La crisis en Venezuela en el Día Mundial de la Alimentación

Otra de las soluciones ha sido el corredor de importaciones con Brasil, pero mantener la despensa llena de esta manera encarna un alto costo

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium).- “Venezuela pasa hambre en el Día Mundial de la Alimentación” así se titula un artículo publicado en el diario Correo del Caroní firmado por Ramsés Siverio. Allí se afirma que unas 795 millones de personas en todo el planeta, según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), pasan hambre.

En Venezuela, el hambre no pasa inadvertida ya que la comida escasea, se hace cola para comprar productos o se pagan con sobreprecio por los productos regulados. Según el texto, “la conflictividad social se mueve más por el estómago que por razones políticas, que más de la mitad de la población sobrevive comiendo dos veces al día o menos -Moreconsulting dixit-, y que ese anhelo de la dignidad llamado canasta alimentaria cuesta 25 salarios mínimos y medio por mes”

La Venezuela próspera en su industria alimentaria, aquella del infaltable cafecito o plato de comida a donde quiera que llegara, ya no existe. Las políticas económicas que inició Hugo Chávez han fracasado: ¿Dónde está el fruto de las tierras expropiadas? ¿La producción pecuaria de las fincas? ¿Las semillas, insumos y productos químicos de Agropatria (antes Agroisleña)? ¿El café Fama de América? ¿El Madrid?. Juzgue usted mismo las respuestas.

La expropiación de las cadenas Koma, Friosa, La Fuente, Cada, entre otras, no ha sido exitosa, ya que ni se produce ni se vende; y si se vende, no alcanza para todos. La industria privada de alimentos tiene las manos atadas.

La crisis alimentaria que vive Venezuela se debe, en gran medida, a la falta de divisas. La administración del presidente Nicolás Maduro ha gastado más de lo que ingresa. El resultado: menos divisas, menos producción, más escasez, más colas, más hambre. La respuesta del gobierno ha sido más importación, lo que resulta en comida para unos y hambre para otros.

El gobierno, en su intento desesperado por recobrar popularidad y frenar un proceso revocatorio, juega su última carta: los Clap. Este instrumento encerraba una perversión: solicitar la inscripción en el Partido Socialista Unido de Venezuela para ser beneficiario de una bolsa de comida. Apelar al hambre para ganar adeptos.

Otra de las soluciones ha sido el corredor de importaciones con Brasil, pero mantener la despensa llena de esta manera encarna un alto costo. Literalmente. Aparecen ahora los productos, pero con precio elevado. El hambre es insaciable. Se acaba y a las horas vuelve a aparecer.

Hablar de alimentación en Venezuela es hablar de hambre. Así se sobrevive en Venezuela en el Día Mundial de la Alimentación.

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