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La amenaza nuclear persiste en el mundo, 70 años después de Hiroshima

La obsesión por garantizar la seguridad en un escenario tan inseguro es la prioridad de la diplomacia internacional.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Mundo) – El llamamiento a que desaparezcan del mundo todas las armas nucleares realizado ayer por el primer ministro japonés, Shinzo Abe, durante la conmemoración del 70º aniversario del lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima, resulta hoy tan bienintencionado como alejado de la realidad. Siete décadas después de aquel terrible episodio que, junto al bombardeo de Nagasaki, causó 250.000 víctimas mortales, la geopolítica planetaria está marcada por la capacidad nuclear de las grandes potencias, que la usan como la más eficaz y peligrosa arma de disuasión. Hasta el punto de que hoy se da la paradoja de que la estabilidad y el orden globales dependen en buena medida del equilibrio amenazador que representan las ojivas nucleares con las que cuentan los distintos Estados.

Hiroshima y Nagasaki no sólo no hicieron germinar en la humanidad el aborrecimiento de las armas de destrucción masiva, sino que fueron pretexto para que se intensificara la carrera nuclear. Así, el acceso a la tecnología más mortífera ha permitido, por ejemplo, al régimen estalinista de Corea del Norte mantenerse a salvo de ofensivas externas desde hace décadas. Y, a la vez, ha llevado a feroces enemigos como India o Pakistán a asumir una frágil coexistencia pacífica basada en la capacidad para apuntarse mutuamente con misiles nucleares.

La obsesión por garantizar la seguridad en un escenario tan inseguro es la prioridad de la diplomacia internacional. Así se ha comprobado en la larga y compleja negociación entre las principales potencias e Irán que acaba de culminar en un acuerdo histórico. Pese a las lógicas reticencias que mantienen Israel y los países suníes vecinos -en especial, Arabia Saudí-, lo pactado supone un freno a que el régimen de los ayatolás pueda hacerse con el arma nuclear al menos en el próximo cuarto de siglo. Y no se puede pasar por alto que si Obama no ha escatimado esfuerzos en el proceso de diálogo -con los republicanos en contra- se debe en gran medida al temor en la Casa Blanca a que se iniciara una imparable carrera nuclear en Oriente Próximo, puesto que Riad y otros viejos adversarios de Teherán llevan años coqueteando con la idea de acceder a la tecnología necesaria para disuadir a su gran rival. La perspectiva de un Oriente Próximo nuclearizado sería catastrófica. Por ello, no cabe sino felicitarse por el acuerdo logrado entre el G5+1 e Irán.

La obsesión por garantizar la seguridad en un escenario tan inseguro es la prioridad de la diplomacia internacional.

Por otro lado, pese a que la Guerra Fría sea ya cosa del pasado, la división en torno a los bloques encabezados por EEUU -con la UE y el conjunto de la OTAN detrás- y Rusia sigue siendo una realidad. Y la rivalidad y tensión se han recrudecido tras el estallido de la crisis en Ucrania. La amenaza que representa el neoimperialismo de Putin para las repúblicas ex soviéticas del este de Europa ha elevado las alarmas y ha llevado a la Alianza Atlántica a revisar su estrategia. Y recuperando el tono militarista que ya había caído en desuso, las autoridades rusas vuelven a hablar de la necesidad de actualizar su potencial nuclear “para asegurar la disuasión estratégica”.

Estamos, pues, ante un escenario en el que ningún actor internacional quiere prescindir de las armas de destrucción masiva como instrumento para mantener la paz. Pero ello tiene otra derivada sumamente preocupante: la posibilidad de que tecnología tan mortífera caiga en manos de agentes no estatales, como las redes yihadistas cada vez más organizadas y peligrosas, incluidos el Estado Islámico y Al Qaeda. Ése es el gran quebradero de cabeza de todos los servicios de Inteligencia y Seguridad. Con todo, a corto plazo lo máximo que cabe esperar es una actualización de los tratados de no proliferación y una mayor voluntad de la comunidad internacional hacia un desarme sostenido.

Categoría: Opinión