Las últimas horas de ‘Megateo’, el terror de la frontera

Estaba obsesionado por evitar que los operadores de telefonía expandieran sus antenas porque creía que así lo podrían ubicar más fácilmente.

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

Crédito: Noticias Caracol.

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – En un galpón fue abatido uno de los delincuentes colombianos más buscados por ese país. Con la caída de Víctor Ramón Navarro Serrano, alias ‘Megateo’, terminaron 25 años de la carrera delictiva de un hombre que pasó de revolucionario a narcotraficante.

De acuerdo con El Tiempo, un escolta de Navarro Serrano, reclutado por la Policía, señaló que ese sitio era el taller donde se producían artefactos explosivos que ‘Megateo’ había ordenado fabricar para atentar contra la Fuerza Pública y afectar, además, las antenas de celular. Estaba obsesionado por evitar que los operadores de telefonía expandieran sus antenas porque creía que así lo podrían ubicar más fácilmente.

Desde unos 180 metros, los comandos veían cómo ‘Megateo’ y sus escoltas revisaban el lugar. A la distancia, analizaban las características de los hombres, armados de fusiles punto 50 y ametralladoras M60.

Notaron que uno lucía diferente: chaleco de arnés y un sofisticado fusil M4, utilizado por fuerzas especiales para combates cercanos. El fusil tenía una particularidad: no era negro, como los comunes, sino mimetizado. Era el mismo que durante dos años de seguimientos una comisión especial de la Dijín –que además obtenía información de un desmovilizado de las Farc– había identificado como el arma personal de ‘Megateo’.

A eso de las 9:30 de la noche, cuando los comandos se preparaban para cumplir la misión –habían permanecido 48 días infiltrados en el Catatumbo–, los hombres de ‘Megateo’ notaron que eran vigilados.

Los comandos especiales, que llegaron al lugar gracias a su infiltración en zona rural del corregimiento San José del Tarra, en Hacarí, se enfrentaron a tiros con los hombres de ‘Megateo’ hasta que se produjo una explosión que acabó con la edificación donde aquel y sus cómplices trataban de hacer frente al ataque.

Casi al tiempo, la Fuerza Aérea Colombiana realizó bombardeos en puntos estratégicos en los que el ELP tenía su retaguardia, armada con tatucos con los que pretendía afectar las aeronaves del Ejército, que también participó en la operación.

Reseña el diario Semana que tras la caída de este pez gordo del narcotráfico, fueron incautados dos fusiles, una pistola, granadas y munición, agendas, dispositivos electrónicos y memorias usb en las que se espera desentrañar toda su red de apoyo.

INFILTRADOS

Un antiguo escolta de ‘Megateo’ y un amigo regresaron al Catatumbo para pedirle al narco una nueva oportunidad en la red mafiosa. Seis meses atrás habían sido reclutados por la Policía en medio de una estrategia pensada por un grupo élite de la Dijín para dar con el capo. Fueron meses de una paciente infiltración en la que las dos fuentes reclutadas primero recuperaron la confianza de los otros hombres de seguridad de ‘Megateo’ y luego la del mismo capo.

Obtuvieron fotos, dispositivos y toda una serie de material que le permitió a la Policía diseñar varias operaciones. Logró huir de nueve, unas veces por suerte y otras por posible fuga de información.

En la última semana, las fuentes reclutadas dijeron que en las noches ‘Megateo’ solía ir a un taller de fabricación de explosivos en el corregimiento de San José del Tarra. El trabajo de observación de los comandos del Grate de la Dijín permitió establecer que en el lugar había una improvisada casa, en la que nadie vivía. El jueves en la noche, cuando los comandos se acercaban, notaron el ingreso de hombres armados, entre los que estaba ‘Megateo’.

Fueron los últimos minutos del narco por cuya cabeza Colombia ofrecía 2.000 millones de pesos, y EE. UU. 5 millones de dólares. El enfrentamiento y la explosión del lugar acabó con el mito del capo que se paseó por el Catatumbo como si fuera su casa. Cinco de sus hombres también murieron.

CONTROLADOR Y NO AMIGO

Contrario a lo que se piensa, Navarro Serrano no era un hombre querido en la población. Los habitantes del Catatumbo eran sus víctimas, no sus aliados. Era él quien fijaba los horarios en los que la población podía movilizarse, establecía restricciones a la movilidad, extorsionaba a comerciantes e impedía que los pobladores fueran visitados por familiares o amigos ajenos a esa región.

Según la Policía, había instaurado un régimen del terror en la zona, pues era el miedo que causaba en los pobladores y no su solidaridad lo que le permitía manejar libremente el cultivo y producción de coca en esa zona de Norte de Santander.

Tras reducirse el cerco sobre él en las últimas semanas, empezó a padecer un delirio de persecución, al punto de impedir el ingreso de cualquier foráneo a le región. Trascendió que adelantó un censo tras el cual expulsó a quienes no eran oriundos del lugar y restringió el tránsito de vehículos en horas de la noche.

CÓMO EJERCÍA EL PODER

El poder narcotraficante que Víctor Ramón Navarro, de 39 años, consolidó mediante alianzas con las Farc, el Eln y las bandas criminales, y por los asesinatos de policías, militares y agentes del antiguo DAS, lo convirtió en el objetivo número uno de la Fuerza Pública, por encima del también capo ‘Otoniel’, jefe del ‘clan Úsuga’.

El general Rodolfo Palomino, director de la Policía, dice que para él y su institución la cacería de ‘Megateo’ era una cuestión de honor.

Según El Tiempo, en la lista de crímenes aparece el asalto a una comisión del DAS y del Ejército que en abril del 2006 fue asesinada por el Epl cuando iba camino a una operación contra ‘Megateo’. No fue cuestión de oportunidad. La justicia comprobó que el capo pagó al detective del DAS Carlos Alberto Suárez Reyes por la información.

Así como Suárez Reyes –condenado a 40 años de cárcel– hacía parte de su nómina, ‘Megateo’ acostumbraba pagar millones por información de movimiento de tropas en Cúcuta, Ocaña, Aguachica y todo municipio cercano al Catatumbo en el que creía que la Fuerza Pública lanzaría operaciones para capturarlo.

SUS OBSESIONES

Usaba hasta cuatro anillos, con diamantes y cadenas. También, que era adicto al licor y a las mujeres, especialmente niñas de entre 12 y 15 años. Como si se trataran de mercancía, pagaba 20 millones de pesos a campesinos por la virginidad de sus hijas.

Consiguió crear una gran red de informantes, sumada a la de algunos funcionarios públicos, que reportaban no solo cada paso de la Fuerza Pública, sino la llegada de extraños a la región.

Alardeaba de que podía tener a la mujer que quisiera, y a las que entraban en su red les pagaba cirugías estéticas, y el narco les tatuaba su rostro en las piernas.

Categoría: América Latina | Claves: Colombia Narcotráfico