La Argentina que deja el kirchnerismo

El nuevo presidente recibirá un país sin estadísticas oficiales fiables desde que en 2007 Kirchner intervino el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

La Argentina que deja el kirchnerismoCrédito: Juan Mabromata/ AFP
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(Buenos Aires, Argentina. Dpa)Cristina Fernández se prepara para poner fin a un ciclo de 12 años de gobierno kirchnerista con la imagen más alta con que se retiró un presidente tras dos mandatos consecutivos y con poder hasta el último instante, pero le dejará a su sucesor una herencia compleja que lo pondrá de inmediato a prueba.

La Argentina es un país de luces y sombras. El gobierno de Néstor Kirchner (2003-2007) continuó la recuperación que había iniciado el país en 2002 luego de la profunda crisis del año anterior, una de las peores de la historia, y la Argentina tuvo un shock de crecimiento a tasas promedio de 7 a 8 por ciento anual. Pero su esposa y sucesora no pudo sin embargo mantener la tendencia en sus dos mandatos consecutivos.

Una economía con varias luces de alerta prendidas, la amenaza del narcotráfico instalada, las relaciones internacionales desequilibradas y una sociedad dividida, y con un nivel de pobreza estructural que no se pudo atenuar, son algunos de los desafíos.

El nuevo presidente recibirá un país sin estadísticas oficiales fiables desde que en 2007 Kirchner intervino el Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec).

El país sudamericano, considerado uno de los principales graneros del mundo, atraviesa ahora un proceso proceso de estanflación, con muy bajo crecimiento económico e inflación que los consultores privados estiman en torno al 25 por ciento. Los aumentos salariales permitieron sin embargo mantener el elevado consumo interno, uno de los motores de la economía local.

ECONOMÍA REAL

“Hay un divorcio entre los números de la economía real y la percepción de cómo está. La gente mide según percepción más inmediata y como sigue teniendo acceso al consumo, viaja y compra autos, tiene una visión positiva”, alertó la analista Mariel Fornoni, de la consultora Management & Fit.

El déficit fiscal trepó a cerca del 7 por ciento del PIB, financiado con emisión monetaria, el peso argentino está sobrevaluado respecto a las monedas de sus principales socios comerciales, entre ellos Brasil, lo que le quitó competitividad a la producción. Existe además un mercado paralelo de divisas que cotiza un 70 por ciento por encima del valor oficial, producto del denominado “cepo cambiario”, las fuertes restricciones a las operaciones con moneda extranjera.

Fernández de Kirchner entregará además el gobierno con un superávit comercial que cayó a los niveles más bajos de los últimos tiempos y exiguas reservas de divisas internacionales, lo que prende un alerta de cara a los recursos que necesitará el próximo gobierno el año que viene para hacer frente a gastos, vencimientos de deuda y abastecer de moneda a los importadores.

Tarde o temprano, el próximo presidente deberá buscar una solución al conflicto con los “holdouts”, los tenedores de bonos en moratoria desde 2002, en su mayoría fondos especulativos de inversión, para poder regresar a los mercados financieros internacionales y poder acceder a créditos a tasas más bajas. También tendrá que normalizar las reglas de juego y los controles al capital para favorecer nuevas inversiones extranjeras.

Las trabas unilaterales a las importaciones que impuso Buenos Aires lo obligarán además a recomponer relaciones, también obligado por un fallo de la Organización Mundial de Comercio (OMC) que comenzará a regir a fin de año.

Relanzar las relaciones con el Mercosur, restablecer el diálogo con Estados Unidos y buscar un equilibrio en las alianzas estratégicas tejidas con Venezuela, Rusia y China serán otros de los desafíos en el plano internacional.

“A la Argentina le espera un escenario complicado” en el que “nadie discute ya la necesidad de hacer un ajuste” económico, advirtió el director adjunto para América latina del Fondo Monetario Internacional (FMI), Robert Rennhack.

A la par deberá luchar contra la inseguridad, una de las principales demandas desde hace años de la sociedad argentina, y combatir el narcotráfico, ante las señales de que carteles colombianos y mexicanos ya estarían operando en el país.

La pobreza, que un estudio de la Universidad Católica Argentina situó en cerca del 29 por ciento, es otro de los grandes problemas a resolver. Si bien la Asignación Universal por Hijo (AUH), una asistencia estatal para los jefes de familia desocupados o que ganan menos del salario mínimo, ayudó a miles de familias a salir de la pobreza extrema, no logró solucionar el tema.

Cada mes, unos 17,5 millones de personas -de los 40 millones de habitantes- reciben un cheque del Estado ya sea por jubilaciones, pensiones, empleo estatal o asistencia social. A esto se suman millonarios subsidios a la energía y el transporte y la necesidad de urgentes inversiones en infraestructura.

Pero el desafío quizás más difícil para el nuevo gobernante en el inicio de su mandato será construir su base de poder, luego de 12 años en que el kirchnerismo mantuvo la iniciativa y capacidad de gestión pese a perder las últimas dos elecciones legislativas de medio término.