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La necesidad de pactos pone a prueba el inmovilismo de Rajoy

El batacazo del 24-M debería forzar a la formación conservadora a virar su estrategia para llegar con oxígeno a las generales.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Mundo).- Ni los 2,5 millones de votantes perdidos por el PP en las elecciones autonómicas y municipales del pasado domingo, ni los 11 puntos de caída con relación a 2011, ni el adiós a todas sus mayorías absolutas. Mariano Rajoy permanece incólume en su inmovilismo, atrapado en un relato basado casi en exclusiva en la recuperación económica, un guion político zarandeado en las elecciones andaluzas y pulverizado el 24-M.

El presidente del PP intervino ayer a puerta cerrada ante el Comité Ejecutivo, después de ser el día anterior el único líder nacional que no compareció ante los medios. En la rueda de prensa posterior al cónclave popular transmitió un mensaje triunfalista con una crítica limitada a la «necesidad de explicarse mejor». Rajoy apenas reconoció una «notable caída de votos», volvió a pedir que gobierne la lista más votada y minusvaloró la descomunal pérdida de poder territorial sufrida por el PP.

Del discurso mohíno del presidente se desprende su encastillamiento en una posición refractaria a los cambios que, de perseverar en el error, ahondará en la dinámica derrotista que este partido inició en las europeas del año pasado y que el domingo confirmó en toda su crudeza.

Lejos de delinear un diagnóstico preciso, Rajoy tildó de «victoria incuestionable» los resultados del 24-M, pese a que los populares se anotaron el peor resultado en unas municipales desde 1991. Tal debacle no parece haber causado ninguna metamorfosis en el presidente, quien ayer descartó cambios en el Gobierno y en el partido, y se postuló como el «mejor candidato» de su formación para las generales.

Rajoy no asimila que el PP no tiene un problema de comunicación, sino de ausencia de un discurso sólido que le permita volver a encandilar al grueso de las clases medias. Además, el mal resultado cosechado por Cospedal en Castilla-La Mancha puede agravar el problema que supone abonar una estructura interna cuestionada -aunque siempre fuera de los focos- por los barones.

El batacazo del 24-M debería forzar a la formación conservadora a virar su estrategia para implementar un discurso político que le permita llegar con oxígeno a las generales. Rajoy debe convocar un congreso con un triple objetivo: reactivar el mensaje ideológico del partido, hasta ahora melifluo; huir de la displicencia para abordar la corrupción, y renovar el anquilosado modelo orgánico que abusa de la personalización del líder y que se ha malacostumbrado a un debate interno carente de críticas a la dirección.

La apertura en canal de la política española después del escenario de fragmentación abierto es otro reto para el PP -tan poco acostumbrado a los acuerdos postelectorales– pero también una oportunidad para recuperar el pulso.

Cristina Cifuentes, quien ayer admitió que a su partido le ha faltado «cercanía, pedagogía y humildad», ofreció a Ciudadanos formar parte del gobierno de la Comunidad de Madrid, una opción factible dado que la formación liderada por Rivera ha advertido de que sólo entrará en gobiernos bipartitos. El principal escollo para Cifuentes será la exigencia de primarias por parte de Ciudadanos. En todo caso, el tiempo apremia para el PP, máxime teniendo en cuenta que el resto de partidos se está dando prisa en mover ficha.

Pedro Sánchez, cuyo liderazgo nacional en el PSOE sale reforzado, anunció que abrirá contactos con Podemos y Ciudadanos, mientras Susana Díaz -pensando primero en su propia investidura- ha exigido participar en la toma de decisiones federal sobre pactos. El PSOE aspira a aprovechar su incipiente poder institucional para capitalizar el voto útil, lo que relanzaría su opción de alternativa de Gobierno. Esa es una de las dos principales amenazas que azotan al PP. La otra es el perenne dontancredismo de Rajoy.

Categoría: Opinión