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La disputa por la presidencia argentina, abierta, tras 12 años de kirchnerismo

Fernández no puede optar a la reelección para un tercer mandato, a pesar de que en su día coqueteó con la idea de un cambio constitucional que lo permitiera.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Mundo)- El largo escrutinio tras las elecciones primarias del domingo en Argentina permitió ayer al oficialismo prolongar la celebración por una clara victoria que deja bien situado al delfín de Cristina Kirchner ante las presidenciales de octubre. Daniel Scioli -del Frente para la Victoria- logró el 38% de los votos, seguido del líder opositor, el conservador Mauricio Macri (30,3%), y del peronista disidente Sergio Massa (20,5).

En el peculiar sistema político argentino, las primarias -de voto obligatorio- son la antesala de los comicios generales y sirven tanto para dejar fuera de la carrera a las coaliciones que no alcanzan el umbral mínimo de los votos como para radiografiar el clima de opinión general. Son, por tanto, la encuesta con la que soñaría todo sociólogo. Pero en este caso, además, se antojaban como un examen a 12 años de kirchnerismo que llegan a su fin. Porque cabe recordar que Fernández no puede optar a la reelección para un tercer mandato, a pesar de que en su día coqueteó con la idea de un cambio constitucional que lo permitiera. Y es innegable que este resultado supone un balón de oxígeno para la presidenta, que mantiene una alta popularidad a pesar de los escándalos que salpican a su Gobierno.

En el entorno de Scioli había ayer, sin embargo, alguna decepción por no llegar al ansiado 40% de los votos. 

Con estos datos, será muy difícil que la presidencia no se tenga que decidir en otoño en una segunda vuelta -para proclamarse vencedor en la primera, el aspirante necesita el 45% de los sufragios, o el 40% si saca 10 puntos al siguiente-. Y ahí es donde los rivales del oficialismo se frotan las manos, porque a diferencia de las tres últimas elecciones en las que el peronismo barrió, ahora la disputa está reñida. Ayer mismo Macri y Massa -extraños compañeros de cama obligados a entenderse- se declararon listos para discutir “una agenda programática” para sumar a todos sus respectivos votantes y poder desbancar así a Scioli.

A diferencia de las tres últimas elecciones en las que el peronismo barrió, ahora la disputa está reñida.

Aunque éste nunca ha sido un cristinista entusiasta, desde su nominación han quedado atrás sus disputas con la presidenta. De carácter mucho más conciliador, tratará de arañar el voto de las clases medias con un discurso mucho menos ideologizado del que ha resonado estos últimos años en la Casa Rosada.

Cristina Fernández dejará a su sucesor, entre otras tareas titánicas, la responsabilidad de reactivar la economía, que a duras penas crecerá un 0,7% este año. El estilo autoritario de la presidenta y la merma en la seguridad jurídica han ahuyentado a la inversión extranjera. Pese a todo, Fernández, aupada por la bonanza de estos años gracias al alto precio de las materias primas, ha podido desarrollar un amplio programa social -en exceso asistencialista-, que justifica su popularidad. Sin embargo, la brecha de la desigualdad o el déficit educativo lastran a un país que necesita un profundo cambio para no caer de nuevo en graves precipicios, con el fantasma del corralito aún demasiado reciente.

Categoría: Opinión