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La odisea burocrática que significa ir a un banco en Cuba

Ir a un banco en estos momentos en la isla puede volverse una experiencia traumática

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

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Las colas en Cuba son parte natural del paisaje. Crédito: Reuters.

Si usted quiere ir a hacer cualquier gestión en un banco en Cuba, y peor aún si es depositar su dinero, mejor piénselo bien.

Pero piénselo más de diez veces. Y vuélvalo a pensar, una y otra vez.

A diferencia del resto del mundo, ir a un banco en estos momentos en la isla puede volverse una experiencia tremendamente traumática.

Comencemos diciendo que los clientes en esos sitios, nunca tienen la razón.

Colas interminables, cortes de luz, problemas de “conexión” que pueden hacerte perder toda una mañana, indisciplina laboral, pero sobre todas las cosas está un maltrato a la población que sobrepasa límites humanos.

ODISEA KAFKIANA

Yo además tengo la mala suerte de vivir en una barriada donde el banco de la zona entró, quién sabe hasta cuándo, en lo que parece una interminable etapa de restauración.

Los clientes tenemos que dirigirnos a otras sucursales, mucho más lejanas, lo cual se agrava con las dificultades propias del transporte, que desde hace más de medio siglo padece nuestra cada vez más empobrecida nación.

Una vez en la sucursal escogida, comienza entonces la temible y kafkiana odisea, que muy bien pudo haberse dado, también, en la oficina original antes de ser sometida a la reconstrucción.

Un banco vacío en Cuba es una imagen poco habitual. Crédito: AP.

Usted se levanta temprano para ser uno de los primeros en la larga fila, o cola, que suele formarse y entonces viene el anuncio inesperado y a veces hasta en mala forma: “Señores, tenemos problemas con la conexión así que no podemos atender debidamente a la población”.

Aun así insistimos por la urgencia de nuestras gestiones, el acceso a atendernos.

Aquello es como entrar a un submundo desconocido y absurdo lleno de un ruido, casi insoportable, donde todo el mundo conversa en voz alta de tintes de pelo, problemas familiares, la última entrega de la telenovela la noche anterior, lo que trae el “paquete” de la semana, sumándose a eso un trapicheo y vendutta a mano limpia digna de cualquier feria callejera y popular.

Después de dos horas de espera, tuvimos la suerte de que nuestro caso lo tratara una de las cajeras, quien muy amablemente nos explicó que a la libreta de nuestra cuenta bancaria ya no le quedaba espacio para extraer o depositar y que teníamos que recurrir a la entidad original que la emitió para así rehacer una nueva, que si la disposición tal o la norma más cuál impedía que se hiciera en aquella filial.

El colmo fue que para comprar unos US$200 en billetes de diez tuvieron que entregar el monto tres personas a la vez, además de la mencionada cajera: una ponía el cuño, la otra una firma y la tercera simplemente miraba.

Eso es lo que está establecido, me dijo rampante la compañera, y si no es así, no hay dinero que valga.

AGRAVIO

Una vez terminado este trámite, tuvimos que trasladarnos hacia otra sucursal más lejana y aquello fue como una reproducción a escala superior del ultraje. Como arribar al Centro Nacional de Agravio a la Población.

En la puerta estaba parapetada una empleada, con bastante desgano y muy mala cara, a las doce menos cuarto del mediodía, señalando un cartel en el que se leía que como el aire acondicionado estaba defectuoso, el horario de atención se había establecido hasta las 11:30 am, es decir 15 minutos antes de mi llegada o lo que es lo mismo, que si abrieron a las 8:30 solamente trabajarían ese día unas pocas cuatro horas.

¿Y el pueblo que espera hacer sus gestiones? Estamos hablando de un lunes por la mañana no de un viernes ya cansado cercano al fin de semana.

¿Y los que guardan su dinero en esa institución? Una vez más tendrán que levantarse temprano al otro día, una vez más tendrán que dejar de trabajar para dedicarse a resolver algo en un banco cuya premisa de existencia es precisamente ayudar a los que depositan sus ahorros en él.

Crédito: Reuters.

Y el tiempo pasará irremediablemente dejándonos cubiertos de indolencias y vejaciones a granel.
El Banco no es del pueblo ni está para servirles. Necesitar de sus servicios parece como un castigo, una condena o una suerte de mala fortuna dictada por el más allá.

¿A QUIÉN ACUDIR?

El nivel de pereza, apatía, lasitud e insensibilidad golpea a todas las áreas de atención a la gente en todo nuestro país, pero es más triste cuando sucede en una institución que debe vivir por velar y salvaguardar los fondos que se depositan en ellos.

¿Dónde quedaron el amor al prójimo o tan siquiera el profesionalismo de los trabajadores en este estado? ¿A quién acudir ante actos que día a día desgastan nuestra cotidiana existencia?

¿A dónde van a depositarse el tiempo muerto, las malas atenciones, las negligencias humanas y la ausencia de humanidad que estamos generando a diario?
¿A quién quejarnos de tamaña arbitrariedad? Pedimos ver al gerente y nos tiraron la puerta en la cara con un grito de ¡No! Como en muchas otras cosas, la sanción a la impotencia parece imponerse en esta “nueva” sociedad que estamos erigiendo, o mejor dicho decir, destruyendo.

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Categoría: Mundo | Claves: BBC Mundo