimbombante puesto de Primera Combatiente? Si lidió con éxito la crisis de la extraña ventaja ante Henrique Capriles Radonski, si lidió con éxito las protestas de 2014, si lidió con éxito la purga de Rafael Ramírez, si ha lidiado con Cabello todo este largo tiempo, ¿qué va a pasar ahora? En Argentina, cambió la tendencia política. En Birmania, la oposición le dio una paliza en las parlamentarias a un régimen que lo tenía controlado.

Qué gran vaina le echaba Chávez a Cabello cuando se iba. Se despedía y designaba a Nicolás Maduro sucesor. Antes las sospechas eran firmes, al retirarlo de la candidatura a la gobernación del estado Carabobo y ponerlo en la Vicepresidencia, lo más cercano a la silla presidencial. El detalle que pesaba eran las palabras de Chávez: Maduro desde mi corazón, y allí, a su lado estaba el hombre, el vicepresidente y canciller, no cualquier cosa, por cierto.

Diosdado lo había hecho todo, lo había hecho casi todo para convencer a Chávez de su lealtad y convencer al pueblo chavista de su “amor” al comandante, y ahora estaba esto. Le pagaban de esta manera. Es otro el designado. Otro el sucesor, aquel casi desconocido por la militancia, por los cuadro del Psuv. Dónde quedaba aquello de que era el segundo hombre del régimen. Si era el segundo, ¿cómo es que el sucesor era Nicolás? ¿Acaso estaba condenando a ser siempre el segundo? El de Chávez y el del sucesor. Siempre estará en la fotografía, ¿pero en plan de segundo?

Diosdado no le restaba méritos al canciller-vicepresidente. Sin embargo, el entorno seguía teniéndole ojeriza. Así como de las filas internas emerge la intriga contra Diosdado, también de las filas del diosdadismo emergerá la duda de que Maduro se sostenga en el poder, y por tanto, había que estar avisado sobre la crisis en marcha, el estallido social, la bomba económica, el referendo revocatorio o la convocatoria de nuevas elecciones. Y ahora esto.

“Esto es una transición”, me dijo uno de los amigos de Diosdado Cabello en un encuentro casual en un restaurante. Y el propio Diosdado se ha comportado como si él tuviera bajo su responsabilidad el tutelaje de la administración Maduro.

Hoy pocos han abierto la boca. Infamia. Mentiras. Campaña mediática. La Patria sigue. Son frases de protocolo. Los medios oficiales ignoran los hechos. No hay noticia. No ha habido caso en Haití ni en Nueva York. Pero el escándalo es dinamita pura en las elecciones que se vienen. Si las encuestas ya estaban en contra del Gobierno, si el rechazo a Maduro era ya alto, ¿cómo evolucionarán los números y el panorama político y electoral? El escándalo ha comenzado a subir cerro. Y se venía, demasiado pronto, del escándalo ocasionado por las revelaciones del fiscal Franklin Nieves, sobre el juicio amañado contra Leopoldo López en el que Maduro y Cabello tendrían alta responsabilidad.

Maduro se había superado. Había convencido a los hermanos Castro y a Chávez de poder interpretarlos en política internacional. Pensar que en 1999 el comandante Jesús Urdaneta Hernández lo tenía bajo la lupa. Pero se superó. Llegó a diputado. Alcanzó la presidencia de la Asamblea Nacional. Dicen que desde ese momento comenzó la transformación. Atrás quedaban las minucias. Nacía Nicolás Maduro, el hombre de Estado, un funcionario con sentido de responsabilidad e historia. Más nunca hubo referencias a negociados, ni siquiera cuando Cilia Flores alcanzó también la presidencia de la Asamblea Nacional y favoreció a familiares, costumbre que aún sostiene desde su nuevo papel de primera dama y primera combatiente de la revolución. Tanto se había cuidado Maduro y hora esto. ¿Cómo saldrá de esta situación?

Se impuso sobre Cabello declarando mayor incondicionalidad a Chávez. Contaba, a decir de Rafael Isea, con los informes cargados de intriga elaborados por El Aissami, entonces ministro de Interior. Antes, Maduro, por su parte, proponía la reforma a la Constitución para introducir la reelección indefinida, haciendo suya una bandera asomada inicialmente por Luis Velásquez Alvaray cuando todavía era diputado, y era quien forzaba la barra, pues aspiraba a ser magistrado, y ganarse la voluntad de Hugo Chávez. Se puede decir que Velásquez Alvaray -dirigente surgido de las filas del reformismo del MAS- es el primero en jugar adelantado con la línea de la reelección, pero Maduro fue quien recogió los frutos.

El resultado estaba a la vista. Chávez se iba y le endosaba a Maduro-si se puede hablar de endosar-el capital político suficiente que lo conduciría a la cúspide del poder. ¿Cómo se iba a imaginar el Maduro, flaco, pelo largo, de aquellos días de juventud cuando se metía de lleno en cursos de formación política en Cuba, que la vida lo iba a colocar en el momento crucial de ser el sucesor de Hugo Chávez? Un año pasó en La Habana, formándose, en tanto era un cuadro de la Liga Socialista.

También está 1989. Aquí llega un dato de suma importancia, recogido en los tiempos en que Maduro era el canciller de Chávez. Una alta fuente de la cancillería cubana -consultada en exclusiva- confiesa que Maduro, desde 2004, 2005 y 2006, ya poseía vara alta en la estructura fidelista. Y la confianza depositada hacía volver la vista atrás, y recordar -decía la fuente- que conocieron a Maduro en 1989, a propósito de la visita de Fidel Castro a la segunda toma de posición presidencial de Carlos Andrés Pérez. En aquella visita a Caracas, Maduro formaba parte del cuerpo de delegados sindicales encargado de mostrarle el Metro de Caracas al presidente cubano. Era autobuses, como se sabe. Chófer de Metrobús. Fue tal su entrega y colaboración en los preliminares cuando los funcionarios cubanos preparaban el terreno y cubrían los aspectos de seguridad para Castro, que nunca lo olvidaron; imposible olvidarlo, por el vozarrón, por la estatura, porque era simpático y alegre, que la música la lleva adentro.

Esta alta fuente de la cancillería cubana es de extrema credibilidad, pues ella misma estaba entre la avanzada de funcionarios medios castristas que trabajaron en conjunto con Maduro y sus colegas. Luego, ya en la visita, ocurre el enganche con Fidel Castro, quien tampoco va a olvidarlo.

Tampoco la oposición le negaba elogios a Maduro, hasta que se alza con la presidencia, y cambia, muta, ejerce el rol que le obligan las circunstancia: levantan la voz, amenaza, insulta, interviene empresas, pide poderes habilitantes, empeñado en ganar en autoridad, empinarse en liderazgo, necesitado de imponerse sobre sus adversarios internos y externos y sumar legitimidad. Antes, lo ubicaban en el grupo de los dirigentes de perfil cordial, de diálogo, entrador, reposado.

– Hay tipos que nacen con suerte- dijo el amigo de Diosdado en el restaurante, referente a Maduro.

La suerte de la imagen. O porque Chávez creía que iba a regresar y una vez de nuevo en el trono le diría, gracias Nicolás, gracias, y ya. No más. Nada más. En todo caso, al decantarse por Maduro, también de nuevo pudieron tener importancia los rumores y la intriga palaciega. En asuntos del poder la administración de la imagen es crucial. Lo que piensan el líder es clave. Lo que proyecta, lo que dicen. El prestigio es fuerza, valor agregado, muralla. Sin prestigio no se alcanza la victoria.

Pensar que, de repente, el desenlace había comenzado el 9 de mayo de 2011. Chávez suspende una gira por Brasil. Ecuador y Cuba. Mejor dicho. Se va a La Habana. Una reciente dolencia en la rodilla que él atribuía a una antigua lesión de sus años de cadete, estaba ahí, le molestaba, lo sacaba de juego, obligándolo a salir antes de las cámaras con la ayuda de un bastón. No se trataba, sin embargo, de una simple lesión. Era cáncer. Y en La Habana Fidel Castro le da la noticia. En La Habana lo operan. Y desde La Habana le habla al país.

Ese primer discurso suena a despedida. Comienzan las especulaciones. Sin Chávez el régimen se debilita mientras que, por el contrario, la oposición, agrupada en la MUD alcanza acuerdos prácticos y de relevancia que la conducen al 12 de febrero de 2012 a realizar las exitosas elecciones primarias de las que sale electo Henrique Capriles Radonski candidato presidencial.

Mientras, se siente la ausencia. El líder omnipresente no está. Hay movimientos internos en el Psuv. Adán Chávez viaja a La Habana. La familia viaja a Cuba. La especulación inmediata es que sí Chávez se muere, Adán sería el sucesor. Al mejor estilo de la propaganda soviética, china y cubana, se publican fotos de los dos hermanos como si se tratara de un mensaje cifrado-.

¿Qué pasa con Diosdado? Aparte de la solidaridad automática expresada por la dirigencia chavista, los primeros días guarda silencio. Analiza el terreno. Táctica militar. La siguiente especulación es que Adán es el primero en la línea sucesora y al lado de este lo siguen Elías Jaua, Nicolás Maduro y su amigo y protegido, el presidente de Pdvsa, Rafael Ramírez. 

Se supone entonces que Diosdado ha quedado por fuera. Se le mueve el piso. Transcurren las horas. Dos semanas más tarde reaparece el diputado Cabello. Entre los suyos se ha corrido la especie de que Diosdado ha enviado también el mensaje. Con él, se sostiene el régimen. Sin él, no hay garantías. En los puestos de comando de la Fuerza Armada predominan sus amigos, la promoción de la que él formó parte. En el Psuv buena parte de la maquinaria le es leal. En el gobierno los puestos clave -menos Pdvsa- son colocaciones suyas. ¿Y el Parlamento? Esa es su nueva fuerza.

Y el pulseo ha sido captado por los diputados de la oposición. Observan cómo la bancada roja se dirige a Diosdado con más miedo que respeto. Cómo en el seno de la comisión que presidía en el primer año de diputado “raso”, cada vez que intervenía se imponía un silencio reverencial. Por los pasillos del Capitolio transita inflado de poder, y sin embargo, ello no implique que -al contrario de otros rojos- salude a escogidos colegas de la oposición y hasta, en una primera etapa trabaje en sintonía con algunos de ellos. Así se ha ido imponiendo. Poder, celo, miedo y fuerza. Los elementos que lo hacen intolerable de cara a la opinión pública antichavista; elementos que explota y enfatiza ya en la presidencia de la Asamblea, o desde su programa de TV.

En el cargo parecer seguir un patrón. Jamás llega a un debate sin el guión establecido. Ante del tránsito de la oficina al hemiciclo todo está debidamente preparado, con el margen de algunas variaciones que puedan imponer los imprevistos, claro está. Pero se ha dispuesto del uso de los recursos, videos, fotos, documentos, y establece quién habla y qué dice. Él mismo impone la agenda y escoge la víctimas de la sesión, reservándose para sí a los enemigos de postín, los suyos propios, por viejas o nuevas deudas, llámese Julio Borges o Juan Carlos Caldera. Voy por ti, puede ser su frase preferida, y que lo digan el Gato Briceño o Tarek William Saab. Arriba, en la silla desde la cual ordena y ejecuta, se muestra hosco, ceño fruncido, atento a los detalles, anotando cada incidencia y la verdad es que a la hora del cierre de la jornada, pocas cosas se le escapan. Más que el líder de un parlamento semeja un comisario político. O el jefe de una mafia, según afirma Capriles Radonski.

De modo que nada es casual. No es azar que medio año más tarde, en diciembre de 2011, se imponga y luego en enero aparezca como seguro presidente de la Asamblea Nacional. Se descarta de un plumazo a Fernando Soto Rojas. Diosdado impone su nombre. Se da por descontado que maneja información fidedigna de la enfermedad del Presidente. Lega a comentarle al familiar suyo que Chávez no está bien. La información es poder. De nuevo se cumple la sentencia.

Antes, en julio, debían venir los tradicionales ascensos militares. Pero el cáncer lo congelaba todo. La marcha del gobierno y también las movidas en la Fuerza Armada. En julio, los analistas militares concluyeron que la jugada de Chávez era contra Diosdado, contra sus cuadros. Hay que ver esto en perspectiva. Apenas tres meses atrás el cáncer ha explotado y ya las movidas son para evitar que Diosdado incremente su radio de acción, su influencia, su poder. Pero nada. Pues paso a paso, la familia Chávez cede terreno. Adán no se siente el sucesor seguro y Argenis titubea en la solución de la crisis eléctrica nacional, tanto que su hermano Hugo le niega ser ministro cuando busque sustituto para Alí Rodríguez. Mientras Jaua, Maduro, Adán y también – ¿por qué no?- Rafael Ramírez, se sienten ungidos, Diosdado Cabello, por el contrario, sabe de los factores en contra. Es ahí cuando pesa el bestiario de que se escondió el 11 de abril. De que se ha enriquecido. Que es le líder del chavismo sin Chávez. Que es la encarnación de la derecha endógena.

Espantar los demonios solo requiere de tiempo, trabajo y organización. Y el tiempo comienza a jugar a su favor. Chávez no se muere en 2011. Chávez aguanta. El trabajo y la organización los pone Diosdado. De hecho, Chávez vuelve a colocarlo en posición de mando en el Psuv, aunque en calidad de jefe del Comando de Campaña Carabobo designa a Jorge Rodríguez, el alcalde de Caracas, enfrentando a Freddy Bernal, aliado este un tiempo de Cabello; y Rodríguez, más amigo de Maduro que de Diosdado, aunque nuevo amigo también de Diosdado, quien en los actos oficiales de la Asamblea no deja de incluirlo en la lista protocolar.

Con el paso de los días, ni la campaña en contra ni las movidas internas impiden que llegue a la presidencia de la Asamblea Nacional. Gran demostración de fuerza. Esta jugada fue interpretada así por Teodoro Petkoff: “Y Diosdado debe haber sentido que los acontecimientos pueden precipitarse y que necesitaba estar en una posición de poder real. Una conclusión podría tal vez establecer: el poder absoluto de Hugo Chávez ha sufrido una cierta erosión”.

Luego, en 2012, se echa la campaña encima. La organización es suya, un Chávez limitado que no recorre el país le brinda la oportunidad a Diosdado de volcarse a llenar ese vacío, no tanto en imagen, sino en organización, estructura. Es la primera campaña en la que el partido, el Estado clientelar, y el cáncer -la lástima como arma, la manipulación superlativa- pesan más que Chávez- Al punto de que este, para evitar la remontada del contendor en un arranque de fortaleza, tiene que fajarse en el último mes de campaña, salir al encuentro del país, de sus fieles votantes, mostrarse sano, recuperado, repotenciado.

Pero ya Maduro es el sucesor. Y Chávez lo unge. Y ambos se declaran hijos de Chávez. Y pactan. Pactan por un tiempo. Un tiempo nada más. Porque se nota en esta campaña. Es esta elección de la Asamblea Nacional, este 2015, las relaciones se han desacomodado. Hay de nuevo un tira y encoge. El poder está de por medio. Primero el de la Asamblea Nacional. Y después la Presidencia de la República. Lo ha dicho Henry Ramos Allup. La oposición avanza. Y el riesgo de que se repita lo de Argentina y Birmania no es un capricho. De modo que la pareja, los que una vez actuaron casi como gemelos, Maduro y Cabello, pasan por una hora difícil. Y cada quien pensará en Chávez. Cada uno dita “si estuviera Chávez”.

Por lo pronto, de manera oficial la campaña comienza hoy. Y el país espera el regreso de Maduro y Cilia. Un escándalo hierve en todos los rincones del país. Un escándalo que impacta de manera directa a la pareja presidencial y también la campaña oficial para la Asamblea Nacional y pone en peligro el poder de Cabello. 

Otra vez hay una especie de eterno retorno. Al punto de 2012. A la despedida de Chávez. A la sucesión. A la traición.

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