Las horríficas historias de las mujeres que escaparon al EI

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Sumarium).- Más de 5.000 mujeres Yazidi fueron capturadas y esclavizadas por las fuerzas terroristas del Estado Islámico cuando atacaron la ciudad de Sinjar, ubicada al note de Irak en agosto de 2014.

Según reseñó Daily Mail las mujeres, algunas a penas adolescentes, fueron forzadas a observar a los militantes del grupo yihadista asesinando a sus familias antes de ser vendidas como esclavas sexuales.

Mientras que muchas siguen atrapadas en las infames filas del grupo terrorista, algunas han logrado escapar para relatar horríficas historias de abuso, violación, esclavitud y torturas brutales.

In algunos casos, las jóvenes regresan a sus hogares cargando a los hijos no nacidos de sus captores.

La fotógrafa iraquí, Seivan Salim, siguió la pista de algunas de las mujeres que lograron escapar y se ha dedicado capturar imágenes de ellas utilizando el tradicional vestido de bodas Yazidi, un símbolo de pureza.

MUJERES ESCLAVAS

Perla, 21 años. Oriunda de Kojo, Sinjar. Capturada el 15 de agosto de 2014. Estuvo sometida por 10 meses. Crédito: Daily Mail

“Cuando el ISIS vino todos huyeron hacia la montaña, pero los militantes los capturaron en el camino y les dijeron que se quedaran en la villa, donde estarían a salvo. Dijeron que seríamos liberados. Mintieron. Nos llevaron a Siria en autobús y yo estaba con cerca de 400 otras mujeres.

El hombre que me escogió era muy soberbio, él me golpeó y amenazó con matarme. Me dijo que me ayudaría a reunirme con mis padres, quienes seguramente estaban muertos. Le dije que si él sabía con seguridad que estaban muertos, que me matara también entonces. Nos llevó hasta un granja donde difícilmente comimos algo durante ocho días. Registraron nuestros nombres y luego nos vendieron otra vez. En cada oportunidad tomaban entre cuatro o cinco mujeres y las vendían. Luego regresaban y tomaban más de nosotras.

Una persona me compró y me trajo hasta Raqqa. Me llevó hasta una prisión subterránea. Estuve allí junto a otras chicas por doce días. Al cabo de un tiempo ellos vinieron y golpearon a mis amigas porque no se convirtieron al islam. Un día regresaron a venderme por tercera vez. Habían cinco hombres, entre los cuales se encontraba un francés. El me preguntó si sabía cocinar y si hablaba árabe y le dije que no sabía.

Él me dijo que yo aprendería y me llevó con él. Pero solamente me compró para venderme otra vez, en esta oportunidad, a un anciano de Arabia Saudita quien vivió con un jordano. Me quedé en su casa donde me trajeron un poco de comida. Luego me dejaron en un cuarto en la planta baja sin trancar la cerradura. Me vestí y huí”.

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