La vida de los ejecutivos españoles en Venezuela

La mayoría de los cientos de ejecutivos del país ibérico que operan en la capital venezolana, por ejemplo, rara vez caminan por la calle. Cuando se atreven, nunca utilizan el teléfono celular para que no se lo arranquen de las manos los típicos atracadores en moto. Prefieren no vestir de traje, reemplazan sus relojes por otros más parecidos a los que llevaban en la universidad y, en el caso de los más prudentes, hasta se quitan los anillos de matrimonio para no llamar la atención.

La vida de los ejecutivos españoles en VenezuelaEl Ministerio de Asuntos Exteriores español recomienda “viajar en varios vehículos, todos ellos conectados entre sí, por si pudiera presentarse una avería mecánica, pinchazo o circunstancia adversa”. Crédito: Ariana Cubillos / AP Photo / Archivo
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(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – La inseguridad ciudadana no es solo un dolor de cabeza para los venezolanos de a pie y los pequeños empresarios locales. El personal diplomático de las embajadas acreditadas en el país y los directivos de empresas multinacionales que aún tienen presencia en la nación bolivariana también sufren de la sensación de no poder salir a ninguna parte con tranquilidad durante su estancia en Venezuela.

Esos son los casos que publicó este lunes el periodista Gonzalo Toca en El Confidencial, en un reportaje sobre la vida de los ejecutivos españoles que operan en Caracas, incluidos los mandos intermedios.

Según el periódico español, la mayoría de los cientos de ejecutivos del país ibérico que operan en la capital venezolana, por ejemplo, rara vez caminan por la calle. Cuando se atreven, nunca utilizan el teléfono celular para que no se lo arranquen de las manos los típicos atracadores en moto. Prefieren no vestir de traje, reemplazan sus relojes por otros más parecidos a los que llevaban en la universidad y, en el caso de los más prudentes, hasta se quitan los anillos de matrimonio para no llamar la atención.

Incluso, a muchos de sus clientes les da miedo ser vistos con alguien que pueda sugerir que ellos tienen dinero.

“Desde hace dos años”, recordó un extrabajador del Banco Santander, Venezuela se ha vuelto tan peligrosa que esta entidad financiera obliga a sus empleados a utilizar un carro blindado “para todos los desplazamientos largos, incluido el que va desde el aeropuerto al hotel”. Según este hombre, el precio medio semanal de un servicio de características similares en Venezuela alcanzaría aproximadamente los 600 dólares y quizá no sea suficiente.

Asimismo, un joven ejecutivo español que viaja aproximadamente cada mes y medio a Venezuela aconseja disponer de dos carros “para que uno haga las funciones de apoyo”, pues “muchas veces el mayor riesgo es quedarte tirado en mitad de una carretera, que es una fuente enorme de secuestros, robos y asesinatos”.

Además, es posible que el objeto de deseo de los hampones sea el propio carro, o que el blindaje no sirva de mucho si, como teme la empresa venezolana de seguridad privada PBG Servicios Ejecutivos, empiezan a popularizarse las granadas entre los criminales.

En tal sentido, el Ministerio de Asuntos Exteriores español recomienda “viajar en varios vehículos, todos ellos conectados entre sí, por si pudiera presentarse una avería mecánica, pinchazo o circunstancia adversa”.

“NUNCA RECURRIRÍA” A LOS POLICÍAS

No hay que olvidar, advierte el mismo joven ejecutivo, que “muchos de los secuestros e incluso asesinatos son realizados por miembros de las fuerzas policiales que a veces van vestidos directamente de uniforme”. Son, según él, “de gatillo fácil” por culpa de una delincuencia que los desborda e intenta robarles las armas, y admite que es muy útil contar con un buen chofer que sepa cuánto y de qué forma hay que pagar en concepto de soborno a los agentes que montan controles absurdos en la carretera, donde se amenaza a los extranjeros con llevarlos a comisaría por no cumplir una normativa que, muchas veces, ni siquiera existe.

“Nunca recurriría a ellos si me pasara algo… Llamaría siempre a contactos bien establecidos y que conozcan a militares”, concluyó el ejecutivo.

Todo eso convenció a los máximos directivos de las divisiones de las multinacionales españolas en Venezuela de que necesitan una protección digna de una estrella del pop. José Antonio Khliefat, presidente de la firma de seguridad PBG Servicios Ejecutivos, aseguró que el despliegue habitual para este tipo de clientes consiste en “un motorizado que vaya por delante, un jefe de equipo con un chófer que acompañe al directivo en un primer coche blindado, y dos guardaespaldas más que le sigan en un segundo vehículo que puede ser blindado o no”.

Khliefat no quiso revelar los detalles y las tarifas de su empresa, pero dijo que ese protocolo cuesta algo más de 2.000 dólares al día en el mercado, y que se parece a los que ya ha proporcionado a cantantes y celebridades como Julio Iglesias, con algunas salvedades.

EMBAJADA DE ESPAÑA

Sin embargo, hay organizaciones españolas que no proporcionan a sus mandos intermedios la posibilidad de un carro blindado y un chofer. En esta lista no solo se encuentran pequeñas o medianas empresas internacionalizadas con pocos recursos, sino también la propia embajada de España, donde únicamente el embajador, Antonio Pérez-Hernández, y la cónsul general, María Celsa Nuño García, cuentan con este tipo de protección, según fuentes próximas a la legación citadas por El Confidencial.

Las mismas fuentes aseguraron que, en estas circunstancias, figuras como el agregado de Defensa, el consejero Económico y Comercial o el consejero de Interior tienen que utilizar “taxis de confianza por falta de presupuesto”. Y eso a pesar de que en la web del Ministerio de Asuntos Exteriores se señala Caracas, que es donde está enclavada la embajada, como uno de los lugares más peligrosos de “uno de los países con mayor tasa de criminalidad del mundo” y “donde las condiciones de seguridad se degradan progresivamente”. De hecho, el ministerio y la embajada recomiendan no atravesar bajo ningún concepto áreas enteras de la capital venezolana.

MEDIDAS Y MÁS MEDIDAS DE SEGURIDAD

A todos los ejecutivos españoles les aterrorizan por igual las zonas más peligrosas de Venezuela y Caracas -demarcaciones donde abundan los paramilitares que se enfrentan a la policía con fusiles de asalto, y a veces también con granadas- y les preocupan algunos trayectos en carro por lugares más “pacíficos”, que son la mayoría, donde abundan los delincuentes comunes que van en moto y usan armas cortas.

Si la reunión de negocios es fuera de sus oficinas, los máximos directivos de las multinacionales españolas prefieren citarse en salones y restaurantes de hoteles de alta gama con elevadas medidas de seguridad que dispongan, además, de sus propios cuerpos de vigilancia y prevención de atracos y secuestros. Sus efectivos se suman a los que aportan empresas de guardaespaldas como PBG Servicios Ejecutivos, y crean así un sistema de anillos casi infranqueable.

Estos mismos hoteles, entre los que destacan en Caracas los Hesperia, Meliá, Intercontinental Tamanaco y Eurobuilding, cuentan con múltiples salidas y accesos no solo porque es más cómodo para sus muchos clientes, sino también porque puede que algunos de ellos necesiten huir sin que los acorralen fácilmente los secuestradores.

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