La “miseria” de ser comprador en Venezuela, según TWP

La escasez se ha intensificado este año y la crisis económica empeora, lo que ha obligado a los clientes a recorrer la ciudad para adquirir diferentes productos. Hay un floreciente mercado negro, pero los precios tienden a ser de dos a cinco veces mayores.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – Con los resultados de las legislativas del 6D, los venezolanos enviaron un claro mensaje al Gobierno: no son felices. El partido en el poder fue castigado con 112 diputados opositores en el nuevo Parlamento, y el principal motivo fue la grave situación económica que azota al país caribeño.

De acuerdo con una publicación del diario norteamericano The Wasington Post se espera que la economía en Venezuela se contraiga un 10 por ciento este año, y sentencia que ser un consumidor en Venezuela -en este momento- “es una experiencia miserable”: horas en largas colas, racionamiento, escasez.

Recientemente, en un Bicentenario de Caracas los estantes no estaban totalmente vacíos, pero la selección era limitada. Todo un pasillo estaba ocupado por una sola marca de detergente líquido, llamado Clic, con un valor de 603.68 bolívares (67 centavos de dólar) por una botella de un litro. Otro pasillo estaba repleto de tomates en lata con un costo de 379.68 bolívares por unidad (42 centavos de dólar). Por 154 bolívares (17 centavos de dólar) se podían obtener alrededor de 2 libras de plátanos. Pero este supermercado no disponía de Harina PAN, aceite, arroz, y, además, había poca carne.

La escasez se ha intensificado este año y la crisis económica empeora, lo que ha obligado a los clientes a recorrer la ciudad para adquirir diferentes productos. Hay un floreciente mercado negro, pero los precios tienden a ser de dos a cinco veces mayores.

Sin embargo, no todo es caro. Algunos de los productos que obtienen subsidios gubernamentales pesados, tales como la gasolina, son “casi gratis”. Hoy en día hay un mercado floreciente para el contrabando de gasolina venezolana barata.

HISTORIAS

Ingrid Ramos, una madre soltera de 39 años de edad, con dos hijas, que vende ropa para niños en la calle, prefiere esperar durante horas en una larga cola con tal de no pagar “más de lo necesario”. Los precios de los productos que no están regulados por el gobierno, o se venden en el mercado negro, o aumentan de manera incontrolable en los comercios. La inflación se estima en 200 por ciento, y las tiendas cambian sus precios todos los días.

Freddy Henríquez, un técnico de telecomunicaciones, de 41 años de edad, llamó a su jefe para decirle que no podía trabajar el martes, tan pronto como se enteró de que el supermercado Unicasa de Colinas de Bello Monte, en Caracas, tenía huevos. Había pasado casi un mes desde que los comió por última vez y no sabía cuándo habría otra oportunidad. Un cartón de 30 huevos está regulado por el Gobierno a 420 bolívares (46 centavos de dólar).

En tiempos de escasez el Gobierno prohíbe el acaparamiento y limita la cantidad de productos por compra. Eso significa, por ejemplo, que Henríquez, y el resto de los compradores, sólo se podían llevar dos cartones de huevos.

Estos límites se aplican a una gran gama de productos. Además, los consumidores tienen que mostrar su cédula de identidad y pasar sus huellas digitales en un escáner para concretar las compras en algunos supermercados.

“Creo que en otro país ya habrían incendiado la Casa Blanca y derrocado al presidente”, dijo Henríquez, y añadió: “Somos demasiado tranquilos, pacientes y tolerantes”.

HAY “OPCIONES”

Para aquellos que no quieren esperar en fila durante horas hay un floreciente mercado negro, que en los barrios pobres de Caracas opera abiertamente en la calle. Estos mercados están a cargo de “Bachaqueros”.

En un puesto de acera en el barrio Petare, Angélica González, de 33 años, vende pañales Pampers, jabones y champú. Consigue los pañales con un hombre que espera en fila durante horas en otras tiendas. Él puede comprarlos por cerca de 280 bolívares al precio regulado, los revende a González en 800, y esta los revende en el mercado negro a Bs. 1000.

Cerca de allí otra mujer vendía a 1.000 bolívares un cartón de 30 huevos, el producto por el que Freddy Henríquez había esperado más de una hora para comprarlo a 420 bolívares en un supermercado privado.

“Nosotros somos bachaqueros”, dijo González con orgullo. “Hablan mal de nosotros, pero todo el mundo nos compra. Sobreviven por nosotros”, sentenció.

Pero ella apenas puede sobrevivir. Con su sueldo, de unos 11 mil bolívares al mes, podría comprar 11 paquetes de los Pampers que vende, y nada más.

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Crédito: El Nuevo Herald.

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