Los bachaqueros, a los ojos de unos periodistas españoles

“Ya no hay un supermercado en Venezuela que no esté repleto de los llamados 'bachaqueros'".

Los bachaqueros, a los ojos de unos periodistas españolesCrédito: Reuters/ Carlos Garcia Rawlins
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(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium).- Los “bachaqueros”, término que hace referencia al modus operandi de los bachacos, insectos que pueden acabar con un cultivo entero solo en una noche. En Venezuela se utiliza para señalar a quienes compran productos regulados y que son muy difíciles de conseguir, y luego los revenden a elevados costos.

Y es que la problemática para conseguir productos de todo tipo se ha convertido en una verdadera odisea en la nación. Tal es el caso de Raiza Villa, madre soltera, desempleada a pesar de ser periodista, residente del barrio Colinas de Unare, Puerto Ordaz.

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Junto a una vecinas madruga para ser la primera en la cola de un supermercado para comprar pañales -uno de los más escaseados- para sus dos hijos. La venezolana confiesa que su temple es su mejor arma para defenderse del caos que se forman en las kilométricas filas.

“Se me salieron las lágrimas”, dice Raiza al recordar a un hombre que fue golpeado en una de las colas. “Ellos (bachaqueros) no respetan el orden de llegada, ni las listas de espera que se establecen para la compra”, agregó.

“ECONOMÍA PARALELA”

“Ya no hay un supermercado en Venezuela que no esté repleto de los llamados ‘bachaqueros’. Ellos han creado una economía paralela. Muchos son profesionales o trabajadores que no logran llegar a fin de mes con una inflación del casi 100 %, y deciden hacer negocio en base a la necesidad que tienen las familias para comprar productos tan básicos como la leche o el papel de váter”, explica la economista social Olga Merentes.

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Un ejemplo de esto es Gabriel, un contador de 30 años, padre de familia. Fueron muchas las empresas donde presentó currículo durante ocho meses, hasta que al fin una lo llamó para ofrecerle un sueldo mínimo (poco más de 12 dólares del salario mínimo venezolano tomando el precio del paralelo como referente).

El salario le permitía al contador cubrir una semana de gastos, por eso no lo pensó tanto cuando un cuñado le ofreció ingresar al mundo de la reventa de alimentos y un bono mayor a lo que él se ganaba en un mes.

Al negocio se le unió su compañera, y así armaron su propia rutina los siete días de la semana: a las tres de la mañana empiezan haciendo una cola en un supermercado, y luego por otros tres más hasta tener el carro de productos.

La inversión es más de tiempo que de dinero. Pero uno sale ganando su buen dinerito. Cada día invertimos un promedio de 3 mil bolívares y luego podemos llegar a ganar hasta 9 mil”, reseña La Vanguardia.

LA “NECESIDAD”

Yanireth Vega, colombiana, exbachaquera hasta que casi va a la cárcel.

“Lo hice por necesidad”, dijo, ahora dedicada a la pequeña venta de helados y como ayudante de cocina.

“Mucha gente no tiene tiempo para eso y prefieren pagar más pero tener el producto. El precio variaba, dependiendo del esfuerzo hecho para adquirirlo. Lo que ellos -las personas que compran- no ven, es que allí se pasa hambre, sed, llevamos sol y lluvia. El que no bachaquea es porque no quiere, todo el mundo anda en eso”, expuso.

La colombiana se llevó su susto cuando haciendo su cola como de costumbre, pero sin su identificación, el personal de Inmigración la retuvo preventivamente. La llevaron a una comisaría cercana. La interrogaron. Después de seis horas, la dejaron ir, no sin antes entregarle una boleta de presentación, que la obliga a acudir cada 21 días ante la justicia venezolana.

El miedo a ser aprehendida nuevamente la retiró de este oficio.

La Ley Orgánica de Precios Justos prohíbe la comercialización de productos de primera necesidad mediante el comercio informal y contempla sanciones que van desde multas millonarias hasta años de prisión.