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La incertidumbre de cientos de cubanos que llevan meses varados en un hotel en Panamá

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

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Familias enteras emprenden la travesía con la esperanza de llegar a EE.UU.

Donde se solía dormir de a dos, ahora se apiñan diez; la recepción está atendida por soldados y ya no quedan rastros de que alguna vez fue un hotel.

Es el lugar donde sobreviven cientos de cubanos en Paso Canoas (Panamá), a metros de la frontera con Costa Rica.
Varados a raíz de un diferendo entre países centroamericanos, en total 3.500 cubanos esperan en territorio panameño para seguir viaje a Estados Unidos.

En el abandonado hotel de Paso Canoas, los cubanos no pierden la esperanza.

Pero el ambiente lúgubre de los pasillos a oscuras y el aplastante calor los deja expuestos al tedio y a merced de una sola y poco fiable conexión de internet para cientos de celulares como vía de entretenimiento y escape.

Este hotel abandonado sirve de refugio en Paso Canoas.

Hay demasiado tiempo libre y muy poco para hacer. Esperar es el arte que a la fuerza aprenden a dominar.

Su odisea por las Américas los ha llevado desde la isla a Ecuador, hasta que en diciembre se les comenzó a exigir visa, y ahora es Guyana el punto de partida en Sudamérica. Desde allí atraviesan Venezuela y desde Colombia pasan a Panamá.

Familias enteras

Ese periplo lo han hecho familias enteras, abuelos, nietos, suegros, nueras, primos, hombres solos, embarazadas.

Sucel Palacio está embarazada de seis meses. Salió de Cuba con su pareja y dos hijos un día después de Navidad.

Una de ellas es Sucel Palacio, que en tres meses dará a luz.

Junto a su pareja Yoandry Cautin y sus dos hijos salieron de Cuba un día después de Navidad.

Volaron a Guyana, viajaron por mar hacia Venezuela, cruzaron a Colombia y llevan casi cuatro meses en Paso Canoas.

He estado aquí prácticamente sin atención médica, recién hace dos semanas me hicieron un ultrasonido, unos análisis, y tenía infección en los riñones e infección urinaria, por toda la travesía, los montes y las selvas que atravesamos, y el agua que tomamos del río”, le cuenta Palacio, de 29 años, a BBC Mundo.

Se estima que unos 40.000 cubanos llegaron a EE.UU. por vía terrestre el último año.

“Ha sido muy duro, llevamos meses acá varados”, agrega sentada sobre su cama en el hotel, “sin respuesta de nada, sin saber qué va a pasar con nosotros”.

Lo más difícil de hacer este viaje, dice, es arriesgar la vida de sus hijos pero lo hace para darles “una vida mejor, un futuro mejor porque en Cuba no tenemos eso, nos reventamos trabajando y no vemos el trabajo”.

Casi a diario sueña, literalmente, con el momento de atravesar la frontera de Estados Unidos. Se imagina lanzándose al piso, besando la tierra, llorando por el sacrificio.

Muchos temen que se modifique la Ley de Ajuste Cubano y por ello intentan llegar a EE.UU. lo antes posible.

Se estima que unos 40.000 cubanos llegaron a EE.UU. por vía terrestre el último año, un incremento cercano al 80% con respecto al año previo, de acuerdo a cifras oficiales.

Se cree que la mayoría lo ha hecho motivada por el temor a que por la mejoría en las relaciones entre EE.UU y Cuba haya cambios en la Ley de Ajuste Cubano, una normativa que permite la permanencia de los cubanos en Estados Unidos.

Otro trato

Casi 75.000 cubanos entraron a Estados Unidos desde octubre de 2014 beneficiados por la Ley de Ajuste Cubano, de 1966, que les otorga la residencia permanente al año de haber llegado al país.

En ese mismo período, casi 132.000 centroamericanos han sido detenidos en la frontera entre México y Estados Unidos. La mayoría terminan compareciendo en tribunales y son deportados.

El presidente de Costa Rica, Luis Guillermo Solís, aseguró días atrás que le pidió a su par estadounidense, Barack Obama, que derogue las leyes que alientan la migración cubana.

Es el caso de Sandra y su marido Jorge, de 55 y 58 años, respectivamente.

“Ya vamos viejos para ese país, ya vamos viejos, y mira en la travesía que nos hemos metido, ya vamos viejos”, le dice a BBC Mundo en su habitación.

Unos 3.500 cubanos esperan en territorio panameño para seguir viaje a Estados Unidos.

Sentada sobre un cajón de plástico azul cuenta cómo conviven diez personas en el cuarto.

Los colchones se apilan de a dos y se extienden en el piso en la noche, la ropa que a veces lavan en el río cercano se cuelga ahí mismo, la cocinilla que usan para mejorar la comida que les traen dos veces al día, los recipientes de plástico en el baño para poder ducharse porque el agua no llega al tercer piso.

“Las condiciones son decadentes porque no nos pueden ofrecer más. Voy a cumplir tres meses aquí y hay gente que lleva desde noviembre. La desesperación es muy grande”, dice Sandra.

“Lo único que pedimos es que haya una coordinación entre los países centroamericanos, lo que queremos es llegar, no queremos hacerle gastos a Panamá, ni a Costa Rica ni a Nicaragua, que ha sido el promotor de todo este estancamiento”.

“Ya vamos viejos para ese país, ya vamos viejos, y mira en la travesía que nos hemos metido, ya vamos viejos”, dice Sandra.

Frontera cerrada

Nicaragua, aliado de Cuba, cerró su frontera a los cubanos en noviembre pasado y dejó a unas 8.000 personas varadas en Costa Rica.

Tras un acuerdo regional, entre enero y marzo los cubanos pudieron volar a El Salvador para desde allí tomar autobuses a Guatemala y luego a México.

“Hay momentos en que se siente uno ya como que no puedes más pero hay que sacar fuerzas porque no queda otra, hay que esperar y calmarse”, dice Néstor Besada.

Después Costa Rica, tras haber abierto casi 30 refugios y asistido a los cubanos durante meses, decidió cerrar su frontera y le tocó entonces el turno a Panamá de acogerlos.

Llegó un momento en que los hoteles en Paso Canoas ya no dieron abasto, y el gobierno abrió un campamento sobre la Carretera Panamericana, a un kilómetro y medio de distancia de la frontera.

Mil quinientas personas se alojan en carpas.

“Hay momentos en que se siente uno ya como que no puedes más, pero hay que sacar fuerzas porque no queda otra, hay que esperar y calmarse”, dice Néstor Besada, quien viaja con su esposa, desde dentro de su tienda.

Besada agradece el esfuerzo de los panameños para asistirlos, pero admite que hay que convivir con “la impotencia de ver que no pasa nada, que no te dicen nada claro, es la frustración más grande que pasa uno acá”.

Mil quinientas personas se alojan en carpas en el refugio de San Isidro, cerca de la frontera con Costa Rica.

La salida no está clara. Y no son pocos los que se plantean usar coyotes para cruzar ilegalmente las fronteras restantes.

“Me daría miedo irme con coyote. Si tuviera que hacerlo en un mes, dos meses, si no se resuelve la situación y consigo el dinero, sí me arriesgaría”, afirma Edison, de 30 años.

En el hotel, Jesús —12 años, espigado, la 10 de Messi en la espalda— deambula aburrido por los corredores.

Recostado sobre una pared donde alguien pegó un par de hojas con “los pilares de la democracia”, se lamenta.

“Mis papás no tienen plata para coyotes y tienen miedo por mi hermana así que tenemos que esperar”, dice.

“Esperar y esperar hasta que algo pase”.

“Los pilares que sustentan la democracia” en la pared del hotel en Paso Canoas.




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Categoría: Mundo | Claves: BBCMundo Cuba Panamá