La historia de una zuliana que cruzó el río Bravo a EE UU

20 años después, “te preguntas a dónde se fueron los años y piensas en todas las veces que quise correr a refugiarme en los brazos de mi mamá".

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

Zunny Bracho se ha convertido en una escritora. Crédito: Cortesía de Zunny Bracho / Panorama.

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium)Zunny Bracho, una zuliana que hace 20 años tras sus reiterados intentos de poder adquirir una visa para EE UU, no le quedó otra opción que cruzar la frontera entre México y Estados Unidos con su hijo de un año en brazos.

Bracho contó cómo fue su experiencia en esa oscura noche cuando se atrevió a cruzar la frontera con ocho hombres más que lograron reunirse en México, sin saber nadar se atrevió a ese “dramático acontecimiento, pero al mismo tiempo milagroso”, relató que ella y su hijo cayeron en una zanja. Sentía que el fango se la tragaba. Los ocho hombres la halaban con fuerza, se resbaló dos veces hasta que lograron sacarlos.

Según la publicación de Panorama la marabina retó los peligros de una frontera donde se calcula han muerto 6 mil personas desde el 2000 en su intento de ir en la búsqueda del “sueño americano”.

La travesía comenzó el 22 de julio de 1995 madre e hijo iban por ese cambio de vida. Una botella de dos litros con agua y azúcar, una lata pequeña de leche instantánea y algunos pañales desechables eran todo su equipaje.

Unos 3 mil kilómetros que sortean los ‘mojados’ (el grupo) en su camino a Estados Unidos. Fueron seis horas de caminata en un trayecto de 45 kilómetros, el resto del trayecto fueron en vehículo y avión, ella era la única mujer del grupo.

Sin darse cuenta cruzó uno de los ríos más peligrosos 
Resaltó que “no sabes que va a pasar con tu vida. A quién le reclamas. Cruzas la frontera sin la garantía que vas a vivir. Creo que ha sido uno de los acontecimientos más dramáticos que he vivido, y al mismo tiempo uno de los más milagrosos”.

“Para mi fue un milagro, pues no sé nadar. No tenía idea que esa zanja era el río. Ellos pasaron primero, hicieron como una cadena para sacarme. Luego supe que el fango donde había caído era el río. El cuerpo se me paralizó. Sentí la respuesta de Dios en este momento, iba muy cansada ya, pero eso me llenó de fortaleza”.

Después de cruzar el río “tropecé con un cactus y las espinas se me incrustaron en la pierna. Caminé como una hora con esas espinas, ya sentía la pierna dormida. Recuerdo que ellos comentaban entre sí que no iba a poder. Y yo me decía: si puedo”.

Los familiares de su primer esposo la recibieron en Dallas, en  Texas para llevarla hasta Fort Lauderdale, en la  Florida. 

Una vez en territorio estadounidense, tenía que enfrentarse a las largas horas de trabajo, lo que calificó de explotación. “Mi primer trabajo fue en una fábrica donde bordaba franelas playeras que decían Florida. Operaba doce máquinas de coser al mismo tiempo. Entraba a las 5:00 de la tarde y salía a las 7:00 de la mañana. Tenía que estar parada todas esas horas. Para la mañana además de mis lágrimas rodando tenía las piernas inflamadas. Fue bastante fuerte. Conocí ese mundo que viven muchos latinos. Los dueños de la fábrica, eran judíos, nos quitaban las sillas porque no querían que nos sentáramos, pues querían producción. Fue algo que me pareció tan inhumano”.

Se divorció cuando su segundo hijo tenía cuatro años. Luego conoció a Brandon Stevens, padre de su tercera hija. “Tenemos doce años juntos. Él ha sido un ángel en su vida”.

AÑORA VER A SU MAMÁ

Afirma que ha “soñado por tantos años ver a mi mamá llegar al aeropuerto. Tengo tantos años que no la veo que será un acontecimiento”.

Pero su camino en ese sueño no se detiene. “Te preguntas a dónde se fueron los años y piensas en todas las veces que quise correr a refugiarme en los brazos de mi mamá. Pero superé todo y hoy me considero una mujer que puede aguantar todo. Fuerte como una roca. La fe es lo que me ha mantenido de pie para esperar ese día y decirle a mi madre: lo logré. Aquí están mis hijos, he cumplido mis sueños. Soy una escritora”. Un día en Fragatt, es el nombre de su libro que Junto a su hermano Edwin escribió.