La encendida “carta al gobierno que viene” escrita por Leocenis García

En el texto, García hace una serie de consideraciones en las que destaca el estruendoso fracaso de las políticas ultraizquierdistas y pone sus esperanzas en que los próximos administradores del Estado entiendan y respeten el libre mercado y las libertades individuales.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – El periodista venezolano Leocenis García dice en un artículo de opinión publicado este lunes, titulado Carta al gobierno que viene, cuáles -desde su punto de vista- deberán ser las características de un próximo Gobierno nacional en Venezuela.

“Ya sea por una intervención militar-civil, o como todo el mundo desea, por elecciones libres, es claro que no hay nada más seguro hoy en Venezuela que un cambio de gobierno“, inicia el texto.

En tal sentido, García hace una serie de consideraciones en las que destaca el estruendoso fracaso de las políticas ultraizquierdistas y pone sus esperanzas en que los próximos administradores del Estado entiendan y respeten el libre mercado y las libertades individuales.

A continuación, el texto completo del artículo:

CARTA AL GOBIERNO QUE VIENE

Ya sea por una intervención militar-civil, o como todo el mundo desea, por elecciones libres, es claro que no hay nada más seguro hoy en Venezuela que un cambio de gobierno.

Pero, he ahí, el asunto que me mueve a escribirles a quienes en los próximos meses, ( ojalá sean días) tendrán que dar el gran viraje,

No hay tiempo de más mentiras, edulcoraciones, y maquillajes de lo que se debe hacer para salir definitivamente de la charca en que se convirtió a Venezuela. La vieja receta del Estado Mágico, el todopoderoso , asistencialista y, paternalista, fracasó. Está claro que el Estado no puede hacerse cargo de todos los problemas, porque ello está más allá de sus verdaderas capacidades.

El experimento ya se hizo. Todo entregamos al Estado, y todo destruyó. Electricidad de Caracas, Pdvsa, la seguridad alimentaria, la seguridad ciudadana , la salud, están ahí como triste testamento de lo que puede hacer el Estado con la economía y la vida de las personas si está en manos de pandillas: destruirlas.

Algunos han prosperado en esta Venezuela, no gracias al Estado, sino a pesar de él.

La lucha de la Venezuela de nuestros días, es tan importante como la de la Independencia. Ya no son los españoles, sino los cubanos a los que tenemos que desalojar como ejército de ocupación. Y, aunque parezca irónico nuestra lucha no es por elecciones libres, sino por algo más trascendente, ser libres.

El ser humano es libre por naturaleza. Por ende puede escoger cómo vive su vida, desde los alimentos que consume hasta con quién establece asociaciones. Esa libertad no puede ser limitada por ente alguno ni coartada por decisiones de una mayoría.

Y sólo así, los acomplejados periodistas que hoy llenan nuestras redacciones hasta los opinadores de rutina, dejaran de ver en todo aquel que funde una empresa y tenga éxito al diablo. Cuando lo lógico sería que vean el diablo en quien destruye empresas.

El Estado existe porque un conjunto de individuos lo crea voluntariamente y le otorga un poder limitado para que este proteja- a través del cumplimiento de la ley- los derechos naturales a la libertad, a la vida y a la propiedad privada. El Estado es responsable ante los individuos que le ceden un poder restringido y lo financian. No es legítimo que sus funcionarios extralimiten sus responsabilidades ni que se inventen nuevas competencias.

Es decir, estimados señores, más importante que el Estado, son sus ciudadanos.

No es verdad que todos somos iguales, afortunadamente. La única igualdad que debe asegurar el Estado es la igualdad de todo individuo ante la ley. Ningún grupo particular debe tener privilegios políticos ni económicos.

Que la vida, señores, en una sociedad libre se rige naturalmente de acuerdo al principio de la no-agresión, pero cuando el Estado sea incapaz de proteger a un individuo inocente de cualquier ataque a su persona o a su propiedad, este es libre de defenderse.

El Estado debe cumplir su función básica de proteger las libertades naturales de los individuos con la menor cantidad de dinero, tiempo y personal que se requieran para una gestión eficaz. Todo gasto del Estado debe ser publicado y difundido. A toda costa se debe frenar el crecimiento de la burocracia innecesaria y evitar que los individuos caigan bajo su imperio.

Pero lo más importante, es que, en definitiva el Estado no puede, no debe, ni está autorizado para meterse en la economía y controlarla. El propósito principal de una economía libre es el beneficio del consumidor, que sólo se da cuando los productores compiten entre sí para que el consumidor prefiera sus productos. La principal función económica del Estado es asegurar la libre competencia para que el consumidor pueda escoger.

La libre empresa conlleva un riesgo de fracaso y le corresponde a cada individuo sopesar el riesgo contra el beneficio esperado, asumiendo el fracaso o percibiendo el beneficio. El Estado debe abstenerse de interferir en ese cálculo: no debe asumir los costos de los fracasos ni generar privilegios para la obtención del beneficio.

El nuevo gobierno debe declararse amante de la libertad, la democracia, el mérito, defensor de la no intervención del Estado en la libre empresa, y respetuoso del derecho a la propiedad privada y la libre determinación del individuo.

Leocenis García.