“Los errores del chavismo han sido infantiles”, asegura Poleo

Publicada por: el redaccionsumarium@gmail.com @sumariumcom

(Caracas, Venezuela. Redacción Sumarium) – El periodista Rafael Poleo en su artículo “El Péndulo”, publicada en la revista Zeta, señaló que en los próximos día se verá crecer una contracorriente democrática y libertaria “generada en El Manifiesto de los Cinco, llegada a tiempo para imponer justicia en las elecciones parlamentarias“.

Asimismo, sostuvo que celebra la determinación que los factores civilizados de Occidente “muestran en el sentido de restablecer un régimen de tolerancia a las ideas y respeto al ser humano en toda América Latina“.

“Desde el primer momento tuvimos la certeza de que el problema venezolano no se resolvería sino dentro de un contexto euro-americano“, agregó el comunicador.

Manifestó, además, que “la torpeza del régimen involucionario ha sido la mejor aliada de la justa causa, cumpliendo aquello de que a los gobiernos nadie los tumba, sino que se caen”.

Los errores del chavismo han sido errores infantiles. Disparates como el sometimiento a la bellaca gerontocracia cubana y la complicidad con el terrorismo islámico prueban que el chavismo jamás tuvo idea de lo que es un posicionamiento estratégico”, precisó.

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PÉNDULO

Ni fraude ni golpe

Entusiasmados por lo que eso significa para nosotros, los venezolanos que atendemos a lo determinante del actual proceso político le concedemos especial importancia al escrito en el cual, esta misma semana, cinco figuras consagradas de la política mundial convocan a defender el “patrimonio cívico común” de la humanidad, amenazado en Venezuela por el bárbaro régimen de Nicolás Maduro. Todo indica que estos cinco próceres de nuestro tiempo encabezarán una movilización para impedir que la barbarie se instaure en un país cuya importancia estratégica no ha disminuido ni siquiera en esta larga noche de odio y destrucción. Eso sería suficiente para convertir en documento histórico lo que ya podemos llamar El Manifiesto de los Cinco. Pero hay más. Rajoy, Cameron, Jagland, Lagos y González -derecha, centro e izquierda del campo democrático-, a propósito del insólito caso venezolano convocan a unas acciones concretas para defender los valores de libertad y democracia golpeados por la ola neo-nazi que con disfraz de socialismo ha barrido Sur América. Bajo una denominación socialista que la propia Internacional Socialista ha condenado, este movimiento que el chavismo representa en Venezuela combina el voluntarismo inhumano del nazi-fascismo que rechaza la compasión y la solidaridad esenciales en la cultura cristiana, el odio a la cultura occidental que comparte con su afín el fundamentalismo islámico, residuos del arcaico militarismo latinoamericano y una ética de atracadores que por el simple hecho de estar armados se consideran con derecho a humillar a los ciudadanos reduciéndoles a la condición de rehenes.

En los próximos días veremos crecer esta contracorriente democrática y libertaria generada en El Manifiesto de los Cinco, llegada a tiempo para imponer justicia en las elecciones parlamentarias venezolanas del próximo domingo. Para quienes, por cierto sin chistar, quejarnos ni blasonar de ello, llevamos más de veinte años concentrados en enfrentar esta aberración sociopática que hoy lidera el señor Maduro, la noticia no puede ser más confortante. Pero, en un segundo análisis, lo que más celebramos es la determinación que los factores civilizados de Occidente muestran en el sentido de restablecer un régimen de tolerancia a las ideas y respeto al ser humano en toda América Latina. Lo bueno, concluyo, de este movimiento es que es plural y no ideológico, y sobre todo es más ético que político.

La primera gran batalla se librará en Venezuela tan temprano como el próximo domingo. Hace un par de años el resultado de ese combate a muchos podía parecerle incierto, no así a quienes percibíamos los hilos de una fina estrategia. La involución chavista había entrado por su propio impulso y con su propia torpeza en las arenas movedizas donde sus capacidades no podían desarrollarse. Su estrategia se basaba en la abundancia de dinero para sobornar a los gobernantes de repúblicas inviables, a los generales y a la plebe. Pero la corrupción y el despilfarro, producto de la esencial inmoralidad del proyecto y la ignorancia administrativa de los capos involucionarios, había agotado los enormes recursos de que el régimen disfrutó, los mayores que podía soñar un país latinoamericano. El resto lo hizo la puesta en marcha de nuevas tecnologías que facilitaron la producción de petróleos. Rápidamente el régimen se quedó sin dinero y, como suele suceder, sin amigos.

Desde el primer momento tuvimos la certeza de que el problema venezolano no se resolvería sino dentro de un contexto euro-americano. “La sociedad venezolana no está en capacidad de enfrentar sin ayuda externa este atraco fascista”, fue la manera como lo dije a principios de este siglo en una reunión privada de expresidentes suramericanos realizada en Buenos Aires. Esa ayuda externa tardó en llegar por razones cuyo comentario prefiero diferir. Pero la torpeza del régimen involucionario ha sido la mejor aliada de la justa causa, cumpliendo aquello de que a los gobiernos nadie los tumba, sino que se caen. Los errores del chavismo han sido errores infantiles. Disparates como el sometimiento a la bellaca gerontocracia cubana y la complicidad con el terrorismo islámico prueban que el chavismo jamás tuvo idea de lo que es un posicionamiento estratégico.

Para el momento de escribir esta nota los números son a tal punto adversos al régimen que una de sus más eficaces servidoras, la presidenta del Consejo Nacional Electoral, ha tenido que extremar la lealtad prohibiendo la mención pública de encuestas. Pero todo el mundo – y mundo en este caso quiere decir la humanidad-, sabe que la Oposición tiene votos para obtener las bancas que le darían la mayoría determinante de la Asamblea Nacional. Las trapisondas que se pondrán en juego como añadidura a un descarado ventajismo tendrán algún efecto, pero la brutalidad conque el Presidente de la República ha pregonado su in tención de alzarse contra la Constitución en caso de que pierda unas elecciones que ha hecho suyas, han provocado la movilización de la humanidad civilizada, la cual estará en Venezuela el 6 de diciembre dispuesta a darle a la sociedad venezolana el respaldo que por razones difíciles de confesar se le había venido negando.

A la hora decisiva, el único obstáculo real a una contabilidad honrada en las elecciones del 6D es el puñado de militares empantanados en el narcotráfico. Salvo estos delincuentes que usan al Estado venezolano para escapar de la Ley, las Fuerzas Armadas en su conjunto tienen diferencias irreconciliables con el régimen fascio-comunista. Están conscientes de que en estos diecisiete años el país se ha debilitado al punto de que no ha podido resistir el empuje de la minúscula Guyana en el doloroso -por no decir vergonzoso- tema del Esequibo. Por motivos políticos se las ha desprofesionalizado. Su armamento y capacitación es hoy notablemente inferior de lo que era hace quince años, al punto de que no sería capaz de enfrentar con mediana eficacia las hipótesis que se le plantean. Entre ellas y la sociedad a la cual sirven se ha abierto un abismo tan notorio que en el diario vivir los oficiales deben soportar reproches hasta de sus familias. El estigma de media docena de generales enredados en el narcotráfico pesa sobre el colectivo militar como una carga bochornosa. La tensión en que viven los oficiales se ha vuelto insoportable y provoca amargas reflexiones que desbordan el recinto castrense.

La presión internacional -de la cual forma parte la investigación a generales presuntamente resteados con el régimen- se refleja en las declaraciones del ministro, general Vladimir Padrino, quien en la semana crítica que transcurre ha hecho lo que suena a pública promesa de buen comportamiento: ni fraude como quisieran los capos del esperpento ni golpe como pretenden los aventureros cuya principal ocupación es insultar a los promotores de una salida constitucional.

Nadie puede garantizar que la situación no se le irá de las manos a quienes la manejan de uno y otro lado. Si Maduro entra en pánico y emprende una fuga hacia adelante, los militares podrían verse ante la posibilidad de lavar sus uniformes asumiendo la responsabilidad de una transición adelantada. El consejo, bellaco pero acertado, de Raúl Castro, necesitado en una salida pacífica que le brinde impunidad a las familias de los ancianos jerarcas cubanos, pudiera verse enfrentado con el interés militar de administrar la parte venezolana del cambio inevitable en Cubazuela. Por supuesto, el primer sacrificado sería el perdedor de las elecciones, Nicolás Maduro, un presidente prendido con alfileres.

Hemos de suponer que la resuelta presencia de Estados Unidos y Europa, en especial de la segunda, atemperará los bríos de quienes quieran pescar en río revuelto. Como lo dice el Manifiesto de los Cinco, que para el domingo será de muchos más, Venezuela ha dado mucho a Europa y a sus hermanos americanos, quienes por fin se muestran dispuestos a socorrerla en la desgracia.