La casa que queda en Colombia y Venezuela

La casa está ubicada en el medio de la línea imaginaria de la frontera en Tres Bocas, de Tibú.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

Crédito: Juan Pablo Cohen.

(Caracas, Veneuela. Redacción Sumarium) – Una mujer traspasa la línea imaginaria que divide a Colombia y Venezuela en el único punto donde la frontera quedó permanentemente abierta, pese a la orden de cierre del presidente venezolano Nicolás Maduro. Es su propia casa.

Según la publicación de Opinión, anda por el segundo piso, con la mitad de su dormitorio en el vecino país y la cocina, más lo que queda de una tienda en el primer piso, en Colombia. Algo huraña y sin ganas de hablar baja por las escaleras y dice que tener algo tan único no le ha servido para nada.

Es que Emilia Maldonado, quien podría considerarse dueña de un pedacito de frontera, vive justo sobre ambos países pues su alargada casa está construida de tal manera que una parte quedó en Venezuela, y la otra, aquí, aunque esto es producto de la casualidad pues cuando se construyó la vivienda, ella no conocía de confines.

Algunos habitantes de Tres Bocas suponen que hace años esta orilla debió ser parte de Venezuela, y aunque sospechan que la línea se superpone a la ribera, porque así se los dijeron sus abuelos, se alzan de hombros y dicen que nunca nadie le ha ‘parado bolas’ a eso y que la frontera se cuenta del río para allá.

Las imágenes satelitales de Google Earth muestran cómo la línea atraviesa parte de este territorio, pero el límite jamás ha existido en la vida diaria porque hay una relación natural entre unos y otros en este vecindario internacional que solo rompe el río Tarra.

No obstante, a un lado de la casa, frente a una de las puertas que hace las veces de entrada, ya que hay seis pórticos en el primer piso, está lo que considera la prueba de la división: una columna de poco más de un metro de altura, erigido desde 1981, puesto para mostrar que ahí hay una frontera.

Ese pilar, raspado y desportillado en las esquinas está en medio de dos astas que sostienen las empolvadísimas banderas de Colombia y Venezuela; la primera viendo hacia Tres Bocas y la otra, más cercana al río.

Son los palos más altos de todo el lugar, a los que siempre alguien se sube a poner las banderas. De este lado no se cobra por poner la bandera, pero del otro, dicen, la Guardia paga a alguien para que se encarame y la cuelgue.