La vida del “Monstruo del Guaire” tras las rejas

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(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium)
La noticia de que un hombre había lanzado a los dos hijos de su expareja al Guaire estremeció a toda Venezuela. Meses después, Alexander Ramírez, mejor conocido como “El Monstruo del Guaire”, vive en uno de los calabozos de Polichacao a donde tuvo acceso Clímax para conocer como vive el responsable de este horrible crimen.

Según la publicación, el hombre pasa horas leyendo: “Alexander Ramírez pasa horas sentado en un rincón hojeando el libro El caballero de la armadura oxidada. Aunque permanece callado y sumergido en la lectura, él no es un preso común, su hoja de vida está teñida por un delito abominable que lo mantiene tras los barrotes. Bien aislado”, comentan.

Solo tiene tres mudas de ropa, pero siempre anda de punta en blanco, no dice groserías, no se queja y pide permiso. Solo en dos oportunidades habló sobre su delito: por “desamor” atentó contra lo que más quería su expareja, sus hijos. Él había terminado la relación, pero seguían en contacto y visitaba a los niños de su exnovia de 6 y 10 años en Catia La Mar.

El 20 de septiembre de 2016, él los fue a buscar para pasear en Parque del Este, luego los llevó a comer helado y cuando caminaban cerca de Las Mercedes lanzó al más pequeño al río, luego levantó al mayor que le pedía que no lo tirara pero, dominada por la rabia, lo lanzó al agua. El más pequeño nunca apareció, se presume que quedó sepultado entre los sedimentos. El más grande logró sostenerse de la rama y fue rescatado por un hombre que lo vio cuando iba en un autobús. El niño ahora no duerme bien, tiene pesadillas y crisis de llanto.

Ramírez, luego de lanzarlo, quedó en shock y fue acorralado y golpeado por transeúntes. Una comisión de Polichacao lo salvó de que lo lincharan y lo llevaron a una de las jaulas habilitadas en la sede policial.

A su llegada, los demás presos protestaron: “decían a todo pulmón: “pásamelo pa’ acá, que yo hago justicia”, “sabes que si te descuidas no vas a salir vivo”, “te vamos a picar”. Aunque los calabozos policiales son espacios de albergue transitorio, se manejan los mismos códigos que en los centros penitenciarios. Los reos no perdonan que otros de su misma calaña agredan o violen a un niño, los pequeños son sagrados y el que atente contra ellos es sentenciado con la pena capital”, dice el medio web.

Ramírez ahora espera su traslado, mientras tanto no habla con los otros presos, quienes tampoco comparten su comida con él. Se alimenta de lo que los custodios consiguen llevarle y en retribución el hombre colabora, de forma disciplinada, con la limpieza del espacio.

La madre de los pequeños solo lo visitó una vez, a pocos días después del crimen, le dejó arroz y carne molida, nunca más regreso. La madre del asesino no lo perdonada, dice que su hijo murió el día que lanzó a los dos pequeños al Guaire.

Solo lo visita su abuela, que vive en el interior del país y que con sus pocos recursos intenta viajar una vez al mes para llevarla ropa limpia y lo que consigue de comida, dice que a pesar de ser un criminal sigue siendo su nieto.

“El Monstruo del Guaire” sabe que su delito se paga en la cárcel con sangre, que cuando llegue a la cárcel de El Dorado probablemente sea asesinado: “Yo estoy claro de que me voy a morir. Voy a pagar mi crimen con sangre”.

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Categoría: Venezuela