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La vacunación de los menores no puede ser una decisión arbitraria de sus padres

Si todos tomaran esa injustificable decisión, volveríamos a vivir entre epidemias medievales.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Editorial El Mundo). El niño de seis años de Olot aquejado de difteria permanece desde el sábado en la UCI del Hospital Vall d’Hebron de Barcelona en estado muy grave. Su caso ha generado alarma y un lógico debate social porque es el primer diagnosticado de esta enfermedad en España desde hace 28 años y se hubiera evitado de no ser porque sus padres decidieron no vacunarle.

En nuestro país, cumplir el calendario de vacunaciones recomendado por las autoridades sanitarias no es obligatorio. Es una decisión optativa de los padres, aunque el 99% completa todo el cuadro de inmunización fijado. Pero casos como el de Olot demuestran que dejar a la arbitrariedad de cada progenitor una decisión así comporta un grave riesgo que atenta contra la protección sanitaria colectiva. Por ello, parece imprescindible acometer un cambio legislativo para imponer la obligatoriedad de la vacunación a menores de edad, tal como ayer reclamaron organismos médicos y expertos microbiológicos, o instituciones como la Generalitat catalana.

El propio ministro de Sanidad, Alfonso Alonso, ha advertido de que en algunos sectores «empieza a haber un discurso peligroso e irresponsable» contra la vacunación, que no se apoya en ninguna evidencia científica. En Europa estas prácticas de insumisión ante las recomendaciones médicas están muy influidas por corrientes de Estados Unidos donde en las últimas décadas han surgido grupos contrarios a la vacunación, apoyados casi siempre en la mera superchería o incluso en falsos mitos extendidos como el de que la inyección trivalente -contra el sarampión, la rubéola y la parotiditis- comporta un mayor riesgo de autismo.

La realidad es bien distinta. Gracias a las campañas de vacunación masiva, hoy en el mundo están erradicadas o en vías de lograrse enfermedades como la viruela o la polio. Y la infección del sarampión se ha reducido a tasas tan bajas como la de menos de un caso por cada 100.000 habitantes. Se trata, por tanto, de un innegable éxito científico que ha contribuido a un extraordinario avance social. Incluso en el llamado Tercer Mundo, las campañas de inmunización evitan entre dos y tres millones de muertes al año. Y ello a pesar de que en muchos lugares, desde Pakistán o Afganistán a amplias zonas de África, el fundamentalismo considera enemigos a los miembros de ONG y colectivos médicos que se juegan la vida intentando salvar la de los demás con sus programas de vacunación.

El hecho de que haya casos excepcionales en los que algunas vacunas tienen efectos adversos en fase de estudio no justifica que ningún padre se crea con el derecho de poner en riesgo y jugar con la vida de sus hijos y no vacunarles. Si todos tomaran esa injustificable decisión, volveríamos a vivir entre epidemias medievales.

Categoría: Opinión