La angustia de vivir sin cédula en un estado de excepción

Un ataque de asma lo obligó a salir de su domicilio a pesar del gran temor que sentía por la posibilidad de que algún guardia lo detuviera en la calle, le pidiera la cédula o el pasaporte y lo deportara.

La angustia de vivir sin cédula en un estado de excepciónEFE
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(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – Un artículo de Efecto Cocuyo relata la zozobra con la que aún viven muchos de los colombianos en la frontera y cómo el temor les impide salir a las calles para satisfacer sus necesidades.

Es el caso de Gustavo Fonseca, un señor de 70 años de nacionalidad colombiana y que tiene más de 40 años viviendo en Venezuela, pero que nunca legalizó su estadía y por ende, ni él ni su mujer tienen pasaporte ni cédula venezolana.

Un ataque de asma lo obligó a salir de su domicilio a pesar del gran temor que sentía por la posibilidad de que algún guardia lo detuviera en la calle, le pidiera la cédula o el pasaporte y lo deportara.

Esa noche se arriesgaron. Un vecino se ofreció a llevarlos en busca de ayuda médica y en el camino descartaron pasar por el hospital Samuel Dario Maldonado porque hasta la fecha está militarizado. No quisieron tener un encuentro tan de cerca con los uniformados.

Es así como prefirieron llegar a la sede de la Cruz Roja, donde le recetaron un medicamento que pudieron conseguir con facilidad en una de las farmacias del pueblo. Cuando al señor Fonseca le dieron de alta, tomaron un taxi para volver a casa y su esposa, sus dos nietos y él estuvieron a punto de vivir aquello que temían cuando finalmente decidieron salir: una alcabala militar se aproximaba en la vía y no había manera de esquivarla. Detuvieron el vehículo y, ante el pedido de uno de los guardias, mostraron sus documentos de identidad. Los abuelos no tuvieron nada qué sacar.

-Señor, ¿usted no sabe lo que está pasando aquí?- le preguntó el militar.

-Claro que sé- respondió el señor Fonseca.

-¿Y por qué no se cuidan? ¿Qué hacen en la calle?- repreguntó el funcionario.

-Es que estábamos comprando unas medicinas porque estoy enfermo- dijo el abuelo, sereno.

Los nietos, asustados, no dijeron ni una palabra mientras transcurrieron aquellos segundos de incertidumbre que culminaron en una sorpresa. El guardia los dejó seguir: “Vaya, guárdese”, advirtió.

En la casa de los Fonseca saben que tuvieron suerte. Desde aquel incidente con el asma, la pareja de colombianos de la tercera edad sigue en casa y ninguno ha vuelto a salir. La señora Carmen, esposa del señor Fonseca, dejó de ir a misa y tampoco ha podido ir a hacer mercado.

Categoría: Venezuela | Claves: Frontera con Colombia