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La ‘operación Púnica’ revela la extensión de la corrupción del PP…

Desde hace más de una década, la corrupción se ha institucionalizado en los gobiernos autonómicos y municipales que han repartido concesiones, servicios y suelo de forma ilegal y opaca.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Mundo). La imputación de los consejeros de la Comunidad de Madrid, Salvador Victoria y Lucía Figar, junto con otros tres cargos públicos del PP por la ‘Operación Púnica’, es una prueba más de que la corrupción es un mal endémico del partido en el Gobierno. Que el juez llame a declarar a los responsables en Madrid de áreas como Presidencia y Educación por la supuesta trama de comisiones ilegales demuestra hasta qué punto las malas prácticas han calado en las instituciones madrileñas. No se puede seguir negando la realidad, como se ha venido haciendo hasta ahora, con el argumento de que los corruptos son manzanas podridas y casos aislados. El Partido Popular tiene que cambiar su actitud aunque sólo sea por su propia supervivencia. Los ciudadanos ya han dejado claro que no van a premiar en las urnas los buenos datos económicos si antes el Gobierno no depura responsabilidades. Y los partidos emergentes han tomado buena nota. En este contexto, la imputación de dos consejeros en funciones puede complicar el pacto de Gobierno en Madrid con Ciudadanos, pese a que Cristina Cifuentes se apresuró a recordar ayer que ni Figar, ni Victoria figuran en su lista.

La investigación del ‘caso Púnica es elocuente’. La supuesta trama que encabezaba el ex número dos del PP de Madrid, Francisco Granados, cuenta ya con más de medio centenar de imputados, que se suman a los políticos y empresarios investigados o detenidos por su implicación en otras redes de corruptelas, como Gürtel. A estas alturas nadie podrá discutir que los controles han fallado a todos los niveles. Desde hace más de una década, la corrupción se ha institucionalizado en los gobiernos autonómicos y municipales que han repartido concesiones, servicios y suelo de forma ilegal y opaca. La cultura del pillaje y la picaresca está instalada en los partidos políticos que han llevado las riendas del país en los últimos años. Los ‘papeles de Bárcenas’ o el ‘caso Pallerols’ en Cataluña ponen en cuestión el sistema de financiación de PP y CDC, mientras el ‘caso de los ERE’ de Andalucía prueba que el PSOE también es cómplice de un sistema viciado.

Los hechos son muy graves y es lógico que Ciudadanos o Podemos se empeñen en marcar como línea roja de sus pactos cualquier indicio de corrupción en las listas de los candidatos a los que van a dar la llave del poder. También es comprensible que las nuevas formaciones pongan el foco en el aforamiento de los investigados. De hecho, el magistrado del caso, Eloy Velasco, no podrá tomar declaración a Victoria y Figar hasta que se disuelva la Asamblea de Madrid.

Sorprende que a estas alturas el Gobierno siga enrocado en su teoría de que hay una conspiración contra el PP. Uno de los cargos públicos imputados ayer, el consejero de Industria de Murcia, Juan Carlos Ruiz, dimitió tras la noticia. Pero Figar y Victoria no asumieron sus responsabilidades políticas y el ministro de Justicia, Rafael Catalá, respaldó su decisión de seguir en funciones al frente de las consejerías.El PP no quiere ver que los ciudadanos ya no perdonan esa imagen de laxitud. Sólo así se explica la debacle electoral de un Gobierno que ha tenido una gestión económica estimable. Los datos de paro de ayer respaldan a Mariano Rajoy a quien nadie puede rebatir que ha logrado doblegar el desempleo (la caída de paro en mayo es la mayor de la historia) y devolver a España a la senda del crecimiento (a un ritmo que podría ser del 4% y batir las previsiones).

El presidente debe entender que los cambios que prepara deben ser consecuentes con este nuevo tiempo en el que la ciudadanía ha dejado de mirar para otro lado con la corrupción. Los votantes del PP demandan una catarsis para devolverle su confianza.

Categoría: Opinión